Hay frases que entusiasman a los asesores presidenciales. Durante el último viaje oficial de Pedro Sánchez a China, en el Gran Palacio del Pueblo en Beijing, el presidente de la República Popular utilizó una expresión que últimamente escuchamos con demasiada frecuencia en España y que el propio presidente del gobierno español emplea recurrentemente (la última vez el pasado fin de semana en su mini cumbre de líderes progresistas en Barcelona). Xi Jinping afirmó que ambos estaban “en el lado correcto de la historia”.
La frase es un arma retórica potente. No hay que negarlo. Eleva tu posición a la categoría de inevitable, sitúa al rival en la equivocación e invoca el legado de un inaccesible tribunal del futuro.
Quizá por ello tanta gente, de diferentes países, bandos y tendencias, la han utilizado: fue usada en 1891 durante un sermón religioso, por el mormón Elder E. L. Kelly; después la banalizó el determinismo histórico en la segunda mitad del siglo XX, reduciendo la historia a una línea de progreso, en la que la diferencia entre estar en el lado correcto o equivocado depende de cuál sea el concepto de progreso que se maneje. Ésta es otra palabra -progreso- que se ha convertido en retórica, porque la mayoría de los que se atribuyen trabajar por él, lamentablemente se han quedado anclados en el pasado.
Pero volvamos al “I believe we are on the right side of history”. Desde el año 2000 se ha convertido en el comodín de la retórica política. Lo empleó Zelensky el 16 de marzo de 2022 ante el Congreso de los EE.UU para pedir su apoyo frente a Rusia; el mismo año, Joe Biden en Varsovia; Hillary Clinton en 2011 en Ginebra ante las Naciones Unidas para defender derechos humanos del colectivo LGTB; y el expresidente colombiano Iván Duque el 4 de febrero de 2019 instó con esta misma frase a los miembros de la Fuerza Armada venezolana a alzarse contra Maduro y con ello "ponerse del lado correcto de la historia". Barak Obama, en su discurso en la Universidad de El Cairo el 4 de junio de 2009, empleó la frase para referirse a la relación entre el mundo musulmán y EE.UU; y tiempo atrás Tony Blair ante el Parlamento británico para defender la invasión de Irak, palabras de las que luego se arrepintió.
Son solamente algunos ejemplos. Hay gran número de políticos e ideólogos que han usado la frase de marras en los últimos cien años y de los que nadie se acuerda. Todos convencidos de su protagonismo histórico, que ha quedado en una nota a pie de página o en un titular olvidado.
Pero la frase, a pesar de su evidente éxito en los ámbitos de la religión, la guerra y la política, no afirma nada bueno de quien la pronuncia. Denota presunción e intolerancia. Presunción porque el que la dice no se pregunta cómo le juzgará la historia: presume de saberlo. E intolerancia porque si tú estás en el lado bueno, el resto, quién tiene otra opinión, debe estar -obviamente- en el lado malo de la historia.
Probablemente quiénes creen estar en el frente correcto, al no respetar al adversario están próximos a situarse en el injusto. No hay citas textuales de Nerón, Calígula o más cercanamente Hitler o Stalin, afirmando reconocerse en la orilla correcta de la historia, pero si no llegaron a decirlo, sin duda estuvieron cerca. Todos ellos se consideraron inmunes a la equivocación. Hitler escribió en su Mein Kampf: “El éxito lo justifica todo”, y se atribuye a Stalin haber comentado a su ministro de exteriores: “Sé que sobre mi tumba tirarán montañas de basura, pero el viento de la historia las borrará inexorablemente”.
Tengo una mala noticia para quienes acostumbran a usar la frasecita: afirmar que uno está en el lado correcto de la historia -o en su versión negativa, que el adversario está en el lado equivocado- no predice en absoluto cómo te tratará en el futuro la propia historia.
Y yo me pregunto ¿Estuvieron del lado correcto los troyanos o los aqueos?, ¿los egipcios o los hititas?, ¿o quizá los nubios?, ¿los bárbaros o los romanos?, ¿los ciudadanos de Roma o los romanos por nacimiento?, ¿Cortés o Moztezuma?, ¿Pizarro o Diego de Almagro?, ¿los sioux y apaches o los norteamericanos?, ¿los estados del norte o los del sur?, ¿Hitler o Stalin?...
Pero mi oposición a la citada frase no depende de quiénes la han usado, sino de su significado. Lo que dice el enunciado “lado correcto de la historia” es que la historia solo tiene dos únicas vertientes. Altamente improbable. La Historia es una figura poliédrica: tiene muchos lados y ninguno es “el” correcto. Si defendemos la democracia, hay que defender también la pluralidad de ideas y opiniones. Somos humanos. Nadie tiene la potestad absoluta de la verdad.
Y si hay que elegir bando, me apunto al de Albert Camus que, en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1957, lo dijo clarito: “Por definición (el escritor) no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen”.