Óscar Manuel Quezada. Originario de Sinaloa. Actualmente vive en Coyoacán, CDMX, documenta lo que observa y disfruta del café. Escritor, poeta, Académico del IPN y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Su poesía ha sido traducida al árabe y publicada en la prestigiosa revista de literatura Dubái, además de ser musicalizada e incluida en el Danish World Music Award, Dinamarca 2011. Escribe para diferentes revistas especializadas en literatura de circulación nacional. Director de la revista de literatura “Las letras del burro” Actualmente Coach de artes escénicas en el grupo Azteca. Algunas de sus obras publicadas: Atada sobre las olas, Bajo el alba, viernes trece de noviembre en París, La casa siempre viva, novela, su más reciente publicación 2022. Coordinador del Maratón de Escritores en Coyoacán. Parpadeo, poemario en proceso de edición, Sial Pigmalión, España 2026.
¿En qué medida su poesía puede leerse como una forma de conocimiento o de indagación filosófica?
No me planteo al escribir mi poesía lo estético como objetivo; la búsqueda del sentido estético, el contenido del lenguaje o la definición de las palabras se manifiestan ante lo que me mueve, me duele, o lo que me impresiona, y en muchos de los casos es la naturaleza, ahí es donde encuentro el sentido y la profundidad de las cosas; las definiciones de las palabras como mera forma, se van transformando en versos donde exploro mi mundo interno, y con el lenguaje metafórico, las expresiones bordan las imágenes de la poesía. Porque no decirlo, la poesía me cuestiona y eso me lleva a reflexionar sobre los momentos que penetran mis pensamientos, se vuelve un instrumento cotidiano como un ente que me permite interactuar y ser consiente.
¿Cómo trabaja la materialidad del lenguaje ─sonoridad, ritmo, silencios, ─en la construcción del poema?
En definitiva, las palabras en la poesía son la materia prima, como lo es la madera para el carpintero. Las palabras por si solas son formas, el poema exige un ritmo, matices, musicalidad, y en los silencios se colocan las imágenes, cuando se logra o lo logro, se visualiza en el poema una fotografía sustentada en el lenguaje; lograrlo no es nada sencillo, sin embargo, en el estado de anestesia, ese estado que padecemos los poetas encontramos la expresión. La fuerza del poema lo sustenta el lenguaje, lo sostiene el peso de las palabras, esas que vienen cuando se le encuentra sentido a las emociones, y se desbordan ante la pregunta en un soliloquio, como cuando se está frente al espejo, la imagen se posiciona y el otro capta las palabras, el que escribe.
¿Qué papel desempeña la subjetividad en su escritura: ¿se afirma, se fragmenta o se cuestiona?
Mi poesía es personal. La expresión o las expresiones son lo que me mueven, me duelen. La poesía es una manera personal donde a través del lenguaje encuentro el argumento contestatario. Puede suceder que algún lector se sienta identificado con el poema, para los que escribimos es gratificante cuando eso sucede. El cuestionamiento en la poesía te compromete socialmente, en el poema está la voz de los otros, en ese sentido la poesía es gratificante, no sólo para el que la escribe, sino para el que la lee, se vuelve un instrumento de comunicación, volver accesible la poesía, creo yo, es el trabajo que queda pendiente ante la resistencia en muchos de los casos por acercar y hacer que el lector consuma este género literario.
¿Cómo dialoga su poesía con otras disciplinas, como la filosofía, la pintura o la música?
Las emociones están ligadas a la reflexión, te llevan a ese punto y sustentan el poema. La poesía es brillante, tiene tonalidades, es musical, un poema puede ser un lienzo.
Mi poesía se nutre de los amaneceres, de los silencios; la contemplación de las tonalidades del sol se vuelven poesía, en el paisaje encuentro el argumento, lo que quiero comunicar, la naturaleza no deja de sorprenderme y cuestionarme, la belleza de la naturaleza me conduce por un paralelismo donde sucede la pregunta y la respuesta, ahí está el diálogo como una sustancia de la divinidad de la naturaleza.
¿Qué estrategias utiliza para tensionar o resignificar las nociones de voz, identidad y experiencia en el poema?
La poesía cuestiona, me cuestiona. Un poema puede tener N cantidad de percepciones, como cantidad de lectores tenga, tiene diferentes interpretaciones, sin que esto sea el planteamiento de origen del poeta. Estar en momento preciso para capturar las palabras como cuando la lluvia cae y te permites empaparte de ella. Lo mismo sucede una vez que se inicia un poema, capturar el momento sin resistencia, posiblemente lo puedas lograr en ese preciso momento, lo cierto es que la esencia del poema difícilmente cambia.
Desde una perspectiva crítica, ¿cómo entiende la función de la poesía en el contexto contemporáneo: resistencia, memoria, revelación o experimentación?
La poesía al igual que los libros son signos que se leen a través del tiempo, nos narran en mucho de los casos el impacto de los sucesos cotidianos en un lenguaje universal.
La poesía es memoria, sustenta las realidades, no solo de quien la escribe, si no la de los otros, se vuelve la voz de los demás, y también el gozo de quien sea capaz de degustarla como los buenos vinos, o como el tequila o el mezcal. La poesía mueve fibras, es capaz de conmovernos, nos lleva a otro estado de reacción, tal vez esa sea la razón por la no sea fundamental en la formación educativo; volver a la sociedad crítica es un arma de dos filos, esa es una de las grandes virtudes de la poesía, y por otro lado es preferible mantenerla escondida.