En términos nominales, la deuda de los hogares se situó en 723.000 millones de euros. Por su parte, el sector empresarial también ha seguido una senda de corrección similar, situando su deuda consolidada en el 62,6% del PIB, lo que supone su cota mínima desde el tercer trimestre de 2001, con un saldo absoluto de 1,05 billones de euros.
Este proceso de desapalancamiento se ha visto acompañado por un incremento notable de la riqueza financiera neta de los hogares, que alcanzó los 2,64 billones de euros. Esta cifra equivale al 156,8% del PIB, superando con holgura el promedio del 149,1% registrado desde el año 2022.
Cambio en el perfil de inversión: menos depósitos y más fondos
Los activos financieros brutos de las familias experimentaron un crecimiento de 292.100 millones de euros en el último año, sumando un total de 3,43 billones de euros. Sin embargo, la estructura de estos ahorros ha cambiado profundamente: la suma de efectivo y depósitos cayó hasta representar solo el 33,4% del total, el porcentaje más bajo de las últimas tres décadas.
En contraste, las participaciones en capital y los fondos de inversión ganaron peso, impulsados tanto por nuevas adquisiciones como por la revalorización de los activos.
Las Administraciones Públicas moderan su déficit financiero
El informe del supervisor bancario también arroja luz sobre las cuentas del sector público. Las operaciones financieras netas de las Administraciones Públicas se situaron en el -2,4% del PIB en 2025. Este dato refleja una mejora significativa respecto al déficit financiero promedio del -3,8% registrado desde 2022. Al cierre del ejercicio, el saldo total de pasivos de las administraciones ascendió a 2,09 billones de euros, lo que representa un 123,9% del PIB.