“Las excarcelaciones masivas son una ficción: mi tía lleva casi dos años en El Helicoide sin haber hablado con su defensa”

María Laura Márquez, abogada de derechos humanos y familiar de una presa política, relata desde el exilio la realidad de los presos políticos en Venezuela, la represión judicial y la urgencia humanitaria que sigue sin respuesta.

María Laura Márquez con su tía Dignora Hernández, presa política del régimen venezolano
photo_camera María Laura Márquez con su tía Dignora Hernández, presa política del régimen venezolano

A plena luz del día, en una avenida de Caracas, Dignora Hernández fue introducida por la fuerza en una camioneta policial mientras pedía auxilio. Han pasado más de setecientos días. Su sobrina, María Laura Márquez, abogada venezolana especializada en derechos humanos y hoy exiliada en España, reconstruye en esta entrevista una historia que no es excepcional, sino estructural: la de cientos de presos políticos recluidos en centros como El Helicoide, en un país donde la represión, la opacidad judicial y la censura siguen marcando el pulso de la vida pública.

“Soy abogada de derechos humanos, pero también familiar directa de una presa política”

María Laura, ¿cuál es su vínculo personal con la situación de los presos políticos en Venezuela?

Soy abogada y trabajo en el ámbito de los derechos humanos, pero además soy familiar directa de una presa política venezolana. Mi tía, Dignora Hernández, se encuentra recluida en El Helicoide desde hace más de setecientos días. Mañana se cumplen exactamente un año y diez meses desde su detención injusta, que ocurrió el 20 de marzo de 2024.

¿En qué contexto se produce su arresto?

Se produce en un momento de máxima tensión política, durante el período preelectoral previo a las elecciones del 28 de julio en Venezuela. Unas elecciones cuyo ganador fue Edmundo González y cuyos resultados fueron desconocidos por el régimen mediante un fraude electoral.

Mi tía fue diputada de la Asamblea Nacional legítima electa en 2015, la última en la que la oposición obtuvo mayoría. Esa Asamblea fue desplazada posteriormente por una Asamblea Constituyente impuesta con bases ilegítimas, lo que supuso un quiebre del hilo constitucional. A partir de ahí se empezaron a “legalizar” muchas actuaciones del Ejecutivo orientadas a perpetuarse en el poder y a neutralizar a la disidencia política.

Además, Dignora es secretaria política del partido Vente Venezuela, liderado por María Corina Machado. Eso la colocó directamente en el foco del régimen. En aquel momento, las fuerzas represivas comenzaron a neutralizar a los liderazgos políticos con mayor visibilidad, y ella fue una de las afectadas.

“Fue detenida al mediodía, en plena calle, y nadie pudo ayudarla”

¿Cómo se desarrolló la detención?

Fue detenida alrededor del mediodía, a plena luz del día, en la avenida Sucre de la urbanización Los Dos Caminos, en Caracas. Un transeúnte que pasaba por allí logró grabar el momento en el que se la llevan por la fuerza en una camioneta. En el video se ve claramente la violencia con la que la introducen en el vehículo. Ella grita, pide auxilio, pero nadie puede intervenir porque los cuerpos policiales estaban amenazando a quienes se encontraban alrededor.

Después de eso, pasaron semanas sin que supiéramos nada de ella. Dignora vivía conmigo y con mi madre. No tiene hijos, así que su núcleo más cercano somos nosotras. Durante días estuvo bajo la figura de desaparición forzosa: no sabíamos dónde estaba ni en qué centro de reclusión se encontraba.

¿Cuándo tuvieron confirmación oficial de su situación?

—Ese mismo día, aproximadamente una hora después de la detención, el fiscal general apareció en televisión abierta diciendo que Dignora estaba detenida por conspiración, asociación para delinquir y legitimación de capitales. Son cargos absolutamente falsos, utilizados de forma sistemática para criminalizar a la disidencia política. Fue un acto político, no judicial.

Tiempo después logramos confirmar que se encontraba recluida en El Helicoide.

“El Helicoide se ha consolidado como un centro de tortura”

¿Qué representa El Helicoide dentro del sistema represivo venezolano?

El Helicoide es hoy la cárcel más grande de Venezuela y de América Latina. Desde aproximadamente 2014 o 2015, tras las protestas estudiantiles, se ha consolidado como un centro de tortura. Allí se concentra actualmente la mayor cantidad de presos políticos del país.

Desde su detención, mi tía no ha tenido ni una sola conversación con su defensa privada. Se le impuso un defensor público por parte del Estado que nunca ha actuado en beneficio de su caso. Es una figura puramente formal, que cumple con firmar papeles, pero sin ejercer una defensa real.

En las últimas semanas se han anunciado excarcelaciones. ¿Qué está ocurriendo realmente?

Hace once días, un portavoz del oficialismo anunció supuestas excarcelaciones masivas de presos políticos. En ese momento se contabilizaban aproximadamente 850 presos políticos. Hasta ahora, según las organizaciones de derechos humanos, solo se han excarcelado 143 personas.

Eso no puede calificarse de masivo. Además, no son liberaciones reales. Son excarcelaciones condicionadas: régimen de presentación, prohibición de salida del país y prohibición expresa de hablar con medios de comunicación. En la práctica, siguen siendo presos, solo que fuera de la cárcel, sin posibilidad de ejercer plenamente sus derechos.

“Hay personas que han enfermado y muerto bajo custodia del Estado”

¿Cuál es la situación humanitaria dentro de los centros de reclusión?

Es extremadamente grave. Muchas personas han desarrollado patologías dentro de las cárceles. Venezuela tiene enormes carencias en servicios básicos como agua o electricidad, y los centros penitenciarios no son la excepción. Hay personas que han muerto bajo custodia del Estado porque no se les permitió recibir atención médica adecuada para enfermedades que tenían o que desarrollaron en prisión.

¿Cómo afecta la censura a los familiares de los presos políticos?

Desde el anuncio del 8 de enero hemos vivido días de absoluta desesperación. Existe un bloqueo informativo enorme, lo que da pie a noticias falsas. Algunos periodistas han publicado listas de excarcelaciones que no son reales, en las que incluso ha aparecido el nombre de mi tía. Nosotros no hemos recibido ninguna notificación oficial. Llevamos once días en una zozobra constante, esperando noticias que no llegan.

María Corina con Dignora Hernández
María Corina con Dignora Hernández

“No es ideología: es totalitarismo o libertad”

Usted se encuentra ahora en España. ¿Por qué tomó la decisión de exiliarse?

Me exilié a raíz de lo ocurrido con mi tía y por mi participación en el proceso electoral. Yo formaba parte del equipo y la acompañé durante todo ese proceso. El hostigamiento no se limita a los dirigentes políticos; también alcanza a los familiares.

Hubo casos documentados de familias enteras detenidas durante la llamada operación Tun Tun, ya en el período poselectoral, como una forma de presionar a líderes que estaban en clandestinidad o habían huido. En nuestro caso, como familia, decidimos que yo saliera del país para protegerme y para poder seguir denunciando desde fuera. Hay temas que mi familia en Venezuela no puede tocar por miedo, y me toca asumirlos a mí desde aquí.

¿Cómo valora la reacción internacional ante lo que ocurre en Venezuela?

Hay mucha incoherencia y mucha hipocresía. Se intenta interpretar lo que sucede en Venezuela desde claves ideológicas, cuando los venezolanos no estamos hablando de ideología. Estamos hablando de totalitarismo o libertad. Estamos hablando de poder abrazar a nuestros padres, de ver a nuestros familiares libres.

Somos más de ocho millones de venezolanos fuera del país dando testimonio. Yo estuve en Barcelona y vi manifestaciones supuestamente solidarias con Venezuela en las que no había ni un solo venezolano. Al otro lado de la calle, había venezolanos orando, cantando y celebrando que, por primera vez, se abría una posibilidad de cambio.

“No pueden explicarnos cómo es ser venezolanos”

¿Qué le diría a quienes relativizan lo que ha ocurrido durante estos años?

Yo tengo treinta años y no he conocido otra cosa que este sistema. Muchas cosas que normalizamos en Venezuela siempre estuvieron mal. Las libertades te las van quitando poco a poco, y terminas acostumbrándote a vivir en una hostilidad permanente.

Por eso resulta ofensivo que desde fuera se pretenda explicarnos cómo es ser venezolanos. Lo hemos padecido durante veintisiete años, y lo seguimos sufriendo incluso desde el exilio. Estamos en un momento cumbre y no podemos permitir que la maquinaria chavista siga lavándole la cara al régimen.

¿Ve esperanza en el momento actual?

Es una tensa calma. El problema más urgente, que es el de los presos políticos, no se ha resuelto como se prometió. Pero también creo que no todo es blanco o negro. Hay decisiones que pueden no gustarme o incluso darme miedo, porque mi familia sigue dentro de Venezuela, pero si esas decisiones permiten que mi tía salga libre, que los presos políticos recuperen su libertad y que podamos volver al país con garantías de seguridad, yo las apoyaré.

¿Qué preocupa ahora mismo a las organizaciones de derechos humanos?

El oficialismo maneja cifras infladas. Ellos hablan de más de 400 excarcelaciones, mientras que las organizaciones de derechos humanos contabilizamos 143, con nombres y confirmación directa de los familiares. El régimen no publica listas oficiales, no da detalles y actúa con una opacidad absoluta. Nuestro temor es que estén incluyendo presos comunes para venderlos como presos políticos liberados. Eso es extremadamente grave.