Motivado por un destacado abogado, árbitro, empresario y profesor, quien habita en Cuenca, decidí visitar esa ciudad. Nos unía el haber sido ambos becados Hubert Humphrey, en los Estados Unidos, como parte del programa Fulbright. Tras una larga escala en Guayaquil, en donde percibí los serios problemas de seguridad interna que enfrenta el presidente Novoa, arribé a Cuenca en un vuelo de Latam de menos de media hora. Años atrás ya había visitado Quito, motivado esa vez por un gran diplomático español que cumplía funciones en el Ecuador. Con mi visita a Cuenca cumplía con conocer las 3 ciudades más importantes de un país de 18,8 millones de habitantes y una superficie de 256 mil kilómetros cuadrados, la mitad de España. Por sus características geográficas y por ser un país con niveles de ingresos medios, la carreteras del Ecuador no son las ideales, considerando también la inseguridad en algunas rutas. Aquí existe una gran oportunidad para empresas españolas y chilenas para llevar adelante proyectos en infraestructura.
Tampoco existe una red ferroviaria que facilite el transporte de pasajeros y carga. Guayaquil, Quito y Cuenca son en cierta medida centros urbanos distintos en muchos aspectos. La costa pacífica le otorga a Guayaquil con casi 3 millones de habitantes, su carácter portuario conector con el resto del mundo. Quito con una población similar, concentra el poder político, las relaciones internacionales y los organismos de control. Finalmente Cuenca con unos 800 mil habitantes y enclavada a 2650 metros sobre el nivel del mar, constituye un verdadero paraíso. Observar y recorrer la Catedral de Cuenca, visitada por el Papa Juan Pablo II en 1985, ya justifica una poderosa razón para visitar Cuenca. Sus imponentes cúpulas revestidas por azulejos azules vitrificados de origen checoslovaco, la posicionan como una de las más admiradas de América. Si a lo anterior le agregamos diversos mercados, calles adoquinadas, edificios antiguos bien conservados y la hospitalidad de su gente, empezamos a entender por qué se debe visitar Cuenca. Es una ciudad con un clima privilegiado, con gastronomía de alto nivel y con costos razonables. Existen muchos hoteles de alto estándar, tanto en el centro de la ciudad como en los alrededores. Diversos monasterios de congregaciones católicas, resguardan en su interior a religiosas que han decido rezar por todos nosotros. Cenar en el restaurante Tiestos, con un buen vino chileno, o comerse una pasta de camarones en salsa de queso en el restaurant El Confesionario, mirando la catedral, constituyen dos imperdibles.
No fue entonces casual, la elección de Cuenca en 2024 como sede de la XXIX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado. A unos 40 minutos de Cuenca se ubica el Parque Nacional Cajas con una superficie de 245 kilómetros cuadrados y 270 lagunas, cuyas aguas fluyen algunas hacia el Atlántico debiendo recorrer unos 6.000 kilómetros para desembocar allí, y otras fluyen hacia el Pacífico. Ubicado a 4000 metros sobre el nivel del mar, el trecking en el parque es recomendable para quienes disfrutan de esa disciplina. Al regresar a Cuenca, otro imperdible es una parada en el complejo turístico Dos Chorreras, para degustar trucha ahí cultivada o chocolates de alta calidad. Cuenca alberga dos importantes universidades. Una es la estatal Universidad de Cuenca con 15 mil alumnos y la otra privada, la Universidad del Azuay con unos 6 mil alumnos. Por todo lo antes expuesto, muchos extranjeros pensionados han elegido Cuenca como lugar de residencia. Hace poco tiempo un moderno centro comercial llamado Mall del Alto, de alto estándar, se ha inaugurado en las afueras de la ciudad. El resumen de mis días en Cuenca, es que es una ciudad maravillosa, con amplia variedad cultural y gastronómica y muy segura, si la comparamos con otras ciudades de Sudamérica. Visitar Cuenca lo recomiendo sin restricciones.