El mensaje me llegó por varias vías distintas de WhatsApp en apenas unas horas. Era un llamamiento urgente de PickUp Solidaridad para movilizar ayuda ante la catástrofe de los terremotos en Venezuela. Aunque ya había oído hablar de ellos tiempo atrás a través de unos conocidos, la iniciativa despertó mi curiosidad de inmediato: ¿qué hacían en este grupo para apoyar a los venezolanos en estos momentos de urgencia desde Madrid? ¿Cuántos eran y cómo se organizaban? ¿Conseguían que los bienes llegaran a su destino realmente o se los quedaba un intermediario?
Decidí ponerme en contacto con ellos y conocerlos. Días después, en su local, me recibió Paula Ramos, su coordinadora general, quien me enseñó las instalaciones y me explicó cómo lo que hoy es una red de ayuda masiva empezó, en realidad, de la forma más sencilla durante los meses de confinamiento por el COVID.
El origen de PickUp Solidaridad: de hacer la compra a los vecinos a mover toneladas de alimentos
En aquel momento, un grupo de siete u ocho amigos jóvenes se dio cuenta de que muchos de sus vecinos mayores no podían salir a hacer la compra. Decidieron organizarse para ir a los supermercados por ellos y llevársela a casa (de ahí se les quedó el nombre de pick up). Pero al entrar en las casas descubrieron que el problema real no era solo la falta de movilidad por el virus, sino que muchas familias directamente no podían permitirse pagar la cesta de la compra.
En ese momento, la iniciativa cambió de rumbo y decidieron centrarse en la recogida masiva de alimentos. Durante esos meses de COVID, gestionaron el reparto de forma directa con los vecinos, logrando canalizar 50 toneladas de alimentos, colaborando además con las familias de la Fundación Altius y de la Parroquia San Juan de Dios.
De aquellos fundadores —entre los que siguen vinculados Jaime Guijarro, "Jimmy", y Elías Paramio, ahora más como guías y consejeros— ya no queda casi nadie en el día a día. Al ser un voluntariado que exige mucho tiempo, la estructura va rotando. Actualmente, la gestión diaria de esta base de operaciones recae en un equipo de coordinación integrado por jóvenes como Sofía Medina, Alejandro Navarro, Luciano Jaramillo y Luca Piattoni, además de la propia coordinadora general, Paula Ramos.
Ahora, la asociación cuenta con una red activa de unos 150 voluntarios en Madrid. Su perfil de voluntarios es eminentemente joven: el 85% tiene entre 18 y 25 años, muchos de ellos comprometidos con el proyecto en la Universidad Francisco de Vitoria o en colegios católicos como el San Patricio y el Cristo Rey de las Rozas. Aun así, hay excepciones que rompen la norma, como Beatriz, una voluntaria de 50 años que en cada jornada de recogida es capaz de llenar ella sola hasta seis carros de supermercado gracias a su capacidad arrolladora de convencer a la gente en las puertas.
Cómo funciona la logística en el garaje de Clara del Rey
El local de PickUp es un garaje situado en la calle Clara del Rey, 45. Allí se organiza todo cada mes y medio. El viernes y el sábado, los voluntarios se reparten por las puertas de supermercados colaboradores, como Mercadona o Día, para pedir las donaciones. Luego, Sofía Medina se encarga de dar las rutas con la furgoneta para recoger los alimentos acumulados y llevarlos al local.
El domingo es el día del trabajo de almacén. Los voluntarios clasifican los productos, los pesan restando el peso del carrito en una báscula y los organizan en palés que después fijan y envuelven.
En las paredes de yeso de este garaje, los chicos apuntan a rotulador el recuento exacto de lo que consiguen: meses con picos históricos que superan los 22.725 kilos en marzo o los 20.233 en febrero, frente a periodos más tranquilos como los 3.252 kilos recogidos en mayo o los 5.201 de junio.
Como no tienen infraestructura para seleccionar qué familias necesitan más la ayuda, entregan los palés cerrados a cuatro asociaciones principales que hacen ese filtro: la Fundación Altius, la Asociación Nazaret, la Asociación Cobijo y la Casa de Misiones de la Hermana María. Además, de forma puntual colaboran con proyectos como Panique o las fundaciones Hombre Nuevo y Tierra Nueva.
La actividad de la asociación va más allá de la recogida de alimentos en el garaje. Organizan torneos de pádel solidario en las instalaciones de la Universidad Francisco de Vitoria, preparan cestas especiales en Navidad (con turrón, embutidos y chocolates) para las familias que viven en los pisos de acogida de la Asociación Cobijo, y en ocasiones preparan cenas en las cocinas de Altius para repartirlas por el centro de Madrid.
De Ucrania a la campaña urgente por Venezuela
La flexibilidad del grupo les ha permitido reaccionar rápido ante situaciones de emergencia internacional. Lo hicieron cuando estalló la guerra de Ucrania, logrando movilizar y enviar 50 toneladas de ayuda humanitaria a través de la Fundación Altius para que los propios voluntarios de PickUp Solidaridad gestionaran el reparto de los insumos directamente en Polonia.
Del mismo modo actuaron tras el desastre de la DANA, desplazándose directamente a la zona cero en Valencia para entregar 30 toneladas de comida para ayudar a las familias afectadas con la restauración de casas, la limpieza de barro en garajes y el reparto directo de comida.
Su última acción de urgencia ha sido la campaña para Venezuela, que tuvo lugar del 6 al 10 de julio en su garaje de Clara del Rey, donde tienen registrado un balance de 3 toneladas de ayuda recolectada. Ante las críticas habituales sobre la ayuda internacional que se pierde por el camino o que nunca llega a su destino, en PickUp Solidaridad decidieron aliarse con el grupo Sambil, una empresa con centros comerciales tanto en España como en Venezuela. Al ser una organización con presencia directa allí y de total confianza para el equipo, gestionan la carga en aviones de forma legal y segura, garantizando que todo lo que han aportado los madrileños acabe de verdad en manos de las pequeñas asociaciones locales venezolanas.
Un espíritu de servicio que sigue necesitando el mundo
Es realmente gratificante conocer iniciativas jóvenes que funcionan con esta madurez y que prestan su tiempo y energía a personas que lo necesitan.
"Quien no vive para servir, no sirve para vivir", decía la Madre Teresa de Calcuta, conocida mundialmente por su entrega absoluta a los más desfavorecidos. Quizás hoy en día su legado no se estudia tanto, pero lo que está claro es que ese mismo espíritu de servicio y altruismo sigue moviendo a cientos de jóvenes en Madrid. Personas que, sin hacer ruido ni abrir telediarios, aportan de forma real y tangible su granito de arena para mejorar la vida de los demás. Ojalá, PickUp Solidaridad, siga funcionando y desplazando recursos allá donde más se necesitan durante mucho tiempo. Más iniciativas así.