El catalejo

La obra magna de Antonio Gaudí

El pasado 10 de junio, fecha en que se cumplió un siglo de la muerte de Antonio Gaudí, el Papa León XIV bendijo, en la ciudad de Barcelona, la recién culminada torre central de la Basílica de la Sagrada Familia, obra cumbre del célebre arquitecto catalán, cuya construcción, como ha sucedido con la de otros grandes templos de la cristiandad, va completando etapas a un ritmo que abarca centurias.

Un genio o un loco

Antonio Gaudí nació el 25 de junio de 1852 en una familia de ascendencia francesa, afincada desde varias generaciones atrás en la hoy provincia de Tarragona. Desde niño tuvo asiduo contacto con la naturaleza lo cual puede haber influido en la impronta que años más tarde daría a sus creaciones, con formas y colores que fluyen como cosas vivas.

Culminó sus estudios terciarios en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, y su director, que sin duda conocía la singularidad del alumno, se preguntó si habían entregado el título a un loco o a un genio, afirmando que solo el tiempo podía dilucidar si la ya entonces llamativa originalidad del joven profesional respondía a un sólido talento creativo.

Una mirada nueva

Si bien la obra de Gaudí suele relacionarse con el modernismo, sin que puedan desconocerse influencias del arte oriental y el gótico, la originalidad de su creación desborda cualquier clasificación dentro de un movimiento.

Toda su obra está inspirada en la naturaleza, y busca un nexo con lo divino aun en los elementos más sencillos. De ahí la importancia de la elevación, de la luz, y del color. La piedra cobra apariencia animal o vegetal, y Gaudí suele utilizar más que alusiones a tales elementos, como por ejemplo en la Casa Batiló cuyo tejado está compuesto por tejas de colores que simulan escamas de dragón.   

Un hombre de Dios

En 1883 le fue encomendado el proyecto de la Basílica de la Sagrada Familia, gran oportunidad para un hombre de profunda fe que vivía su profesión como un verdadero sacerdocio.

El 10 de junio de 1926 murió en un hospital al que había llegado tres días antes como un ignorado vagabundo atropellado por un tranvía. Ese final de su existencia física no está en desacuerdo con su vida de permanente entrega y humildad. Hoy el mundo reconoce su talento, admira el gran legado de su obra, y aún hay algo más de lo que poco se comenta: Antonio Gaudí se encuentra en proceso de canonización y ya ha cumplido la etapa de ser declarado “siervo de Dios” y actualmente es “venerable”.

La Basílica de la Sagrada Familia, con la reciente inauguración de la Torre de Jesucristo, ya se encuentra a pocos años de su terminación. Cuando Gaudí trabajaba en la que fue sin duda su mayor obra, y se le preguntó cuando pensaba podría verse terminada, él contestó, con la paciente firmeza de los sabios, “mi cliente no tiene prisa”, porque sabía muy bien para quien trabajaba.