Hay momentos en los que la protesta deja de ser sectorial para convertirse en un síntoma social. Cuando el malestar del campo, de los autónomos y de los consumidores converge en un mismo punto, ya no hablamos solo de agricultura: hablamos de soberanía económica, de salud pública y de futuro.
Lola Guzmán irrumpe en el debate público desde un lugar incómodo para el poder: el de quien no depende de subvenciones, no responde a siglas políticas y habla sin intermediarios. Presidenta de la Asociación 6F, se ha convertido en una de las voces más visibles del mundo rural tras las tractoradas de 2024 y su posterior salto a Bruselas, donde impulsó junto a asociaciones de once países una Iniciativa Ciudadana Europea contra los acuerdos comerciales que, a su juicio, amenazan la supervivencia del sector primario europeo.
Desde Valencia —donde se firmó el denominado Tratado de Valencia— hasta las movilizaciones frente al Parlamento Europeo y ahora ante el Congreso de los Diputados, Guzmán denuncia lo que considera una deriva antidemocrática de las instituciones comunitarias, una competencia desleal que asfixia al productor nacional y un riesgo directo para la salud de los consumidores.
En esta conversación con El Diario de Madrid, Guzmán expone sin filtros su diagnóstico sobre Mercosur, los nuevos acuerdos comerciales de la Unión Europea, el encarecimiento de la cesta de la compra, el abandono del campo, el papel de los gobiernos y la necesidad —urgente— de una reacción de la sociedad civil.
Usted da el paso en febrero de 2024 y se convierte en una de las caras visibles de las tractoradas. ¿Qué le empuja?
Llega un punto en el que dices “ya está bien”. No podemos trabajar a pérdidas. La gente del campo llega a casa reventada y, encima, nos cargan con más burocracia, más controles y más costes: cuadernos digitales, inspecciones constantes, impuestos. Y al mismo tiempo nos anuncian acuerdos como Mercosur que suponen directamente la ruina. En febrero de 2024 entendí que era ahora o nunca.
Tras las protestas en España decide ir a Bruselas. ¿Por qué ese salto?
Porque vi que aquí ni siquiera se respetaba el derecho a protestar. Multas, palos, represión. Y porque el problema no es solo español, es europeo. En Bruselas me reuní con once asociaciones de once Estados miembros, todas independientes, como la Asociación 6F. No cobramos ayudas ni subvenciones; nos mantenemos con la cuota del afiliado. Como deberían hacer los sindicatos de verdad.
De esa reunión salió la decisión de impulsar una Iniciativa Ciudadana Europea. El acuerdo se firmó en Valencia, como gesto hacia una asociación joven y liderada por una mujer. Lo llamamos Tratado de Valencia.
El eje central de su denuncia es Mercosur. ¿Por qué lo consideran tan grave?
Porque rompe las reglas del juego. A nosotros se nos exigen estándares laborales, sanitarios y medioambientales altísimos —que cumplimos— mientras se permite la entrada de productos de países donde se usan pesticidas, antibióticos y hormonas prohibidos en la Unión Europea. Eso es competencia desleal.
Y no hablamos solo del agricultor o del ganadero. Hablamos de lo que va directo a la mesa del consumidor. Esto es un problema de salud pública.
Ha sido muy crítica con el funcionamiento de las instituciones europeas.
Porque, a nuestro juicio, se han saltado los procedimientos democráticos. El acuerdo con Mercosur debería haberse votado en el Parlamento Europeo y después ratificado en los parlamentos nacionales. Eso no se ha hecho así. Se están abriendo las puertas “por detrás”.
Mientras tanto, se anuncian otros tratados comerciales con India o Vietnam que afectan al arroz, al trigo, a los cereales o al textil. Alguien ha decidido que el sector primario europeo debe desaparecer.
En ese contexto, usted señala directamente a la presidenta de la Comisión Europea.
Sí. Ursula von der Leyen ha impulsado acuerdos comerciales de enorme calado sin el respaldo democrático adecuado. Y eso es gravísimo. Además, se está ignorando el papel del Parlamento Europeo y de su presidenta, Roberta Metsola, que debería garantizar que los procedimientos se respeten.
Aquí no sabemos qué intereses hay detrás, pero lo que sí vemos es que todo se consiente y todo se permite.
¿Qué consecuencias tiene todo esto para el consumidor europeo?
Muy claras. Somos lo que comemos y enfermamos por lo que comemos. En países como Argentina se han documentado casos de malformaciones vinculadas al uso masivo de pesticidas. Aquí esos productos están prohibidos desde hace años.
Además, nadie explica qué se le va a inyectar a una carne que pasa un mes en la bodega de un barco para llegar “fresca” al supermercado. Una carne con más de ocho días en cámara ya ha perdido nutrientes. Lo demás es marketing y engaño.
Se habla mucho de sostenibilidad y cambio climático. Usted cuestiona ese discurso.
Porque es contradictorio. Se obliga al ciudadano a cambiar de coche porque contamina, pero se traerán alimentos desde el otro lado del mundo en barcos que pasan semanas navegando. ¿Eso no contamina? ¿Eso es sostenible?
Es una parafernalia más mientras se destruye la producción local y se encarece todo.
El encarecimiento de la cesta de la compra es una preocupación generalizada.
Totalmente. A los pensionistas les dicen que les suben 50 euros, pero ¿cuánto ha subido la luz, el gas, el agua y el carro de la compra? Con lo que hoy cuesta un muslo y un contramuslo de pollo, hace un año comprabas un pollo entero. La gente no puede acceder ni a la carne ni al pescado. Y eso no es casualidad.
También denuncia el abandono del sector pesquero.
Sí. Se está asfixiando al pescador español mientras se permite faenar a flotas extranjeras en aguas de terceros países. Las conserveras gallegas y del Golfo de Cádiz están en riesgo de cierre. Eso es empleo, industria y soberanía alimentaria.
Si dejamos de producir aquí, dependeremos de lo que otros quieran darnos. Y cuando no quieran darnos nada, ¿qué vamos a comer?
Ante este escenario, ¿qué propone la Asociación 6F?
Movilización real. He probado todas las formas de protesta y sé que muchas no sirven. Por eso vamos a la puerta del Congreso cuando los políticos están dentro. Hay que molestar al político, no hacer manifestaciones cómodas en domingo.
El día 6 estaremos allí, con autorización, para que sientan el aliento del pueblo. No somos ni de derechas ni de izquierdas. Somos los de abajo y venimos a por los de arriba, porque los que gobiernan ni nos protegen ni nos defienden.
¿Cree que la sociedad está reaccionando?
Todavía no lo suficiente. Pero esto ya no afecta solo al campo. Afecta a los autónomos, a las familias, a los consumidores. Si no reaccionamos, seremos la primera generación que no deje nada a los que vienen detrás.
No hablamos de ideologías. Hablamos de comida, de trabajo y de dignidad. Eso es lo que está en juego.