Si miramos las encuestas que se publican en muchos medios de comunicación comprobamos con gran consternación cómo el PSOE -el partido cuya asombrosa incompetencia en la gestión de los asuntos públicos solo es comparable con su nivel de corrupción- anda todavía por encima de los cien diputados. Y uno se pregunta con verdadera angustia qué otro disparate tendría que cometer el gobierno para que el votante socialista decidiera reconsiderar su voto o, al menos, quedarse en casita el día de las elecciones.
Comprobamos, en efecto, cómo los servicios públicos se están deteriorando a ojos vista, mientras que las obligaciones que se imponen a los españoles -impuestos, restricciones a la libertad, cargas de todo tipo- alcanzan niveles insoportables. Lo vemos también en las catástrofes que periódicamente nos asolan ante la ineficacia de quienes deberían protegernos: volcanes, terremotos, incendios, apagones, descarrilamiento de trenes, invasiones… nada frena el cinismo de Bolaños ni las ansias pendencieras del ministro de Transportes, siempre preparado para lanzar exabruptos a través de las redes contra quien ose criticar su gestión.
Mientras tanto, la capacidad socialista de encontrar cabezas de turco continúa intacta, incluso parece remozada. Abascal, Trump, Netanyahu, ahora también la Meloni, son los responsables de que nos estén invadiendo por el flanco sur. Lo indignante no es lo que hace la morisma en nuestro territorio, sino Felipe VI, que le da la mano a cualquiera que se le acerque. Más que de obcecación aquí hablamos de verdadera contumacia en el mal.
Las explicaciones racionales que se nos ocurren para justificar este verdadero mysterium iniquitatis que afecta a tantos ciudadanos españoles nos parecen del todo insuficientes. Entendemos que hay mucho apesebrado, mucho gorrón enchufado a la teta pública cuyo modus vivendi peligraría si el Dr. Sánchez abandonara la Moncloa. Admitimos que hay también mucho ignorante enganchado a las televisiones en abierto, convencido de que fuera de lo que dice la caja tonta no hay salvación posible. Con el fútbol y los eclipses muchos se dan por satisfechos.
Por otro lado, la increíble fuerza que ha adquirido en nuestro país la Antiespaña (separatistas, comunistas y ultracomunistas, globalistas…) ha encontrado en este PSOE una bicoca a la que no está dispuesta a renunciar bajo ningún concepto. Es posible también que ya haya muchos “nacionalizados” exprés, personas extranjeras que sienten por España el mismo cariño que podemos sentir nosotros hacia Arabia Saudí. Esos van a seguir votando PSOE hasta el día del juicio final.
Ninguna autocrítica, ninguna reacción del “PSOE bueno” viene a suponer siquiera un mínimo reparo a la hora de cuestionar a este gobierno traidor decidido a acantonarse en el poder, mientras a los españoles les caen en la cabeza los cascotes de la ruina nacional.
Decía Ortega que “el esfuerzo inútil conduce a la melancolía”. Aquí, la labor de persuasión parece que está ya agotada. No queda más salida que la moción de censura o la vía penal del artículo 102 de la Constitución. Y por una vez estamos de acuerdo con Aznar: “El que pueda hacer algo, que lo haga”. Pero que sea ya.