Acabo de leer el breve y singular poemario “Liturgia de los bosques” (Editorial Eafit, 2026), de Darío Jaramillo Agudelo, ganador del Premio León de Greiff al Mérito Literario. Son 23 poemas, 51 páginas, cada poema ilustrado por Ricardo Macía, y una Coda de Autores que vierte un misterio adicional al poemario. Versos inolvidables, sutiles, epigramáticos. En el poema ‘Soy vegetal’, la voz es de un ser- planta que sabe que ha brotado y florecido gracias al amor, que sabe cantar cuando lo embisten los vientos y resiste las sequías. El verso que ilumina el poema tiene la cadencia de un poema budista “Mi más profunda vocación es la quietud”. El poema ‘Territorio’, probablemente uno de los mejores del libro, es el viaje de las semillas que encontraron un lugar para fecundar el sueño, con la certeza de que “nadie es de aquí y todos lo somos”. El poeta recuerda que alguien vino de la China y trajo el inmenso larán a nuestras tierras, al igual que el mango y la teca de la India, el níspero del Japón y el tulipán africano, y del Caribe la semilla de la jagua voló a otras orillas, y al final del poema se concluye que “nada es de aquí, nadie es de aquí/ y todos lo somos sin saber todavía donde estamos”. En ‘Plantas carnívoras’ me toca el corazón el verso: “Plantas carnívoras/ acostumbradas a la usura/ con facilidad volverán la muerte una costumbre”. ‘En Walden, Mass’, el poeta nombra la muerte del bosque y del lago. Los dos versos desnudan el desatino de la humanidad: “Perfecto el símbolo de la codicia/ perfecto el mausoleo del progreso”. En ‘Jazmín inconstante’, poema magistral y uno de los excelsos del libro, el perfume llega también como un capricho de ese jazmín que prefiere florecer y aromar fuera de estación. El remate es antológico y perfecto: “El jazmín inconstante se viste de blanco/ así mi alma”. El más breve de los poemas es el más logrado en silencio y belleza forjado en cuatro versos: ‘Nocturno’: “No hay silencio/ en el bosque silencioso/ falta mi silencio/ para oír a Dios”.
El poeta Jaradillo Agudelo publicó en 2006 en editorial Pre-Textos su novela ‘La voz interior’, cuyo protagonista es Sebastián Uribe Riley, un escritor que inventaba escritores, y su vida la cuenta su amigo de infancia Bernabé. Desde sus veinte años empieza a escribir un libro de poemas. Publica ‘Liturgia de los bosques’, pero no vuelve a publicar nada, pese a que sigue escribiendo poemas que atribuye a otros. Le pide a su amigo que recoja el último de los ejemplares. El poemario íntegro aparece en la segunda parte de la novela de Jaramillo Agudelo y se edita tomado de la edición de la novela. El autor en su Coda de los autores, precisa que “es posible que sea el mismo Sebastián quien ahora inventó que el autor de ‘Liturgia de los bosques’ es Darío Jaramillo Agudelo.