De las voces de Madrid

De “chotis”

El término que designa al baile más castizo del Madrid, el chotis, procede de la voz alemana “schottisch”, un término atestiguado ya en 1810 en tierras germanas cuya traducción al español es "escocés", aunque que se utilizó también como acortamiento de la expresión “Der Schottischer Tanzç”, en español, “la danza escocesa”. Se trata de un baile de origen escocés, que se popularizó entre las clases pudientes de Babiera y Bohemia. La popularidad que alcanzó este baile hizo que a mediados del siglo XIX se pusiera de moda en otros países que heredaron y adaptaron el término alemán originario. Así, en Francia, fue conocido como scottish o schotich, y en España, como “chotis”. 

Según el Trésor de la Langue Française, el “scottish” es un "Baile de salón en dos tiempos, cercano a la polca pero de ritmo más lento, de moda a finales del siglo XIX". Con respecto a su llegada a España, se bailó por primera vez en el Palacio Real de Madrid, durante el reinado de Isabel II, pasando después a popularizarse y castellanizar el término originario “schotich” dando como resultado “chotis”. Esta datación contrasta, sin embargo, con la que proporcionó María Moliner en su Diccionario de uso del español, que sitúa su origen cronológicamente en el siglo XX y lo asemeja a la mazurca, una danza de origen polaco: “chotis m. Danza de parejas, de moda a principios del siglo xx, de aire parecido a la mazurca.”

El chotis madrileño

Fiel a sus distinguidos orígenes, el chotis se escuchó y se bailó por primera vez en salones aristocráticos madrileños, para difundirse posteriormente entre las clases medias en verbenas y fiestas populares, adaptándose en las últimas décadas del siglo XIX a la música popular madrileña, que incorporó el organillo y lo convirtió en baile castizo madrileño.

Se trata del baile por antonomasia de chulapas y chulapos, cuya pieza musical más conocida fue compuesta por el artista mexicano Agustín Lara en 1948, el famoso "Madrid", chotis por excelencia que más tarde versionarían, entre otros, el tenor Plácido Domingo. Su letra, que desborda amor y admiración por la ciudad de Madrid, ha sido y sigue siendo cantada, así como su música bailada, por las chulapas y los chulapos madrileños. Como sucede, también, con el no menos castizo "Pichi" de Francisco Alonso, que fue compuesto unos años antes, en 1931.

Más allá de Madrid

Cabría preguntarse por qué Agustín Lara compuso “Madrid”, siendo un autor de origen mexicano. La respuesta la encontramos, por un lado, en la influencia que ejerció la nostalgia transmitida por los exiliados españoles que se encontraban en Mexico y, por otro lado, en el propio recorrido de este baile, que lejos de acabar en "la tierra del requiebro y el chotís" (esta vez con tilde, como variante gráfica), pasado el ecuador del siglo XIX, atravesó el Océano Atlántico y llegó, entre otros países americanos, hasta México, tal y como se recoge en la novela mexicana titulada "El Zarco: episodio de la vida mexicana en 1861-63", de Ignacio Manuel Altamirano (1888), donde se manifiesta el placer que produce bailar un chotis, tal y como se lee en uno de los textos que reza así: “¡Ah! —exclamó éste, echándose el gran sombrero para atrás, mientras que seguía ciñendo y apretando convulsivamente la cintura de Manuela—. ¡Bien dije yo que había de tener el gusto de abrazarla a toda mi satisfacción! Por ahora está usted con un hombre y nos vamos a dar gusto bailando este chotis". 

Este recorrido por la historia del “chotis”, que abarca su etimología, su llegada a Madrid y su asentamiento en tierras americanas, sirva, a su vez, para que aquellos madrileños seguidores incondicionales de James Alexander Malcolm MacKenzie Fraser alardeen con orgullo del vínculo que existe entre la voz del habla madrileña “chotis” y aquella otra, “schottisch”, que, aunque de origen germánico, tiene esencia escocesa.