La Inteligencia Artificial ha dejado de ser un asunto técnico u operativo para convertirse en una prioridad estratégica en la agenda de los consejos de administración. Así lo sostiene la Guía de Consejeros para una IA ética, elaborada por el Centro de Gobierno Corporativo de Esade en colaboración con IBM, que alerta de que la gobernanza de la IA condicionará la creación de valor, la gestión de riesgos y la legitimidad corporativa en los próximos años.
El documento, presentado en noviembre de 2025, parte de una constatación clara: la IA está redefiniendo la gobernanza corporativa. Su impacto alcanza al diseño de la estrategia, al perfil de los consejeros y a la forma en que los consejos deliberan y toman decisiones. Según los estudios del propio centro de Esade, la IA generativa ya ocupa el segundo lugar en la agenda del consejo de cara a 2030, solo por detrás de la ciberseguridad, consolidándose como uno de los grandes ejes de supervisión.
La guía subraya que los consejos no pueden limitarse a aprobar inversiones en IA, sino que deben liderar activamente su despliegue ético y responsable. Esto implica integrar la IA en el marco global de gobierno corporativo, alinearla con los valores de la organización y asumir un papel directo en la supervisión de sus riesgos éticos, legales y reputacionales.
Uno de los principales desafíos identificados es el déficit de conocimiento tecnológico en los consejos. Estudios citados en la guía revelan que solo el 8 % de los consejeros a nivel global cuenta con experiencia tecnológica, una brecha que resulta crítica en un contexto en el que la IA influye en decisiones sobre personas, datos, inversión y sostenibilidad. La irrupción de estas tecnologías obliga, según el informe, a replantear el perfil del consejero, que debe combinar visión estratégica con capacidad para cuestionar los fundamentos técnicos y éticos de los sistemas de IA.
La publicación destaca también el nuevo entorno regulatorio, marcado por la entrada en vigor del Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, el primer marco legal integral sobre IA a nivel mundial. Este reglamento, basado en un enfoque de riesgo, impone obligaciones estrictas para los sistemas de alto riesgo y refuerza la responsabilidad de los órganos de gobierno. En el caso de España, la creación de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) y el desarrollo de un anteproyecto de ley nacional sobre gobernanza de la IA refuerzan aún más el papel del consejo como garante del cumplimiento normativo.
La guía advierte de que ignorar la dimensión ética de la IA puede tener consecuencias graves, desde sanciones regulatorias hasta pérdida de confianza de inversores, clientes y empleados. Entre los principales riesgos se citan el sesgo algorítmico, la falta de transparencia y explicabilidad, la difuminación de responsabilidades, los problemas de privacidad y seguridad de los datos y el uso indebido de tecnologías como los deepfakes. Frente a ello, el documento insiste en que gobernar la IA no es frenar la innovación, sino hacerla sostenible.
En este contexto, Esade e IBM proponen un marco de gobernanza ética de la IA basado en varios pilares: definición clara de principios y políticas, estructuras organizativas con responsabilidades bien delimitadas, auditoría y evaluación continua de riesgos, integración de la ética desde el diseño de los sistemas y programas de formación transversal, desde el consejo hasta los equipos operativos. La guía subraya que “no se puede gobernar lo que no se puede ver”, por lo que resulta esencial contar con inventarios completos de modelos y sistemas de IA.
El documento también pone el foco en el papel de las comisiones del consejo. La Comisión de Auditoría, la de Riesgos, la de Nombramientos y Retribuciones y la de Sostenibilidad deben incorporar de forma explícita la ética de la IA en sus funciones, supervisando desde la calidad de los datos hasta el impacto social y ambiental de los modelos utilizados.
Lejos de presentar la ética como una carga, la guía concluye que la IA responsable es una ventaja competitiva. Las organizaciones que integren principios éticos en su estrategia tecnológica estarán mejor posicionadas para atraer capital, talento y confianza, y para generar valor sostenible en un entorno cada vez más regulado y exigente.
En definitiva, la Guía de Consejeros para una IA ética lanza un mensaje claro: la gobernanza de la Inteligencia Artificial es ya un imperativo estratégico, y corresponde a los consejos de administración liderar este proceso con conocimiento, criterio y responsabilidad.