La retirada del BCE obliga a España a buscar nuevos compradores de su deuda

El Banco Central Europeo reduce progresivamente su cartera de deuda mientras bancos e inversores privados ganan protagonismo. Economistas alertan de los riesgos, aunque los datos invitan a matizar algunas conclusiones.
Sede del Banco Central Europeo - BCE
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Durante casi una década, el Banco Central Europeo (BCE) fue uno de los grandes compradores de deuda pública española.

Sus programas extraordinarios de compras, primero para combatir la baja inflación y después para amortiguar el impacto económico de la pandemia, permitieron al Tesoro financiarse a tipos históricamente bajos, llegando incluso a emitir deuda con rentabilidades cercanas al 0%.

Ese escenario ha cambiado por completo

Con la inflación bajo control y la política monetaria de emergencia ya finalizada, el BCE ha dejado de reinvertir íntegramente los bonos que van venciendo. El resultado es un proceso gradual de reducción de su balance que obliga al mercado a absorber una mayor parte de las nuevas emisiones de deuda pública.

En este contexto, el economista José Ramón Riera ha advertido en un vídeo difundido en redes sociales de que la banca española está asumiendo buena parte de ese relevo, una situación que, a su juicio, podría reducir el crédito disponible para familias y empresas y aumentar el riesgo de desaceleración económica.

La cuestión es hasta qué punto esa interpretación coincide con los datos.

El BCE pierde peso, pero no desaparece

Las estadísticas del Banco de España confirman que el peso del Eurosistema sobre la deuda española se ha reducido desde los máximos alcanzados tras la pandemia. Esta evolución responde a una decisión ya anunciada por el propio BCE dentro de la normalización de su política monetaria y no constituye una medida específica sobre España.

Cada vez que vencen bonos adquiridos durante los programas de compra de activos y el BCE decide no reinvertirlos, el Tesoro debe colocar nuevas emisiones entre inversores privados.

Ahí es donde comienza el cambio en la composición de los compradores.

La banca compra más deuda, pero no está sola

Riera sostiene que la banca española está absorbiendo alrededor del 70% de la deuda que deja de renovar el BCE. Sin embargo, los datos disponibles muestran un escenario más diversificado.

Las entidades financieras españolas sí han incrementado de forma significativa sus carteras de deuda soberana, superando los 200.000 millones de euros por primera vez desde 2014. Para los bancos, estos títulos ofrecen una rentabilidad estable, ayudan a cumplir los requisitos regulatorios de liquidez y se han convertido en una alternativa atractiva en un entorno de tipos de interés todavía elevados.

Pero no son los únicos compradores.

Los inversores extranjeros poseen actualmente cerca de la mitad de toda la deuda pública española, un porcentaje récord impulsado por la mejora de la calificación crediticia de España, la estabilidad de la prima de riesgo y el mayor atractivo de los bonos españoles frente a otros activos europeos.

Este aumento del apetito internacional ha permitido cubrir con holgura las necesidades de financiación del Estado pese a la retirada progresiva del BCE.

¿Existe menos dinero para conceder préstamos?

Es uno de los argumentos centrales del análisis de Riera.

Su tesis sostiene que, al destinar más recursos a comprar deuda pública, la banca dispone de menos liquidez para financiar hipotecas, consumo e inversión empresarial.

Desde el punto de vista económico, este fenómeno recibe el nombre de "efecto expulsión" o crowding out: cuando el sector público absorbe una parte creciente del ahorro disponible, el crédito al sector privado puede verse afectado.

Sin embargo, distintos economistas recuerdan que este efecto no siempre se produce con la misma intensidad.

Las decisiones de concesión de crédito dependen también de factores como la demanda de financiación, la solvencia de los clientes, la regulación bancaria, los niveles de capital exigidos por los supervisores o la propia política monetaria del BCE.

En otras palabras, que los bancos aumenten sus compras de deuda pública no implica automáticamente que vayan a cerrar el grifo del crédito.

El verdadero impacto: aumenta el coste de financiar la deuda

Donde sí existe consenso es en otro aspecto señalado por Riera.

La deuda que vence actualmente fue emitida, en muchos casos, cuando los tipos de interés estaban próximos al 0%.

Las nuevas emisiones, en cambio, se colocan con rentabilidades sensiblemente superiores.

Esto supone que el coste medio de financiación del Estado irá aumentando progresivamente conforme se renueve el stock de deuda, incrementando el gasto destinado al pago de intereses durante los próximos ejercicios.

Aunque el Tesoro continúa financiándose con normalidad y mantiene una elevada demanda en sus subastas, el cambio respecto a los años de dinero prácticamente gratuito ya es evidente.

Una acusación sin pruebas públicas

En su intervención, José Ramón Riera afirma que el Ministerio de Economía habría pedido directamente a los bancos españoles que compraran deuda pública.

Hasta la fecha no existe ninguna evidencia pública que respalde esa afirmación.

Ni el Ministerio de Economía, ni el Banco de España, ni el BCE han informado de instrucciones de ese tipo, por lo que esa parte de su análisis debe considerarse una valoración personal y no un hecho acreditado.

Un cambio estructural que seguirá en los próximos años

La retirada progresiva del BCE marca el inicio de una nueva etapa para la financiación del Estado.

España deberá depender cada vez más de bancos, fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones e inversores internacionales para cubrir sus necesidades de financiación.

Por ahora, la elevada demanda registrada en las emisiones del Tesoro y el creciente interés de los inversores extranjeros han permitido absorber esa transición sin tensiones relevantes en los mercados.

El verdadero desafío estará en comprobar si ese equilibrio puede mantenerse en un escenario de elevados niveles de deuda pública, mayores costes financieros y una política monetaria menos expansiva que la vivida durante la última década.