Ignacio Martínez, director general de IndraMind, ha destacado durante la feria que la protección de los suministros ha pasado de ser una cuestión de optimización operativa a convertirse en un elemento crítico de seguridad nacional. Según el directivo, la industria ya no puede suponer que el riesgo geopolítico es inexistente, especialmente tras las crisis de materias primas derivadas de la pandemia.
El foco actual ha virado hacia la resiliencia y la garantía de acceso seguro a rutas y procesos ante un escenario de guerra híbrida donde confluyen ciberataques, disrupciones físicas y desinformación.
El sistema operativo de la cadena de suministro
El modelo de IndraMind se basa en el control total sobre los datos, los algoritmos y la infraestructura para reducir las dependencias externas.
Esta arquitectura actúa en dos niveles diferenciados pero conectados. Por un lado, cuenta con una capa estratégica que analiza riesgos globales mediante mapas de calor y simulación de escenarios complejos, lo que facilita la toma de decisiones antes de que un incidente logístico o físico escale. Por otro lado, dispone de una capa operativa que vigila constantemente señales de alerta, desde datos logísticos tradicionales hasta fuentes de información restringidas, proponiendo respuestas automáticas para minimizar paradas en la fábrica.
Pilares para la autonomía tecnológica europea
Para Indra, la soberanía tecnológica en Europa ya no es una opción, sino una condición necesaria para proteger tanto el ámbito civil como el de seguridad y defensa. En este sentido, la dirección de IndraMind propone un plan de acción para las industrias que dependen de redes de suministro complejas.
Este plan se fundamenta en el control exhaustivo del inventariado, la selección de proveedores preferentes con capacidad de ampliar la producción, la diversificación de socios para evitar la dependencia de un solo país y la creación de capacidad nacional para fabricar componentes esenciales cuando el riesgo externo sea demasiado alto.
Con esta plataforma, el grupo refuerza la ciberresiliencia de las infraestructuras críticas al permitir ejecutar inteligencia en el propio terreno. Al apoyarse en la supercomputación y conectar con sistemas autónomos, el sistema busca reducir drásticamente los tiempos de reacción ante crisis que ya no son solo digitales, sino también físicas o electromagnéticas, manteniendo siempre la continuidad operativa de la industria.