El informe "La trampa de la autoexposición" revela cómo el mercado digital utiliza discursos de libertad para convertir el cuerpo de las menores en una mercancía monetizable.
La investigación identifica la aparición de figuras que actúan como mentores o agencias especializadas en gestionar perfiles de chicas jóvenes en plataformas de contenido sexual. Estos intermediarios no solo se quedan con una parte significativa de los beneficios, sino que dirigen a las menores hacia contenidos cada vez más explícitos para aumentar la rentabilidad. Mientras que a las chicas se las interpela como creadoras empoderadas, a los chicos se les dirige como consumidores o incluso como potenciales gestores de estos perfiles femeninos, lo que perpetúa una desigualdad estructural en el entorno online.
Datos clave del informe y percepción de riesgo
El estudio, basado en encuestas a más de 1.000 jóvenes, arroja cifras preocupantes sobre la percepción y el alcance de esta problemática. Más del 60% de los chicos y casi el 48% de las chicas afirmaron haber visto contenidos que promocionaban la venta de material íntimo antes de cumplir los 18 años. Los menores, más que nunca, reciben a una edad muy temprana estímulos que configuran su mirada hacia la sexualidad de una forma no deseable y que les invita a entrar en una dinámica que vende el cuerpo a cambio de dinero rápido y fácil.
También es llamativo que, pese la alta exposición, solo el 28% de las personas encuestadas identifica estas prácticas como una posible forma de explotación sexual. Es decir, la inmensa mayoría de los menores no son conscientes de estar mercantilizando el cuerpo a través de las redes digitales.
Además, un pequeño porcentaje de jóvenes reconoce haber recibido dinero o regalos a cambio de contenido íntimo siendo menores de edad, lo que genera una falsa sensación de control o ilusión de agencia que ignora las asimetrías de poder.
Medidas urgentes para la protección de la infancia
Save the Children insiste en que, cuando se trata de menores de edad, no existe el consentimiento válido para el intercambio de material sexual. Ante esta situación, la organización reclama la implementación real y efectiva de sistemas de verificación de edad en todas las plataformas de contenido adulto.
También exige que se depuren responsabilidades legales para las empresas que se lucran con estos contenidos y se refuerce la educación afectivo-sexual integral con un enfoque de género y ciudadanía digital para adolescentes y familias. Se están realizando muchos esfuerzos en educar a las nuevas generaciones en estos temas, pero la normalización de las plataformas de contenido íntimo y la facilidad de obtener grandes sumas de dinero con poco esfuerzo lastran la concienciación y, en muchos casos, puede más que la ética o el respeto propio y ajeno.
Es significativo que en una sociedad en la que se lucha tanto por los derechos de las mujeres y contra la opresión, se fomente de una forma tan masiva este tipo de servicios nuevos que recuerda a la prostitución digital. Quizá de una forma menos explícita o menos directa, pero que se trata en definitiva de ganar cantidades de dinero, a veces enormes, a costa de realizar desnudos, posturas y todo tipo de acciones para el deleite de quienes pagan.
Un feminismo bien entendido, lejos de enfrentar a los hombres y a las mujeres o de señalar a los primeros como culpables de todo mal, podría poner más el foco en estas nuevas realidades que afectan a miles y millones de menores en todo el mundo con la inmediatez que permiten los smartphone, con el servicio a golpe de click.
Proteger los derechos de las niñas implica necesariamente combatir un mercado digital que disfraza la explotación de libertad.