Hay figuras literarias que el tiempo convierte en mito. Y hay mitos que, al ser revisitados, revelan grietas, contradicciones y zonas de sombra. Con Neruda y su laberinto pasional, la escritora y periodista boliviana Verónica Ormachea Gutiérrez se adentra en la vida del Nobel chileno Pablo Neruda desde una perspectiva distinta: no como biógrafa académica, sino como novelista histórica que reconstruye escenas, emociones y decisiones que marcaron su trayectoria.
Publicada por el grupo editorial Sial-Pigmalión, la obra ha sido reconocida con el Premio Escriduende a la Mejor Autora Iberoamericana en la FIL de Madrid 2023 y con la Medalla de Oro del International Latino Book Award 2024 en Estados Unidos.
En conversación con El Diario de Madrid, Ormachea repasa el origen del libro, su proceso de investigación y su decisión de narrar al poeta “entero”, sin absolverlo ni condenarlo.
“Crecí con los versos de Neruda porque mi madre y mi abuela eran chilenas”
¿Cómo nace la idea de escribir sobre Neruda?
Yo crecí con los versos de Neruda porque mi madre era chilena, mi abuela era chilena, y estábamos muy vinculados a Chile. Sabíamos sus versos de memoria. En un momento me pregunté: “¿De qué voy a escribir?”. Y apareció Neruda. Conocía su poesía, pero no su vida en profundidad. Entonces empecé a investigar.
La investigación comenzó durante una estancia en España.
Vivía un año en España por la universidad y aproveché para dedicarme a investigar sobre su vida. Encontré libros magníficos en una biblioteca de una americana, consulté la Biblioteca Nacional, recorrí la Cuesta de Moyano. Pedía libros que sabía que existían. Leí muchísimo. Para escribir una novela histórica hay que estar muy bien informado.
De regreso en Bolivia comenzó la redacción definitiva.
Volví y empecé a escribir la novela. La terminé en la época de la pandemia. Fue un tiempo muy difícil, pero a mí me entretuvo muchísimo terminar el libro, corregirlo, ensamblarlo. Escribir una novela histórica es un proceso largo: primero los datos, luego el armado narrativo.
No una biografía, sino una novela histórica
Existen numerosas biografías sobre Neruda. ¿Qué diferencia su obra?
No es una biografía. Las biografías tienen otras características. Esta es una novela histórica. Se insufla vida a los personajes, se describen los escenarios, se arman escenas. Es una técnica distinta.
No existía hasta ahora una novela histórica que recorriera de manera integral su vida. Había biografías, libros sobre sus mujeres, sobre episodios concretos. Pero no un panorama completo narrado en clave novelística.
El enfoque elegido fue su vida sentimental.
Yo no podía juzgar su vida política completa porque habría necesitado varios tomos. Me dediqué a su vida con las mujeres. Su vida sentimental es fascinante. Fue un hombre que siempre buscó mujeres. Siempre tuvo vidas paralelas.
Infancia, pérdida y descubrimiento literario
La novela arranca con la muerte de la madre de Neruda cuando él tenía tres meses.
Su madre muere de tuberculosis. Él crece con su padre, que era muy autoritario, y con una mujer a la que llamaba “mamadre”, que fue extraordinaria con él.
En Temuco conoce a Gabriela Mistral, figura determinante en su desarrollo. Ella descubre al poeta y lo ayuda. Es curioso que Chile tenga dos premios Nobel de Literatura en poesía.
Su juventud estuvo marcada por la falta de recursos económicos. No tenía un peso. Publica Veinte poemas de amor y una canción desesperada muy joven. Dicen que es uno de los libros más leídos en la historia de la poesía.
Asia: soledad y matrimonio sin amor
El destino diplomático en Asia supone una etapa de aislamiento.
Se va a vivir a Asia como cónsul. Allí se siente muy solo. Se casa con una mujer holandesa-malasia, María Antonieta Hagenaar, pero no estaba enamorado. Se casa por soledad. Con ella tiene una hija, Malva Marina, que nace con hidrocefalia y fallece a los siete años.
Es un episodio muy difícil. Yo en el libro no opino sobre su vida personal. Me limito a contar los hechos.
Madrid, la Generación del 27 y el compromiso republicano
La etapa española es clave en la vida del poeta.
En Madrid se integra en la Generación del 27 y entabla amistad con Federico García Lorca, Miguel Hernández y Rafael Alberti. España fue fundamental. Amaba profundamente este país. Aquí escribió España en el corazón.
Como cónsul de Chile, facilitó el asilo de republicanos durante la Guerra Civil y organizó el traslado de más de 2.000 exiliados a Chile en el Winnipeg. Esa fue una misión especial. Logró sacar a miles de republicanos que estaban en Francia. Muchos de ellos contribuyeron al crecimiento cultural y económico de Chile.
Delia, Matilde y las vidas paralelas
Su relación con Delia del Carril influye en su giro hacia la izquierda. Ella era una mujer muy inteligente, mayor que él, y tuvo mucha influencia política.
Posteriormente inicia una relación clandestina con Matilde Urrutia, mientras aún mantenía otras relaciones. Siempre tuvo vidas paralelas. No sé si le gustaba sentirse enamorado o si necesitaba esa intensidad para escribir. Pero cuando estaba enamorado escribía versos extraordinarios.
Ormachea no elude la controversia de su oda a Stalin. Escribió una oda a Stalin que me parece deplorable, sabiendo las barbaridades que se cometieron. Pero eso también forma parte de su historia.
El Nobel y la muerte
Cercano a Salvador Allende, fue nombrado embajador en París. Allí recibe la noticia del Premio Nobel de Literatura.
Muere pocos días después del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet. Muchos dicen que fue envenenado, pero oficialmente no está confirmado. Esa duda sigue abierta.
“Yo invito a los lectores a leer el libro”
¿Qué quiere que el lector encuentre en su novela?
Una vida apasionante. Yo no juzgo. No opino sobre su vida personal. Narro los hechos y dejo que el lector saque sus conclusiones. Neruda fue una vida fascinante, compleja, llena de luces y sombras.
Con Neruda y su laberinto pasional, no busco desmontar el mito ni blindarlo. Propongo algo más exigente: recorrer el laberinto completo de un hombre cuya obra sigue siendo leída y cuya biografía continúa generando debate. Una invitación a entrar, sin simplificaciones, en la complejidad de uno de los grandes nombres de la literatura universal.