En este nuevo espacio, Victoria by Rosi La Loca, se nota la mano de quienes entienden la gastronomía creativa, de quienes saben leer los gustos internacionales sin olvidar el paladar local. Platos reconocibles, producto cuidado y una ejecución que sorprende sin necesidad de artificios.
La atmósfera acompaña: un personal atento y profesional, presente sin ser invasivo; una música que invita a conversar sin elevar la voz; y una decoración vibrante, abundante y llena de color, combinada con tal sensibilidad que, lejos de abrumar, inspira.
Y un detalle que nos enamoró desde el inicio: una cubertería personalizada preciosa, que convierte cada plato en un gesto estético y cuidado.
La carta brilla especialmente por sus sangrías artesanas de autor —más de diez variedades, incluidas opciones sin alcohol—. Cada una habita su propia cámara fría, un pequeño santuario con grifo propio donde el tiempo se detiene y la fruta conserva su memoria más viva. Además, cuentan con una selección de vinos que demuestra que han sabido interpretar gustos globales. Incluso ofrecen botellas etiquetadas como Inclán, pensadas para quienes eligen por variedad de uva. Nosotros nos decantamos por el Merlot: una apuesta segura.
Nos encanta también su estrategia: varios locales del grupo concentrados en una misma zona de Madrid, a pocos metros entre sí. Esto no solo facilita la logística interna, sino que convierte la experiencia del cliente en un pequeño recorrido emocional.
En nuestra opinión, el Grupo Rosi La Loca —hoy, en su versión Victoria— invita a vivir una experiencia única, de esas en las que la cámara pide un clic desde el primer instante.
El espacio brilla con una explosión de color y luz: paredes fucsias, murales tropicales y lámparas de cristal que bañan todo en reflejos dorados. Cada rincón parece pensado para sorprender, desde los sofás aterciopelados hasta la cubertería personalizada, que añade un toque de elegancia íntima. Un lugar donde el arte y la gastronomía se funden en una experiencia sensorial total.
El viaje gastronómico
Queridos amigos, ha llegado el momento de resumir cómo vivimos este instante que fue, sencillamente, ideal. Un recorrido por sabores que parecían conversar entre sí: el cardamomo y la mantequilla guiando el entrecot; la soja abrazando los huevos rotos con atún rojo; y ese toque cítrico que elevaba la ensaladilla rusa con una frescura fascinante.
El gazpacho de fresa apareció jugoso y cremoso, con notas inesperadas de piña y maracuyá gracias a la presencia de etil butirato. El tiradito de salmón y yuzu fue un pequeño festín de aromas donde la naranja se hacía notar sin imponerse. Las croquetas, respetuosas con el jamón y con una bechamel suave, completaron el desfile.
Todo ello acompañado por dos sangrías de la casa: Victoria Jerez y Paloma Victoriana, cada una con su personalidad. Para cerrar, un Merlot que nos acompañó en el postre: una deliciosa tarta de queso y un tiramisú que puso el broche final. Ah, y qué decir del pan fresco: crujiente y sabroso.
La experiencia en moléculas
Si tuviéramos que traducir esta experiencia en moléculas, hablaríamos de la damascenona, que aporta aromas a violetas; del linalool, con sus matices cítricos tanto en los platos como en el Merlot, además de notas de menta y eucalipto; de la ionona, profunda y elegante; del etil butirato, responsable de ese guiño a piña en el gazpacho; y del omnipresente hexanal, que une todo con su frescor verde característico.
Una experiencia que se siente, se huele y se recuerda.
“Que cada experiencia nos recuerde que el sabor también es emoción. Hasta la próxima copa.” “Que el vino nos guíe, y cada momento nos encuentre despiertos.”
Felicidades a todo el equipo Rosi La Loca