La gran distribución ibérica consolida su transición hacia modelos operativos de economía circular absoluta. El Grupo El Corte Inglés ha anunciado el cumplimiento estricto de los objetivos estratégicos fijados en su hoja de ruta medioambiental tras conseguir que el 100% de sus centros comerciales y estructuras de suministro cuenten de forma oficial con la certificación Residuo Cero otorgada por la firma de auditoría AENOR.
Este hito normativo y operativo abarca ya a un ecosistema de más de 300 activos singulares, integrando la totalidad de sus grandes almacenes, plataformas logísticas logísticas, establecimientos de las cadenas Supercor y Sanchez Romero, así como sus tiendas de formato Outlet repartidas por toda la geografía de España y Portugal.
La implantación de este Sistema de Gestión Avanzada se basa en la premisa técnica de cerrar el ciclo de vida de los materiales, de manera que todo desecho generado sea segregado en origen, catalogado y procesado para su posterior reintroducción en el mercado como nueva materia prima secundaria.
Para obtener este sello de calidad ambiental, las directrices de AENOR exigen superar de forma auditada un umbral mínimo del 90% de valorización sobre el volumen total de desechos producidos por la actividad de la compañía. En el caso de El Corte Inglés, las métricas alcanzadas durante el último ejercicio fiscal escalaron hasta un rendimiento del 94%, logrando recuperar de manera directa más de 100.000 toneladas de residuos que, en los modelos de gestión tradicionales, habrían terminado depositadas en vertederos.
Siete años de despliegue desde los almacenes de Galicia
El proyecto de transformación verde de la compañía española inició su andadura en el año 2019 mediante una experiencia piloto concentrada de manera exclusiva en los centros comerciales y las bases logísticas de la comunidad autónoma de Galicia. Tras validar los resultados de eficiencia y la viabilidad de los nuevos protocolos de clasificación, el grupo activó una primera fase de expansión masiva que transcurrió entre los años 2020 y 2023, destinada a cubrir los grandes almacenes de las restantes comunidades autónomas y el mercado portugués. El último tramo de la estrategia se centró en la adaptación metodológica de estos rigores ambientales a los centros comerciales más pequeños, un proceso de capilaridad que ha culminado con éxito este año.
La operativa cotidiana de las tiendas genera de forma recurrente más de 50 fracciones diferenciadas de residuos que proceden tanto de los flujos de embalaje y logística propios como de los puntos de recogida selectiva puestos a disposición de los hogares de sus clientes.
Las estadísticas del grupo empresarial revelan un balance de impactos tangibles sobre el entorno natural. El volumen de papel y cartón recuperado y transformado durante el año anterior equivale a evitar de forma directa la tala de más de 430.000 ejemplares de árboles. Por su parte, la correcta segregación y procesado de los polímeros plásticos supuso un ahorro de material equivalente a la producción de 630 millones de botellas pequeñas de agua, cortando de raíz la necesidad de consumir más de 21 millones de litros de petróleo refinado para la obtención de polímeros vírgenes.
Materias críticas para la industria tecnológica y lucha contra el desperdicio
El tratamiento avanzado de los excedentes del grupo ha permitido asimismo generar más de 2.400 toneladas de abono orgánico (compost) y más de un millón de metros cúbicos de biogás combustible a partir de las mermas alimentarias de sus supermercados, unas dinámicas de residuo orgánico que conviven con convenios estables con bancos de alimentos para evitar el desperdicio.
Sin embargo, uno de los apartados de mayor valor añadido industrial radica en la gestión de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE). El Corte Inglés ha canalizado el tratamiento de más de 900 toneladas de maquinaria y dispositivos tecnológicos obsoletos, logrando rescatar y devolver al mercado manufacturero cerca de 2.000 toneladas de materias primas secundarias y elementos químicos críticos esenciales para la transición digital, tales como el cobalto, el magnesio, el antimonio y el estroncio.
La corporación ha remarcado que la viabilidad del sistema se sostiene sobre un engranaje de formación técnica continua dirigido a su plantilla de operarios y profesionales, quienes cuentan en cada gran superficie con el soporte directo de responsables de centro y delegados ambientales de zona encargados de supervisar los protocolos diarios y corregir desviaciones logísticas en tiempo real.