Más de 150 motoristas se dieron cita este sábado en Navalagamella en la IV Peregrinación Motera organizada por la parroquia local, en un encuentro que combinó espiritualidad, convivencia y concienciación sobre la seguridad en carretera.
El acto, impulsado por el Arzobispado de Madrid, estuvo presidido por el obispo auxiliar Vicente Martín, quien lanzó un mensaje claro a los asistentes: “la vida no es solo velocidad, sino amor al prójimo”.
Un mensaje de fe y prudencia en la carretera
Durante la celebración religiosa, el obispo destacó la importancia de aplicar los valores cristianos también en la conducción. En su homilía, subrayó que “creer es dejar al resucitado que maneje la vida cuando la carretera se ponga difícil”, en una metáfora que conectó la experiencia motera con el camino vital.
Martín también recordó a las víctimas de accidentes de tráfico y apeló a la responsabilidad de los conductores, insistiendo en que la vida debe vivirse con equilibrio, atención y compromiso, igual que al conducir una motocicleta.
Una peregrinación que une comunidad y motoristas
El evento, celebrado en la parroquia de Nuestra Señora de la Estrella, se ha consolidado como una “fiesta de la comunidad”, en palabras del obispo, que destacó la capacidad de la Iglesia para acoger a colectivos diversos como el de los motoristas.
La iniciativa cuenta con el respaldo de la Pastoral de la Carretera de la Conferencia Episcopal y busca acercar la vida parroquial a quienes recorren habitualmente las carreteras de la zona, muy frecuentadas por aficionados a las dos ruedas.
Reconocimientos y actos simbólicos
Durante la jornada se hizo entrega de la ‘Estrella de honor’, un distintivo que reconoce valores solidarios dentro del mundo del motor. En esta edición, el galardón recayó en voluntarios de Protección Civil, por su labor altruista.
Además, el obispo procedió a la tradicional bendición de motocicletas y motoristas, así como de la imagen del ‘peregrino motero’, instalada en el entorno parroquial como símbolo de acogida a quienes transitan por la zona.
Convivencia y cierre festivo
La jornada concluyó con un ambiente de fraternidad entre los asistentes, que compartieron una comida organizada por el consejo parroquial. Este encuentro refuerza el carácter social de la peregrinación, que va más allá del acto religioso para convertirse en un espacio de convivencia.
Con esta iniciativa, el Arzobispado de Madrid consolida una propuesta que une fe, seguridad vial y comunidad, transmitiendo un mensaje claro: la carretera también puede ser un espacio para reflexionar sobre la vida y sus valores.