El terremoto del 10 de agosto golpeó a Colombia con una fuerza devastadora, pero también despertó algo que muchos creíamos perdido: nuestra capacidad de unirnos.
Nos unió el dolor, las lágrimas y el desconcierto ante las tragedias ocurridas en cada ciudad y pueblo de la zona afectada. Frente a la magnitud de la catástrofe, los odios y enfrentamientos creados por el gobierno de Petro desaparecieron. Hoy se respira en Colombia un sentimiento de unidad admirable y esperanzador.
La tragedia ha demostrado, también, que Colombia no está sola. Estados Unidos, México, Ecuador, El Salvador, Chile y Brasil enviaron ayuda y personal de rescate. Israel, país con el que Petro rompió relaciones, fue el primero en responder. India, Noruega y Suecia también se han sumado con suministros y apoyo económico.
Desde España, la Fundación Madrina ha extendido su mano para ayudar a Colombia. En colaboración con el equipo Defensores por la Patria, integrado por colombianos en España, están recibiendo, clasificando, empacando y enviando donaciones, especialmente equipamiento y artículos de primera necesidad, como pañales y alimentos para niños.
Lo recolectado está siendo enviado a la Fundación Colombia Luz y Sonrisas, vinculada a Ana Lucía Pineda, primera dama de Colombia, que está concentrando sus esfuerzos en este momento en apoyar a familias y comunidades en situación de precariedad debido al terremoto.
Las cifras, tristemente, crecen día a día. Según el más reciente reporte, con corte al 16 de agosto, “el terremoto ha afectado a 120.671 familias en 15 departamentos y 472 municipios de Colombia. Chocó, Risaralda, Valle del Cauca, Caldas y Quindío se encuentran entre los territorios más golpeados”.
Sin demora ni aspavientos, el Gobierno ha actuado con precisión, humanidad y respeto por las víctimas y las autoridades locales. Abelardo de la Espriella y sus ministros, apenas tres días después de haberse posesionado, llegaron a los lugares más críticos de la catástrofe, dispuestos a trabajar sin descanso.
El presidente declaró de inmediato el “Desastre Nacional”. Sin demora, comenzó a funcionar un Gobierno que llegó a tiempo y está cumpliendo. Ya están en marcha programas de subsidios de vivienda, alquiler, servicios públicos y otros apoyos prioritarios para quienes lo perdieron todo.
De la Espriella ha sido categórico: quien se robe un centavo de los recursos destinados a las víctimas tendrá que responder ante la justicia. En una tragedia de esta magnitud, la corrupción no puede tener espacio.
No en vano, tantos países nos están ayudando, pues tienen la confianza de que los auxilios recogidos llegarán a su destino.
La naturaleza nos ha golpeado. Estamos tristes y agobiados, pero no derrotados, porque hemos recuperado algo esencial: la unión. Y, como sabemos, la unión hace la fuerza.
El terremoto nos golpeó, pero también nos unió. Estamos enterrando a nuestros muertos, cuidando a nuestros heridos, removiendo escombros y llevando alimentos y materiales a donde hacen falta.
Con De la Espriella llegó esa Patria Milagro que queremos: unida, resiliente, puntual, honesta y decente, sin odio y sin indiferencia.
Ahora nos corresponde demostrar que una Colombia unida también puede reconstruirse con inteligencia, honestidad y corazón.