Moléculas del vino

El Champagne que revela su suelo: Laurent Lépitre y la magia de la Petite Montagne

Hace unas semanas tuvo lugar una de esas experiencias —en el Salón Mibil— que recuerdan por qué el vino sigue siendo un territorio inagotable de descubrimiento.
Reims
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Una cata dedicada a explorar champagnes elaborados sobre distintos tipos de suelo nos permitió adentrarnos en la esencia del terroir, ese concepto tantas veces invocado y pocas veces comprendido en toda su profundidad. La propuesta era sencilla y a la vez reveladora: catar champagnes de diferentes casas, diferenciados únicamente por la naturaleza del suelo del que procedían. El resultado fue un viaje sensorial que dejó al descubierto cómo la tierra transforma los aromas, la textura y la expresión final del vino.

Entre todos los champagnes presentados, uno destacó para nosotros por su complejidad, su carácter y la forma en que el terroir se manifestaba con una claridad casi pedagógica. Detrás de esa botella estaba Laurent Lépitre, un joven vigneron que está dando mucho que hablar en la Petite Montagne de Reims.

Un heredero con mirada propia

Laurent Lépitre representa a la nueva generación de viticultores champenois que combinan tradición y sensibilidad contemporánea. Heredero de más de un siglo de historia familiar en Coulommes-la-Montagne, ha sabido construir una identidad propia sin renunciar al legado recibido. Sus primeras cuvées —Le Levant y Le Couchant— nacieron en 2017, marcando el inicio de un proyecto que hoy se consolida como una de las voces más auténticas del terroir de la región.

Sus viñedos, repartidos entre la Montagne de Reims y el Macizo de Saint-Thierry, se asientan sobre suelos arcilloso-calcáreos y arenosos, una combinación que aporta tensión, mineralidad y profundidad a sus vinos. Lépitre trabaja bajo los principios de la agricultura biodinámica, sin herbicidas ni insecticidas sintéticos, con un enfoque centrado en la biodiversidad y el equilibrio natural del viñedo.

Vinificación natural, mínima intervención

La filosofía de Laurent continúa en la bodega, donde apuesta por una vinificación natural que respeta al máximo la identidad de cada parcela:

  • fermentaciones espontáneas con levaduras autóctonas
  • crianza en barricas de al menos 15 años
  • intervención mínima
  • ausencia de estabilizaciones forzadas

El resultado son champagnes que no buscan uniformidad, sino autenticidad. Vinos que hablan del suelo, del clima y de la mano que los elabora.

Lépitre
Lépitre

Le Levant y Le Couchant: dos miradas, un mismo espíritu

Le Levant – Blanc de Meunier

Elaborado con 100% Meunier procedente de una parcela orientada al este, este champagne captura la energía del amanecer.

  • Crianza de 10 meses en barricas de 228 litros
  • Dosage Extra Brut de 2 g/l
  • Producción limitada

Es un vino vibrante, preciso, con una tensión que refleja la influencia de los suelos calcáreos y la frescura de su exposición.

Nos centramos en Le Couchant 2019

Le Couchant – Blanc de Blancs Su contrapunto es Le Couchant, un 100% Chardonnay procedente de una parcela orientada al oeste, donde la luz de la tarde aporta madurez y amplitud.

  • Crianza de 10 meses en barrica
  • Dosage Extra Brut de 2 g/l
  • Producción limitada

Más envolvente y luminoso, representa la faceta más refinada del Chardonnay de la Petite Montagne.

La consolidación de un estilo

La obra de Laurent Lépitre es un ejemplo de cómo tradición e innovación pueden convivir sin fricciones. Sus champagnes, elaborados con una sensibilidad casi artesanal, se han convertido en expresiones puras del terroir de Coulommes-la-Montagne. Cada botella es un recordatorio de que el champagne, más allá de su aura festiva, es un vino de origen, de suelo y de identidad.

En un momento en el que los consumidores buscan autenticidad y sostenibilidad, el trabajo de Lépitre se alza como una referencia imprescindible para comprender hacia dónde se dirige la nueva generación de vignerons en Champagne.

En nuestra opinión, hablando en moléculas

El perfume de este champagne de uva Chardonnay se abre con una frescura cítrica donde el limoneno y el citral iluminan la copa con notas de limón y mandarina. Luego aparecen las flores blancas —jazmín y acacia— sugeridas por el linalol, el nerol y el geraniol, que aportan una elegancia etérea. La fruta blanca —manzana verde y pera— nace del hexanoato de etilo y el butirato de etilo, mientras un toque de melocotón proviene del lactato de etilo. La crianza deja un susurro de brioche y almendra gracias al diacetilo, las acetoinas, los furfurales y el benzaldehído. Finalmente, una vibración mineral, marcada por trazas de aldehído fenilacético, recuerda la tiza húmeda del terroir.

Qué gratificante es saber que jóvenes como Lépitre no solo siguen un legado, sino que lo honran con cada paso. Jóvenes que entienden que el vino no es solo técnica, sino alma, origen y convicción. Que hacen todo —y más— por mantenerse fieles a sus principios, a su tierra, a su historia. Gracias por eso, Lépitre.

Un aroma preciso, luminoso y profundamente ligado a su origen.