¿Qué ha cambiado realmente en el mercado de la vivienda en Madrid y qué es lo que más le preocupa actualmente?
Creo que Madrid está en la punta de lanza, especialmente en materia normativa. Esperamos que la ley de medidas para agilizar la tramitación urbanística que prepara la Comunidad de Madrid pueda aprobarse este año, porque va a abrir muchas puertas para agilizar la tramitación, sobre todo del suelo.
Eso permitirá una mayor capacidad para hacer viviendas y movilizar suelo. Después existen los problemas de cómo hacer esas viviendas, pero el primer paso es movilizar suelo.
También está trabajando el Ayuntamiento con su plan estratégico, que va concatenado a esa aprobación. Se está haciendo en paralelo y permitirá que cada ayuntamiento pueda contar con un plan estratégico que sustituya en parte al planeamiento general tradicional.
De esta manera, el urbanismo deja de estar tan encorsetado y se consigue mucha mayor agilidad en toda la tramitación urbanística. Y ese es el primer paso para poder hacer vivienda.
¿Qué ocurre una vez que el suelo está disponible?
En los demás temas seguimos un poco igual. Sigue faltando mano de obra y estamos en un momento complicado. La industrialización va entrando, pero a un ritmo bajo, porque lo que se necesitan son grandes empresas.
Ya empiezan a aparecer algunas, sobre todo asociadas a constructoras, que van a permitir avanzar en esa industrialización.
Hay cinco grados de industrialización. Desde diseñar un proyecto BIM en 3D, que más o menos empieza a estar implantado, hasta industrializar una fachada, una estructura o incorporar baños prefabricados. Pero el conjunto de una obra completamente industrializada todavía está un poco lejos.
Siempre se ha industrializado en la construcción. Lo que ocurre es que el paradigma está cambiando: hemos pasado de las viguetas, los ladrillos y otros elementos más pequeños a la capacidad actual de fabricar elementos mucho más grandes.
Estos elementos siempre tienen que colocarse en obra. Ahí estamos los aparejadores, como directores de ejecución o como constructora, para montarlos. No es como un coche que sale de fábrica completamente terminado.
Cuando se habla de industrialización parece que se fabrica una casa, se lleva a un sitio y ya está. No es así. Requiere un trabajo, el mismo que hemos desarrollado durante muchísimos años, pero de una manera diferente.
¿En qué punto está realmente la construcción industrializada en Madrid?
Llevamos ya ocho años con el curso de construcción industrializada en el Colegio y también con un foro importante que celebraremos de nuevo en octubre. Llevamos todo este tiempo intentando estar en la punta de lanza de lo que es la construcción industrializada.
Pero el porcentaje sigue siendo muy bajo. Se pretendía que en 2030 llegáramos a un 10% de construcción industrializada y yo creo que estamos lejos de alcanzarlo.
También existe un problema financiero que los promotores están tratando de solucionar.
¿Qué papel juega la financiación en ese retraso?
Los créditos a promotores, hasta que algo está puesto en obra, no te dan la disposición del préstamo correspondiente a esa certificación.
La construcción industrializada requiere empezar a fabricar unos cinco meses antes y eso es algo que el préstamo promotor actualmente no cubre.
Los bancos quieren garantías para poder aportar esa financiación y necesitan que la industria que está fabricando tenga una solvencia importante. Porque existe otro riesgo: si quiebra una industria que está fabricando, por ejemplo, una fachada, sustituirla puede ser muy complicado y eso podría paralizar la obra.
Creo que ahí es donde hay que actuar para que la industrialización funcione.
¿Se está construyendo al ritmo que necesita Madrid?
Nuestros datos de visado no muestran un crecimiento suficiente en el número de viviendas terminadas. Estamos en una ligera subida, a veces la cifra se queda plana, pero no hay una evolución hacia lo que realmente necesitamos.
Necesitamos hacer muchas más viviendas y terminarlas. A veces el dato de vivienda visada cuando entra es alto, aunque tampoco sea para tirar cohetes, pero los datos de vivienda terminada son los que son.
Ahí sí afecta mucho la falta de mano de obra. Las obras se retrasan, pero hay que hacerlas. Esos datos muestran el salto que existe entre las obras que se visan para iniciarse y las que finalmente se terminan.
Creo que generar suelo lo podremos hacer, pero después hay que movilizar el resto.
¿Está preparado el parque residencial madrileño para los próximos años?
Estamos trabajando en rehabilitación. Tenemos una oficina de la Comunidad de Madrid que termina este año porque estaba vinculada a los fondos Next Generation.
También tenemos el SIREM con el Ayuntamiento, que va a continuar y que tiene una trazabilidad de años. La idea del Ayuntamiento, si no cambia, es invertir cada año más en rehabilitación y en subvenciones para rehabilitar.
El problema se ha visto muy claro con los fondos Next Generation. Hay que poner de acuerdo a una comunidad de propietarios para que haga una rehabilitación. En muchos casos está relacionado con la rehabilitación energética, pero después existen otros planes.
Incluso el Libro del Edificio Existente es un asunto que considero crucial para evaluar cómo está cada edificio. Estaba subvencionado al 100% por los fondos Next Generation y tampoco se han hecho tantos.
¿Por qué? Porque hay que poner de acuerdo a mucha gente. Los administradores lo intentan, pero las comunidades de propietarios son como son.
Y también ha habido problemas una vez concedida una subvención. Al acabar los fondos en junio, algunas obras tenían que estar terminadas y no lo han conseguido. Es un asunto complejo.
Tenemos el parque residencial que tenemos y es antiguo. Se está modernizando en muchos casos, sobre todo mediante sistemas SATE, que energéticamente funcionan. Hay que perfeccionar algunas cosas, pero funcionan y se están viendo en muchos edificios.
El problema es que el SATE requiere mucha mano de obra. En rehabilitación, industrializar o prefabricar es complicado y, aunque el SATE es un sistema más o menos secuenciado, tampoco hay suficiente gente para hacer todo lo que deberíamos.
Ahora mismo no se ve un despunte que permita pensar que vamos a hacer mucha más rehabilitación de la que estamos haciendo, porque tampoco existe capacidad suficiente.
¿Se invierte lo suficiente en mantenimiento preventivo o seguimos actuando cuando aparecen los problemas?
Ese es un problema que tenemos todos. Somos conscientes de que nuestro coche necesita mantenimiento: hay que cambiarle el aceite, llevarlo a revisión y pasar la ITV. Pero en nuestros edificios no ocurre lo mismo.
Cada vez que hay que hacer algo supone una derrama y los vecinos no siempre quieren asumirla. Por eso es mucho más complicado hacerlo si no te obligan.
Cuando hay una ITE negativa que obliga a reparar determinados aspectos del edificio, entonces sí se moviliza la gente y se pone en marcha.
Pero decir por iniciativa propia «tenemos un problema aquí y vamos a solucionarlo» se suele dejar para mañana porque ahora hay que pagar una derrama y cada vecino tiene sus circunstancias.
Los edificios requieren más actuaciones preventivas. La ITE ataca determinados aspectos, pero no el conjunto del edificio.
¿Ocurre algo parecido con la accesibilidad?
Sí. Hay personas que piensan que la accesibilidad es únicamente para alguien con movilidad reducida, pero no es así. Tú te partes una pierna y tienes que subir a tu casa. Si hay escaleras, ya me dirás cómo subes y bajas.
Además, tenemos que pensar que también seremos mayores y que, cuando lleguemos a esa edad, tendremos el mismo problema si nuestro edificio no es accesible.
En el Colegio trabajamos mucho en este ámbito porque promover la accesibilidad es muy importante. Todavía hay muchos edificios que no son accesibles o necesitan actuaciones para conseguirlo.
¿Qué papel debería tener el arquitecto técnico en el debate sobre vivienda?
Tenemos mucho que decir. En cualquier vivienda ha habido un arquitecto técnico porque somos responsables de la ejecución de la obra.
Tenemos mucho que aportar y tratamos de comunicarlo, de estar presentes en la sociedad y de ayudar a que se sepa cómo se tienen que hacer las cosas.
Somos un poco los garantes de cómo se tienen que hacer.
Cada vez es más complicado porque no solo falta mano de obra: la que hay muchas veces no está suficientemente formada. Necesitamos que esté formada porque nuestro trabajo se ha incrementado. Tenemos que estar corrigiendo cosas que se hacen mal durante todo el proceso de la obra para conseguir que el resultado final sea bueno.
Antes había profesionales que conocían perfectamente su oficio y daban pocos problemas. Ahora hay que estar mucho más encima de quién hace las cosas y de cómo las hace.
¿Puede ayudar la industrialización a solucionar ese problema?
Sí. La industrialización ayuda porque pones elementos más grandes en obra y más controlados que colocando ladrillo a ladrillo.
De alguna manera, reduces el margen de error asociado al factor humano. Eso no significa que desaparezca el trabajo en obra, pero sí permite controlar mejor determinados procesos.
¿Qué medidas considera prioritarias para construir vivienda de forma más ágil sin renunciar a la calidad y la seguridad?
A la calidad y a la seguridad no podemos renunciar porque tenemos un Código Técnico de la Edificación muy exigente.
Además, entra nueva normativa derivada de las exigencias europeas. En 2030 tiene que estar plenamente activo todo el marco relacionado con la energía y la descarbonización.
Eso implica mayores exigencias que habrá que implementar y llevar a la obra.
Creo que falta formación. Algunas constructoras han hecho esfuerzos para formar operarios y también lo está haciendo la Fundación Laboral de la Construcción.
Pero tiene el alcance que tiene. Formar a 2.000, 3.000 o 4.000 operarios, además en distintas ramas, tampoco soluciona el problema si las personas que se jubilan son más que las que se están formando.
¿Qué papel debe jugar la incorporación de nuevos profesionales al sector?
Hay que fomentar la formación y también la incorporación de la mujer.
Hace poco estuve en la Fundación Laboral de la Construcción firmando un convenio con una asociación de constructores y me alegró ver que había bastante participación femenina.
¿Por qué no puede haber mujeres electricistas, fontaneras o profesionales de otros oficios? Es una cuestión que debemos superar.
Existe cierto desprestigio social. Decir «soy albañil» o «soy fontanero» parece que no suena bien y creo que es un error, porque son profesiones que ofrecen oportunidades importantes.
Las administraciones y todos los agentes tenemos que fomentar el aprendizaje y conseguir gente competente en todos los ámbitos.
¿Cómo está evolucionando la Arquitectura Técnica y qué perfiles demandan hoy las empresas?
La Arquitectura Técnica es muy transversal y tiene muchísimas salidas. Puedes ser perito, director de ejecución, jefe de obra, acabar dirigiendo una empresa constructora o una inmobiliaria o trabajar como gestor inmobiliario.
Personalmente, creo que pasar por la obra es un primer paso importante. Hay egresados que pretenden pasar directamente de la universidad a ser gerentes de una inmobiliaria y creo que es importante tener previamente un cierto conocimiento de la obra, aunque sean pocos años.
En la universidad ya hay constructoras que tienen cátedras y tratan de captar talento.
Lo que nos ha caracterizado a los aparejadores es que sabemos movernos en un mundo muy cambiante. Hoy estás en la planta cero, mañana en la primera y pasado en la segunda. La obra cambia constantemente y tienes que resolver muchos problemas.
Esa capacidad de resolución de problemas se valora mucho en las empresas. Todos los días aparecen problemas: tienes previsto hacer A, B y C y una hora después todo ha cambiado porque alguien no viene, una licencia no sale o cualquier otra circunstancia modifica el plan.
¿Cuáles serán los grandes retos técnicos de la edificación durante los próximos diez años?
Los retos están bastante enunciados en la normativa europea y en su transposición.
Hay cambios que afectan directamente al proyecto. Por ejemplo, la incorporación de requisitos relacionados con la movilidad ciclista puede modificar la distribución de espacios y reducir el número de plazas de aparcamiento.
También está por determinar qué cantidad de energía tendrá que ser generada mediante sistemas descarbonizados. Dependiendo de los ratios que finalmente se establezcan, puede suponer una inversión importante en paneles fotovoltaicos u otras soluciones energéticas.
También se está trabajando en la posibilidad de disponer de energía limpia cercana para suministrar a las viviendas. En todo esto las administraciones tienen mucho que decir.
¿Hay algún reto que esté pasando más desapercibido?
Ahora mismo existe un problema que cada vez es mayor: no basta con terminar la vivienda, también hay que electrificarla.
En algunos lugares existen verdaderos problemas para disponer de corriente a tiempo. Ha habido promociones que se han terminado y han tardado cinco meses en tener electricidad.
Las administraciones y las compañías energéticas deberían abordar este problema.
Además, existen nuevos grandes consumidores, como los centros de datos, que tienen una demanda energética muy importante y eso también puede generar problemas de capacidad en las redes.
¿Qué mensaje trasladaría a las administraciones sobre el futuro de la vivienda?
Que hagan caso al sector.
Creo que tenemos un sector muy preparado. Antaño estuvo muy demonizado por la especulación y no niego que en el pasado pudieran ocurrir determinadas cosas, pero ahora tenemos un sector muy profesionalizado que sabe lo que hace y nos tienen que escuchar.
Ese es el mensaje: que nos escuchen, que nosotros les transmitamos cuáles son los problemas y que ellos actúen en consecuencia.
Creo que en Madrid sí está ocurriendo. La Comunidad de Madrid está muy encima y nos vemos en muchos actos. Está escuchando a todo el sector.
De ahí salen iniciativas como la futura normativa urbanística, el plan estratégico y otras medidas que pueden aliviar parte del problema.
Y en cuanto a la financiación, creo que hay que seguir trabajando en iniciativas como el Plan Vive y otras medidas que está impulsando la Comunidad de Madrid.
¿Qué balance hace del primer aniversario de Aparejadores Madrid 360?
El balance es positivo. Acaba de nacer, lleva un año, pero pone en relación a alguien que quiere hacer una obra —una casa, rehabilitar una vivienda o cualquier otro trabajo— con técnicos competentes.
Los aparejadores pueden presentar ofertas y nosotros chequeamos quién las presenta y cómo. Después, la persona puede elegir entre esas propuestas.
Creo que es importante contar con un técnico independiente cuando vas a hacer una obra.
Ha surgido mucho, sobre todo en comunidades, que el propio constructor que realiza una actuación te pone al técnico. Ahí puede faltar independencia.
Nosotros tenemos la capacidad de dirigir la obra y conseguir que las cosas se hagan bien para evitar después humedades y otros problemas.
¿Qué os ha sorprendido durante este primer año de Aparejadores Madrid 360?
Siempre aparecen personas que se quieren aprovechar.
Cuando lanzas una petición de oferta para un trabajo determinado, hay profesionales que intentan presentar cualquier cosa con tal de aparecer entre los primeros.
Después chequeamos las propuestas y descartamos las que no cumplen los requisitos. También controlamos cuando vemos que un mismo profesional está ofertando en un número excesivo de trabajos.
El Colegio está ahí para controlar ese tipo de situaciones. Nuestra idea es que quien acude a Madrid 360 quede satisfecho cuando termina la obra.
¿Cómo imagina el Colegio de Aparejadores dentro de diez o veinte años?
Más que el Colegio, hablaría de la profesión. Hay datos de nuestra actividad desde hace más de 400 años, incluso antes de El Escorial, aunque con otro nombre.
Ese es el legado que hemos recibido. ¿Hacia dónde va ahora la profesión? A la inteligencia artificial ya estamos llegando.
Hace poco hemos impartido un curso a través del Consejo de Digitalización y hemos formado en Madrid a unos 150 colegiados.
En nuestro congreso nacional de Arquitectura Técnica también están apareciendo herramientas muy interesantes. Por ejemplo, profesionales de la rehabilitación pueden utilizar un iPad o un iPhone para escanear un espacio, obtener una nube de puntos y convertirla posteriormente en un plano.
Vamos a una velocidad enorme.
Nuestra idea es que la digitalización esté presente y que esas herramientas se aprovechen. La inteligencia artificial también es muy potente si se utiliza bien.
Estamos trabajando ya en una línea relacionada con la IA, tanto desde Madrid como desde la profesión a nivel nacional.
¿Qué legado le gustaría dejar como presidente?
Me gustaría dejar un Colegio moderno, con profesionales muy bien formados y una relación estrecha con la universidad.
Hemos creado un aula en la Universidad Politécnica de Madrid en la que vamos a trabajar tres ámbitos: la dirección de ejecución de la construcción industrializada, la dirección de ejecución de instalaciones y la gestión urbanística.
Es fundamental y estratégico establecer una retroalimentación entre la universidad y la profesión. Vamos tan rápido que los conocimientos sobre industrialización, digitalización o nuevas herramientas tienen que llegar a la universidad a tiempo para que los nuevos egresados salgan con esa formación.
Como ocurre en otras profesiones, primero tienes que aprender a hacer las cosas y después incorporar las nuevas herramientas.
Ya existen robots que replantean en obra. Son herramientas que están ahí y tenemos que aprender a utilizarlas.
Tenemos una parte muy importante en la gestión y creo que tenemos un futuro muy amplio. Siempre hemos sido una profesión transversal y debemos seguir siéndolo, incorporando cualquier innovación que nos ayude.
Manejar las herramientas es fundamental, pero la formación lo es todavía más.
¿En qué consiste la colaboración de los aparejadores con la Comunidad de Madrid tras los incendios?
Nosotros estamos para servir a la sociedad.
Ya ocurrió con Filomena, cuando ofrecimos al Ayuntamiento y a la Comunidad la colaboración de voluntarios para evaluar edificios. En aquel momento evaluamos especialmente escuelas y colegios para que pudieran abrir y funcionó muy bien.
Ahora nos hemos ofrecido a la Comunidad de Madrid para revisar las viviendas afectadas por los incendios.
Tenemos más de 100 voluntarios apuntados y actualmente ya hay ocho personas nuestras en Pelayo de la Presa que se han unido a los técnicos de la Comunidad de Madrid para evaluar el estado de las viviendas.
No es un trabajo sencillo porque hay que analizar vivienda por vivienda. Depende de la carga de fuego que hayan recibido y del tipo de estructura. No es lo mismo una estructura de madera que una de acero o de hormigón.
Hay que evaluar cada caso y determinar en qué circunstancias se encuentra cada edificio. A partir de ahí se podrán tomar los siguientes pasos.
Hicimos el ofrecimiento y la Comunidad de Madrid lo acogió de forma inmediata. Tenemos una buena relación con la Comunidad y creo que es importante ayudar en situaciones como esta.