La guerra entre los Estados Unidos e Irán viene de lejos, concretamente desde noviembre del año 1979 cuando centenares de partidarios del ayatolá Jomeini tomaron la embajada norteamericana en Teherán y secuestraron a 52 rehenes durante 444 días. A partir de ese momento, la guerra, aunque de baja intensidad, estaba servida entre el Irán teocrático que había derribado a la monarquía persa y los Estados Unidos. Pero las cosas en estos años de abierta hostilidad han cambiado mucho debido a las pretensiones de Irán por dotarse de armas nucleares.
El ataque de estos días coordinado entre Israel y los Estados Unidos contra el régimen iraní tiene mucho que ver con el programa nuclear emprendido por Teherán. Tanto los gobiernos norteamericano como israelí ya habían advertido en decenas de veces que nunca tolerarían un Irán con armamento nuclear en la región, un escenario inaceptable para Israel que se tomaba muy en serio las amenazas de los iraníes, en el sentido de borrar de la faz de la tierra al Estado hebreo. La historia del pueblo judío, cumplidas las amenazas de Hitler con el Holocausto, demuestra que toda amenaza debe ser tomada muy en serio, analizada y obrar en consecuencia, tal como está ocurriendo ahora.
El reciente fracaso de las negociaciones entre norteamericanos e iraníes para poner fin al programa nuclear de Irán, junto a un error de cálculo de las autoridades de Teherán a la hora de subestimar las amenazas de Donald Trump, ha llevado a esta situación de guerra entre ambos países y a la eliminación física y política de su máximo líder, Ali Jamenei. Ya Trump había advertido a Teherán que “el tiempo se estaba agotando” y que nunca toleraría a Irán con armamento nuclear en esta parte del mundo.
Aparte de la desactivación de su programa nuclear en ciernes, Estados Unidos pretende con este ataque proteger a sus fuerzas y aliados en la región, como Israel y Arabia Saudí. Y desactivar definitivamente los restos de lo que queda del “Eje de la Resistencia”. Esta fuerza desestabilizadora está compuesta por una red de Estados y movimientos armados que se oponen a la influencia de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, entre los que se encuentran Hezbolá (Líbano), Hamás (Gaza), Yihad Islámica Palestina, milicias chiíes en Irak (como Kataib Hezbolá), el movimiento hutí en Yemen y el antiguo gobierno sirio ya depuesto. Irán actúa como principal patrocinador financiero, militar, tecnológico y logístico de todos estos grupos, fomentando la desestabilización en toda la región y perpetrando acciones terroristas muy concretas, como los atentados de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, en que fueron asesinados más 1200 israelíes y secuestrados otros 251, en la mayor matanza de judíos desde el Holocausto.
Otro elemento de preocupación para Estados Unidos, Israel y los aliados de ambos en la zona, es que Irán posee uno de los mayores arsenales de misiles balísticos de Oriente Medio, que incluye misiles de corto y medio alcance (capaces de alcanzar Israel, Arabia Saudí o bases estadounidenses en la región) y programas de misiles de mayor alcance en desarrollo. Mientras estos dos programas, el nuclear y el de misiles balísticos, sigan en marcha, como era el deseo de Jamenei y otros líderes iraníes, una espada de Damocles amenazante y peligrosa pende sobre Israel y las bases norteamericanas en la región.
En lo que respecta a la Unión Europea (UE), la misma ha respondido con tibieza y poniendo “paños calientes”, para tratar de calmar una situación conflictiva sin resolverla de fondo, tal como suele hacer casi siempre. El abismo entre los Estados Unidos y sus antiguos socios europeos -¿seguimos siendo aliados?- se agranda cada vez más, ante la incomprensión y poca solidaridad de los mismos ante las amenazas reales que significa la pervivencia del régimen iraní. En definitiva, esta crisis vuelve a mostrar a las claras las diferencias que en materia geoestratégica muestran los europeos con respecto a los intereses de los Estados Unidos e Israel, cuya solidez en sus relaciones contrasta con la (casi) ruptura del vínculo transatlántico que antes unía al viejo continente con su aliado de América del Norte. Irán sigue siendo un peligro para la estabilidad regional y esa amenaza solamente será ciertamente desactivada cuando caiga el actual régimen teocrático. Netanyahu y Trump tienen razón y punto.