Con motivo del Día Internacional de la Educación, que se celebra cada 24 de enero, El Diario de Madrid conversa con Javier García, responsable del área de proyectos a medida para empresas en ThePower Education, para analizar cómo está cambiando la formación, por qué aprender ya no es una etapa sino un proceso continuo y de qué manera la inteligencia artificial está redefiniendo —para bien— el trabajo diario de miles de profesionales.
La educación ya no termina: acompaña toda la vida profesional
La conversación con Javier García parte de una convicción clara: la educación ha dejado de ser un punto de llegada para convertirse en un proceso permanente. Quien se forma hoy no lo hace solo para acceder a un primer empleo, sino para sostener su trayectoria profesional en un entorno que cambia a gran velocidad.
Desde los orígenes de ThePower —cuando nació con la idea de democratizar el acceso a la formación en negocio— hasta su actual ecosistema educativo, la evolución ha estado guiada por una lectura atenta del mercado y de las personas. “La formación solo tiene sentido si responde a necesidades reales”, explica García. Por eso, la institución ha ampliado su oferta hacia programas corporativos, formación profesional, capacitación técnica y proyectos a medida para empresas, siempre con un enfoque práctico, aplicado y flexible.
Inteligencia artificial: de la inquietud a la ventaja competitiva
Si hay un eje que atraviesa toda la conversación es la inteligencia artificial. No como concepto abstracto, sino como una tecnología que ya está transformando la forma de trabajar en prácticamente todos los sectores. A diferencia de anteriores procesos de digitalización, la IA no se limita a optimizar tareas: reconfigura procesos, roles y estructuras organizativas.
Ese cambio, reconoce García, genera inquietud. Especialmente entre perfiles con una larga trayectoria, que perciben la velocidad del avance tecnológico como una amenaza. Sin embargo, la experiencia acumulada en programas de formación para empresas apunta a una conclusión muy distinta: cuando la IA se aborda desde la formación, se convierte en una palanca de crecimiento profesional.
Lejos de desplazar al talento experimentado, la inteligencia artificial multiplica su impacto. Los perfiles sénior, con un profundo conocimiento del negocio y de los procesos, son quienes más partido pueden sacar a estas herramientas cuando aprenden a integrarlas en su día a día. No se trata de empezar de cero, sino de ampliar capacidades.
Aprender siempre: una exigencia del presente, no del futuro
La velocidad de los cambios tecnológicos, económicos y geopolíticos ha convertido la formación continua en un requisito estructural. Ya no basta con lo aprendido hace cinco o diez años. Las empresas necesitan profesionales capaces de actualizarse, adaptarse y liderar en escenarios de incertidumbre.
García lo resume con claridad: “No perder el tren de la formación es hoy una responsabilidad individual y colectiva”. Individual, porque cada profesional debe asumir que aprender forma parte de su trabajo. Colectiva, porque las organizaciones tienen el deber de acompañar ese proceso y facilitarlo.
Esta necesidad no se limita a perfiles técnicos. La demanda de gestión estratégica ha crecido de forma notable. Las empresas se enfrentan a decisiones cada vez más frecuentes y complejas: cambios de mercados, reorganizaciones internas, adaptación a nuevas normativas o tecnologías. Todo ello exige líderes capaces de tomar decisiones, pero también de explicar el cambio y hacerlo digerible para los equipos.
Datos, tecnología y una verdad irrenunciable: las personas
Aunque gran parte de la formación actual gira en torno a datos, sistemas, ciberseguridad o análisis, Javier García insiste en una idea que atraviesa toda su visión educativa: las empresas siguen siendo organizaciones de personas.
La tecnología aumenta la productividad, pero no sustituye la capacidad de comunicar, liderar y entender a los equipos. De hecho, el trabajo con personas se ha vuelto más complejo: equipos distribuidos en distintos países, culturas diversas y entornos híbridos que exigen nuevas habilidades de gestión.
Por eso, la formación no puede limitarse a lo técnico. En los programas vinculados a la inteligencia artificial se incorporan aspectos como la ética, la responsabilidad en el uso de la tecnología y una reflexión sobre cómo integrar estas herramientas sin deshumanizar el trabajo. La creatividad, subraya García, sigue naciendo de las personas, no de los algoritmos.
Perder el miedo para tomar las riendas
El mensaje final de la conversación es tan sencillo como contundente: hay que perderle el miedo a la inteligencia artificial. No negarlo ni idealizarlo, sino entenderlo. Cuando la formación acompaña el cambio, la ansiedad disminuye y aparece algo mucho más valioso: la sensación de control.
La experiencia de quienes pasan por programas formativos lo confirma. Profesionales que partían de un conocimiento mínimo terminan identificando casos de uso concretos, aplicando la IA en sus departamentos y mejorando su día a día. El cambio deja de ser una amenaza para convertirse en oportunidad.
En un contexto marcado por la aceleración y la incertidumbre, la educación recupera así su papel esencial: dar criterio, herramientas y confianza para afrontar el futuro. No desde el temor, sino desde el conocimiento. Esa es, hoy más que nunca, la verdadera innovación educativa.