La Audiencia Provincial de Madrid ha dictado una condena de diez años de prisión contra un profesor de Matemáticas de un instituto de Educación Secundaria de la Comunidad de Madrid, declarado culpable de agredir sexualmente a una alumna y de cometer abusos sexuales continuados sobre otras tres estudiantes del mismo centro durante el curso escolar 2019-2020. Una de las víctimas se quitó la vida en agosto de 2025 como consecuencia directa de las graves secuelas psicológicas derivadas de los hechos.
La pena más grave, por la víctima que se suicidó
La condena principal, de nueve años de cárcel, responde a la conducta delictiva mantenida con una de las cuatro menores, identificada en la sentencia como M., quien falleció por suicidio en 2025 tras años de intenso deterioro psicológico vinculado directamente a las agresiones. Por los delitos cometidos contra las otras tres víctimas se imponen penas de menor entidad, así como multas, medidas de libertad vigilada e inhabilitaciones específicas. Entre las restricciones adicionales figura la prohibición expresa de acercarse al cementerio donde reposan los restos de la alumna fallecida.
Un patrón de conducta que comenzó desde el inicio del curso
Según el relato de hechos probados, el condenado impartía clases a alumnos de 4.º de ESO y desde el comienzo del curso mantuvo un comportamiento diferenciado con las alumnas, caracterizado por acercamientos físicos excesivos, susurros al oído, caricias en brazos, espalda, rostro y muslos, y comentarios sobre su aspecto físico. Todas las víctimas coincidieron en describir un trato desigual: más cercano y físico con las chicas, y más estricto y distante con los chicos. Varias compañeras y profesoras del centro corroboraron estos patrones de comportamiento.
La agresión más grave, el 13 de diciembre de 2019
Los hechos más graves con M. comenzaron el 3 de octubre de 2019, tras un episodio relacionado con una corona de cumpleaños con mensajes de connotación sexual, momento en el que el profesor le dio dos besos que la menor describió como lentos y turbios. A partir de ahí se sucedieron encuentros privados en el aula con las luces apagadas y las persianas bajadas.
El episodio de mayor gravedad tuvo lugar el 13 de diciembre de 2019. Durante el segundo recreo, M. acudió sola al aula del docente. Allí, el profesor le cogió las manos, le confesó que quería besarla y la besó en los labios. Le pidió que se sentara sobre sus piernas y le tocó los pechos y los glúteos por encima de la ropa. Posteriormente, cerró la puerta con llave, la colocó sobre la mesa, le bajó los pantalones y la ropa interior y cometió una agresión sexual.
La sentencia también recoge conductas similares, aunque de menor intensidad, sobre las otras tres alumnas: tocamientos en muslos y cara, abrazos, besos en la mano, guiños y mensajes inapropiados a través de Google Classroom, incluso durante las vacaciones navideñas.
Las secuelas psicológicas y el suicidio de M.
Tras los hechos, M. sufrió un trastorno adaptativo con síntomas de ansiedad y depresión, así como un trastorno de personalidad. Cambió de nombre y de centro educativo, fue hospitalizada hasta ocho veces en unidades de psiquiatría durante el año posterior a los abusos y manifestó de forma recurrente pensamientos suicidas. Acabó con su vida a principios de agosto de 2025. Los informes periciales de las psicólogas que la trataron y de los psiquiatras forenses vinculan directamente su grave deterioro psicológico con los abusos sufridos. Las otras tres víctimas también describieron malestar, incomodidad y temor, aunque con secuelas de menor severidad.
El acusado negó los hechos y alegó una conspiración
Durante el juicio, el condenado negó los hechos más graves y atribuyó las acusaciones a una supuesta conspiración. Los magistrados consideraron que su declaración carece de respaldo externo y presenta contradicciones que minan su credibilidad.
La sala sustenta el fallo en la coherencia de las víctimas
La Sala basó la firmeza de su criterio en la credibilidad de las declaraciones de las víctimas, que resultaron persistentes, coherentes en lo esencial y corroboradas por los testimonios de compañeros y compañeras de clase, por las declaraciones de los padres de M., por los informes del director, del jefe de estudios y de la integradora social del centro, así como por las pruebas psicológicas y periciales practicadas durante la instrucción del caso.