LA MIRADA DE ULISAS se detiene en una reflexión que la persigue desde que observa la exacerbada presencia del antisemitismo. Pensaba que estaba enterrado de manera justa y sincera a raíz de los horrores del Holocausto, que tanto avergonzaron y deshonran a la Humanidad. Pero con el corazón arañado entiende, según lo que ve y oye, que sólo dormía para despertar con mayores bríos. Representa el sofisma de distracción de muchas naciones en problemas, que en vez de ocuparse de sus propias miserias buscan las “supuestas ajenas” para bifurcar atenciones. Bien visto y señalado es que el antisemitismo, también llamado anti- sionismo, que es lo mismo, aunque lo disfracen con una versión política que diste de la realidad, se agrava con el malestar del mundo.
Sion siempre ha sido asociado con Israel, la Tierra Prometida que jamás dejó de ser el anhelo de retorno de todo judío: volver a la tierra de sus antepasados, aún en la diáspora para recuperar sus raíces ancestrales. Dirige sus rezos hacia Jerusalén y propiamente hacia el Muro de los Lamentos, mientras otros pueblos ocupan otras direcciones y espacios como los musulmanes con la Meca, donde se reúnen cada año para sus magnas celebraciones. Lo más relevante es que mientras algunas naciones denigran a Israel, la Tierra Santa con todas sus guerras y crisis se fortalece de modo milagroso. Deja en claro que su economía no titubea porque el bienestar de su población de cualquier origen que sea es prioritario y muy defendido.
Quizá sea motivo de mayor rabia de ciertos países en problemas al constatar que aún en el revés, el pueblo judío halla la entereza para levantar vuelo nuevamente como el Ave Fénix, que renace de sus cenizas. Y entre más condenaciones recibe por parte de gobiernos dictatoriales y corruptos, el régimen israelí con todos sus problemas tanto internos como externos, que no son pocos ni insignificantes, centra sus fuerzas en el progreso, en el bienestar de su gente, sea judía, musulmana, católica o de cualquier otra creencia o raza. Israel consigue despojarse de lo negativo para transformarlo en positivo al buscar metas más elevadas como sus inventos y sus logros: hacer del desierto un oasis o desalinizar el mar etc… mientras en otras patrias, que no se comportan como tal, el descuido a su población es inmenso y condenable. La mirada de Ulisas lo está viendo con los iraníes que están dispuestos a la muerte con tal de conseguir nuevamente la anhelada democracia, que les fue usurpada hace varias décadas por el fanatismo más recalcitrante.
Odiar a Israel, a sus ciudadanos, o aún a los judíos nacionales o de otras tierras no es la solución a los problemas internos de ninguna nación. Tarde que temprano ese sofisma de distracción muestra su verdadero rostro. Pierde su motivo de descrédito, porque todo aquel que visitó a Israel o que lo hará en un futuro, sabe y sabrá que Israel no espera la aprobación del mundo para seguir con su misión de llevar luz a la Humanidad con sus ingenios como: el goteo gota a gota, que tanto adelanto les ha traído a otras poblaciones en diversos continentes. ¡Y qué decir de los numerosos Premios Nobel! Muestran como los judíos anhelan el bienestar para sus hermanos, aunque no sean judíos. Salvar vidas es el buen propósito de los científicos tanto de Israel como de los demás países. ¿Será acaso la intención de los dirigentes de sistemas autócratas? Les resulta más fácil propagar odio que ocuparse de sus ciudadanos que viven en desesperanza.