En un momento en el que la inteligencia artificial, las grandes tecnológicas y la inversión pasiva concentran buena parte del entusiasmo del mercado, Carmen Fernández propone mirar hacia el lado menos ruidoso de la inversión: compañías fuera del radar, buenos negocios a precios razonables y largo plazo. No lo hace desde la promesa de rentabilidades inmediatas, sino desde una idea que repite durante toda la conversación: invertir exige entender los negocios, convicción en la tesis de inversión, no dejarse llevar por las emociones y paciencia.
Responsable de Relación con Inversores en Equam Capital, Fernández ha construido un perfil poco habitual en el sector financiero. Estudió Administración y Dirección de Empresas, completó su formación en Publicidad y Relaciones Públicas y más tarde se especializó en bolsa, mercados financieros y value investing. Esa mezcla explica buena parte de su mirada: para ella, la inversión no consiste solo en seleccionar compañías, también se debe explicar y escuchar al inversor y evitar que las emociones decidan por él.
Vive en León y trabaja en Madrid. Desde esa doble perspectiva, alejada del ruido permanente pero conectada con el centro financiero, analiza con El Diario de Madrid la falta de cultura financiera en España, la diferencia entre invertir y especular, el peligro de comprar lo que está de moda y la importancia de comunicar con transparencia en un sector que, durante demasiado tiempo, no siempre ha sabido hacerse entender.
“Antes de invertir hay que preguntarse para qué”
Se habla mucho de dónde invertir, pero bastante menos de por qué se invierte. ¿Es ahí donde empieza el error de muchos ahorradores?
Sí. Muchas veces no se toma suficientemente en serio cuáles son los objetivos reales del inversor. Antes de hablar de productos, fondos o rentabilidades, hay que saber qué quiere conseguir esa persona, en qué plazo y con qué nivel de riesgo puede convivir.
Con el patrimonio ocurre algo curioso. Si una persona se pone enferma, sabe que tiene que ir al médico y buscar al especialista adecuado. Pero cuando hablamos de su dinero, que al final es una herramienta fundamental para relacionarse con el mundo y cumplir objetivos o preservar su valor en el tiempo, no siempre existe esa misma preocupación.
Antes de preguntarse dónde invertir, un inversor debería preguntarse si está invirtiendo en una estrategia que realmente entiende, que se adapta a sus objetivos y que podrá mantener incluso cuando el mercado se vuelva en su contra.
¿Y el inversor suele llegar con esa reflexión hecha?
Depende. Hay personas que llegan ya con cierta curiosidad, que han leído, que han buscado alternativas o que vienen de una mala experiencia con productos que no han cumplido sus objetivos. Pero por lo general la falta de conocimiento financiero es un mal muy extendido.
En España seguimos teniendo cierta despreocupación o una confianza excesiva en que el dinero está bien en el banco o debajo del colchón. El problema es que aún no se entienden conceptos básicos como la inflación y la pérdida de poder adquisitivo que genera. Sin esta premisa tampoco se entiende el sentido de invertir para proteger ese poder adquisitivo.
“La educación financiera debería empezar mucho antes”
¿España tiene un problema de cultura financiera?
Sí. Creo que estas cuestiones deberían formar parte de la educación desde el colegio o el instituto. Aprender a gestionar el dinero, comprender conceptos como la inflación, los tipos de interés, la rentabilidad o la fiscalidad no debería ser un conocimiento reservado a unos pocos, sino una formación básica para cualquier ciudadano.
Contar con esa cultura financiera marca la diferencia a la hora de tomar decisiones importantes a lo largo de la vida. Sin embargo, seguimos llegando tarde a conversaciones que afectan directamente a nuestro futuro económico y, en muchos casos, aprendemos cuando las consecuencias ya son difíciles de corregir.
¿Esa falta de formación convierte al inversor en alguien más vulnerable?
Claro. Si una persona no entiende bien porqué ha tomado una decisión, es mucho más fácil que tome decisiones erróneas, bien por impulso, por miedo, por seguir la moda…
Antes incluso de explicar qué hacemos nosotros o qué compañías tenemos en cartera, muchas veces es necesario hacer una labor pedagógica. Hay que ayudar al inversor a entender por qué invertir, qué horizonte temporal tiene sentido y qué riesgos pueden surgir durante el camino. Si existe una desalineación entre las expectativas del inversor y el producto en el que invierte, tarde o temprano aparecerá la frustración.
“Durante mucho tiempo la comunicación financiera no fue suficientemente clara”?
Formada en Administración de Empresas y en Publicidad y Relaciones Públicas. ¿Qué le ha aportado ese mix?
Siempre pensé que en el mundo financiero faltaba comunicación clara. Durante mucho tiempo, la información dirigida al inversor o al cliente de banca no fue suficientemente transparente ni consiguió generar interés por aprender más sobre cómo funciona la economía y los mercados.
Hace quince años la comunicación financiera era muy distinta. Hoy las redes sociales han cambiado mucho las cosas. Hay más gente hablando de inversión, más acceso a información y más perfiles jóvenes interesados en estos temas. Eso es positivo, aunque también exige separar bien la divulgación rigurosa del ruido y los mensajes que buscan solo generar impacto.
¿El sector financiero ha explicado mal lo que hace?
En muchos casos, sí. Y comunicar bien no significa simplificar hasta vaciar de contenido. Significa explicar de forma clara para que el inversor pueda entender qué está haciendo con su dinero.
Para mí, la comunicación no es un complemento. Es una responsabilidad de las personas que trabajamos en el sector y que generará una relación de confianza con los inversores en el tiempo (y con suerte nos quitará la careta de demonios) y a muchos de ellos les hará ver que invertir es una herramienta para todos, no para unos pocos.
“Invertir no es comprar algo porque todo el mundo habla de ello”
¿Dónde está la frontera entre invertir y especular?
Para mí, invertir exige entender qué estás comprando, a qué precio y lo más importante, cuánto vale. Si analizas una compañía, tienes que saber cómo gana dinero, cómo está gestionada, qué deuda tiene, en qué mercado compite y qué puede ocurrir con ese negocio en el futuro. Si tengo una idea clara de cuánto vale algo, sabré si estoy pagando barato o caro.
No sé si estás de acuerdo conmigo, pero por lo general en otros ámbitos, se tiende a buscar “la oferta”, comprar barato, pero en los mercados financieros en ocasiones eso no sucede…
El problema es que muchas veces el inversor se siente más seguro cuando algo ya ha subido.
Exactamente. Muchas personas se sienten más convencidas cuando una inversión “sube”, lo que llamamos sesgo de confirmación, muchos dicen que eso vale más, y entonces yo también me subo al carro… Es muy fácil dejarse contagiar de esta emoción de euforia, pero conviene revisar y entender si merece la pena pagar más caro.
La inversión exige un método de trabajo disciplinado, que permita acotar riesgos y no nos desvíe de nuestros objetivos, si no, podríamos cometer errores. En Equam llevamos casi 12 años trabajando así y creemos que es la única forma de conseguirlo ya que como humanos podemos fallar y tener un método de trabajo disciplinado nos ayuda a evitar esos errores.
“Que una compañía esté barata no significa que sea mala”
Su filosofía parte de buscar buenas compañías que coticen con descuento. Suena sencillo. ¿Por qué es tan difícil hacerlo?
Que una compañía esté barata no significa que sea un mal negocio. Puede estar pasando un momento complicado puntual, que el mercado lo ha dejado olvidado porque el foco está en otro sitio, pero aun así ser una líder del sector en el que opere...
Nuestro trabajo consiste en identificar esas oportunidades y aprovecharlas.
¿Cómo se hace esa distinción?
Viendo muchas compañías, leyendo sobre ellas, analizando sus números y entendiendo su negocio. Para nosotros es muy importante generar ideas de inversión constantemente, así podremos identificar las mejores y que, en un momento dado, pasaran a formar parte de la cartera del fondo.
Nosotros no miramos solo una cotización. Miramos negocios. Nos preguntamos si la empresa está bien gestionada, si tiene una deuda razonable, si existen o no barreras de entrada en el negocio como protección y si el precio al que cotiza ofrece margen de revalorización suficiente. Es un trabajo muy artesanal.
“Somos una boutique no una fábrica de fondos”
Ha utilizado la palabra artesanal. ¿Qué quiere decir aplicada a la inversión?
Gestionamos un solo fondo. Las mejores ideas están concentradas en él. Todo nuestro trabajo y esfuerzo está en conseguir el mejor resultado, buscando los mejores negocios, de calidad, que cotizan con un descuento razonable y nos ayudaran a conseguir nuestro objetivo de rentabilidad. No hay distracción produciendo en masa fondos de inversión. Trabajamos con paciencia, “los mejores guisos se cocinan a fuego lento”.
Si lo sacamos del mundo financiero, sería como una pequeña firma boutique que confecciona sus prendas a mano. Es un trabajo artesanal en el que tienes información desde la procedencia de la tela hasta quien y qué prendas ha confeccionado en el taller.
¿Eso hace que el inversor sea más fiel?
Podría ser, suele llegar más informado y alineado. Sabe que hablamos de medio y largo plazo, no de intentar acertar lo que hará el mercado el mes que viene.
Y también porque existe cercanía. Respondemos dudas, compartimos información y elaboramos informes trimestrales en los que explicamos qué ha ocurrido en los mercados y qué ha pasado con las compañías. La transparencia y la cercanía son nuestras señas de identidad.
“Una buena compañía puede ser una mala inversión si se paga demasiado cara”
Durante los últimos años, el mercado ha estado muy concentrado en Estados Unidos, tecnológicas e inteligencia artificial. ¿Qué lectura hace?
Son compañías que han recibido muchísima atención y que han alcanzado valoraciones muy elevadas. Eso no significa que sean malas compañías. Al contrario, muchas son extraordinarias.
La pregunta es otra: ¿a qué precio las estás comprando?
Una buena compañía no siempre es una buena inversión si se paga demasiado por ella. Si compras muy caro, gran parte del potencial de rentabilidad ya está descontado en el precio. Al final, invertir no consiste solo en encontrar grandes empresas, sino en adquirirlas a una valoración que ofrezca un margen de seguridad y una rentabilidad atractiva a largo plazo.
¿El entusiasmo por la inteligencia artificial puede haber distorsionado el mercado?
La inteligencia artificial tiene un enorme potencial, pero eso no significa que cualquier precio esté justificado. Como inversores, diferenciamos entre una gran tecnología y una buena inversión: el precio que se paga siempre es determinante.
Mientras tanto, hay compañías que han quedado fuera del foco. No porque sean peores, sino porque no están de moda. Y ahí pueden aparecer las oportunidades.
“Europa y las pequeñas y medianas compañías han quedado olvidadas”
Ustedes miran principalmente a Europa y a pequeñas y medianas compañías. ¿Por qué ahí?
Porque creemos que hay mucho valor. Las pequeñas y medianas compañías europeas ofrecen mayores ineficiencias que las grandes empresas, ya que reciben menos seguimiento. Esto nos permite encontrar negocios buenos a cotizando con mucho descuento.
Pero las small caps suelen asociarse a más riesgo.
La renta variable siempre tiene riesgo. Eso hay que decirlo claramente ya sean grandes pequeñas o medianas. Una inversión puede caer un 30%. Puede pasar mañana. Lo interesante es entender por qué ha pasado.
Ahora bien, nosotros buscamos negocios sólidos, bien gestionados y con deuda razonable. Nuestras compañías son líderes en nichos muy específicos, como comentaba antes y cuentan con un importante potencial de crecimiento a largo plazo.
“Cuando una inversión cae, el primer impulso suele ser vender. Pero.. ¿Qué hacemos cuando comienzan las rebajas? Comprar”
¿Qué papel juega la emoción en las decisiones de inversión?
Un papel enorme. Cuando todo sube, más o menos (parece que) todo está controlado, uno de los riesgos que aparecen es comprar caro. El problema real llega cuando el mercado atraviesa un momento complicado. Ahí la toma de decisiones puede volverse irracional y llevarnos a perder todo lo invertido.
En este punto es donde se pone de manifiesto el tan necesario método de inversión y disciplina para ejecutarlo, además de nuestro acompañamiento y didáctica previa con los inversores.
¿Su trabajo consiste también en frenar decisiones precipitadas?
Sí. En mi caso con los inversores sí. Parte de mi labor es ayudar al inversor a controlar las emociones. La información es la base para una buena toma de decisiones y procuro que aquellos que nos acompañan entiendan que está sucediendo. Si existe liquidez, en la inmensa mayoría de los casos, es el mejor momento para invertir con mucho mas descuento.
La confianza no se demuestra cuando todo va bien. Se demuestra especialmente cuando el mercado cae.
“La paciencia no es esperar sin hacer nada”
Habla de horizontes de cinco o siete años. En un mercado dominado por la inmediatez, ¿es difícil defender la paciencia?
Sí, pero es imprescindible. Los resultados ayudan a entender que la paciencia tiene sentido. Cuando compras algo que el mercado no quiere, sabes que pueden pasar algunos años hasta que se reconozca su verdadero valor.
¿Y cómo sabe el inversor que el valor está ahí si el mercado todavía no lo reconoce?
A veces aparecen señales. Por ejemplo, cuando se produce una OPA sobre una compañía en cartera. Eso indica que otro inversor también ha visto valor y pone de manifiesto las ineficiencias del mercado que tratamos de aprovechar.
“Las modas cambian; los buenos negocios permanecen”
¿Cree que el mercado volverá a mirar hacia ese lado menos popular?
Por supuesto, tarde o temprano sucederá, no puedo adivinar cuando, pero pasará.
¿El mayor enemigo del inversor es el mercado o el propio inversor?
Suele ser el propio inversor. Las emociones pueden llevarte a comprar cuando todo el mundo está eufórico y a vender cuando todo el mundo tiene miedo.
Por eso es tan importante entender dónde inviertes. Si sabes qué compras, por qué lo compras y cuánto tiempo estás dispuesto a esperar, es más fácil mantener la calma.
“Cada persona debe encontrar una forma de invertir que le permita dormir tranquila”
Después de su propia trayectoria, ¿qué ha aprendido sobre la manera correcta de invertir?
Que cada persona tiene que encontrar una forma de invertir que encaje con ella. No vale asumir más riesgo pensando que llegará una rentabilidad extraordinaria si eso nos hace sufrir por lo invertido.
¿Qué consejo daría a alguien que empieza a invertir?
Que invierta en cosas que entienda y que antes de tomar decisiones movido por las emociones o las modas reflexione y se informe. La paciencia, la disciplina y el interés compuesto aconsejan mejor que creernos con la suerte de nuestro lado para adivinar el próximo gran pelotazo.
¿Y qué cree que debería cambiar en la relación entre la industria financiera y los inversores?
Más pedagogía, más transparencia y más comunicación clara. El inversor tiene derecho a entender qué se hace con su dinero. Y quienes trabajamos en este sector tenemos la responsabilidad de explicarlo bien.
No basta con gestionar. También hay que acompañar.