La Receta

La supervivencia frente al cáncer mejora: razones para un optimismo responsable

Cada 4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer, conviene mirar los datos con serenidad. El cáncer sigue siendo uno de los grandes retos sanitarios de nuestro tiempo, sí, pero también es uno de los campos donde más claramente se aprecia el progreso sostenido de la medicina moderna. No es un eslogan: es estadística.

En España, la supervivencia ha mejorado de forma constante durante las últimas décadas. Según el informe “Las cifras del cáncer en España. Año 2026” de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), elaborado junto con REDECAN -que es una red de acopio de datos sobre el cáncer-, la supervivencia neta a cinco años del conjunto de los tumores alcanza ya el 57,4% en hombres y el 65,2% en mujeres, y se ha duplicado en los últimos 40 años. Traducido a lenguaje cotidiano: hoy vivir con cáncer, o superarlo, es mucho más probable que hace una generación.

El avance no es uniforme, pero hay ejemplos elocuentes. Algunos tumores presentan cifras de supervivencia que hace décadas habrían parecido ciencia ficción: testículo (94,4%), próstata (90,2%), tiroides (hasta 93,9% en mujeres), melanoma cutáneo (91,2%) o mama (87,8%). Son enfermedades graves, por supuesto, pero cada vez más controlables gracias al diagnóstico precoz, la cirugía más precisa, la radioterapia moderna, la quimioterapia optimizada y, en los últimos años, la revolución de la inmunoterapia y los tratamientos dirigidos.

Mientras tanto, tumores tradicionalmente de mal pronóstico como pulmón, colon o recto también mejoran sus cifras de forma sostenida. Incluso en cáncer de pulmón, históricamente ligado al tabaquismo, la supervivencia a cinco años ha aumentado varios puntos en la última década.

La paradoja es que, pese a estos avances, el número absoluto de casos sigue creciendo. No porque “todo vaya peor”, sino por razones demográficas bastante menos dramáticas: más población y más envejecimiento. Cuantos más años vivimos, más probabilidades hay de desarrollar cáncer. 

Además, los programas de cribado hacen su trabajo: detectar antes significa diagnosticar más, pero también curar más. Es el precio estadístico del éxito.

Eso sí, no todo son buenas noticias. Tumores como páncreas, esófago o hígado siguen mostrando supervivencias bajas. Aquí queda camino por recorrer, investigación que financiar y prevención que reforzar. Y conviene repetir lo obvio, aunque a veces se olvide: una parte importante del cáncer es evitable. Tabaco, alcohol, obesidad y sedentarismo siguen pesando más que cualquier molécula milagrosa.

En resumen, la lucha contra el cáncer no es una batalla épica con victorias repentinas. Es algo más aburrido y mucho más eficaz: progreso acumulado, año tras año. Mejoras pequeñas, constantes, casi silenciosas; como siempre ha avanzado la buena medicina. No es algo heroico, pero funciona. Y, francamente, eso es lo que importa.