Los viajes en tren, protagonistas de tantas historias, novelas, canciones, películas, reflexiones..., de tantos cuadros, poemas, amores..., fueron placenteros a lo largo de mi vida, hasta que hace unos años se transformaron en un medio de transporte incómodo, imprevisible, desagradable. Ahora, tras el terrible y evitable accidente ferroviario del 18 de octubre en Adamuz (Córdoba), he constatado que además son peligrosos. El pésimo estado de nuestra red viaria, debido al desinterés, desconocimiento, falta de inversiones y abandono de quienes debían cuidarla, han convertido a los trenes en un arma letal.
Desde hace un tiempo ya no viajo por placer, no sé con qué mala sorpresa me voy a encontrar, solo lo hago por necesidad. En las actuales circunstancias, voy a atrasar mi obligado nuevo viaje todo lo que pueda, tengo que atravesar el peor tramo de la línea de alta velocidad (LAV) Madrid- Barcelona, el de Mejorada del Campo-Calatayud. Tras la tragedia de Adamuz, el gobierno ha adelantado la licitación para la adquisición de nuevas traviesas debido al mal estado de las actuales, sobre las que circulan diariamente en dos direcciones cerca de 30 trenes de alta velocidad ( AVE, Iryo, OUIGO y Avlo). Deseo que se repongan pronto, e íntegramente, para que no se produzca otro descarrilamiento y haya más muertos, más heridos, más dramas, más dolor. Para evitarlo, los sufridos viajeros aguantaremos una vez más, aunque por poco tiempo, trenes parados, atrasos, disminuciones de la velocidad, golpes y traqueteos, algún moratón, bebidas derramadas, objetos caídos..., pero no descuido, desatención, abandono y asquerosa suciedad en vagones y servicios. Todavía siento náuseas al recordar el estado de los servicios del AVE Sevilla-Huesca, que tomé en esta ciudad a mediados de octubre de 2025. Los recorrí todos, sin poder usar ninguno, atascados de excrementos y sin agua.
Escribí cuando el AVE circulaba con velocidad y eficacia: "el tiempo que nos condujo al compás de los viejos trenes ahora nos conduce a la velocidad del AVE". Bendito y casi olvidado tiempo, cuando trenes y red viaria se cuidaban y estaban en perfecto estado, y no abandonados a su suerte y transformados en posibles armas letales.
El desastre de Adamuz, con sus 46 muertos, sus heridos, su dolor y la inmensa tristeza que nos ha dejado, ha sido calificado por una madre, que ha perdido en él a su hijo, trabajador de RENFE, como "la crónica de una muerte anunciada", porque éste le había avisado muchas veces de lo que podía ocurrir aquí o en otras vías. "Cualquier día me recogerán con una pala", le había anunciado. Conocía, igual que sus compañeros, el mal estado de las mismas.
Señor Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible (ahora insostenible), por favor, váyase. Deje que alguien, más sensible y competente que usted, ocupe su lugar.