La lepra, también conocida como enfermedad de Hansen, sigue representando un problema de salud pública en numerosos países y se mantiene como una de las enfermedades desatendidas que afectan principalmente a las poblaciones más vulnerables. Así lo han señalado los profesionales farmacéuticos, que alertan de la necesidad de no bajar la guardia frente a una patología que, aunque controlable, continúa causando consecuencias graves cuando no se detecta y trata a tiempo.
Desde el ámbito farmacéutico se subraya que la persistencia de la lepra no responde a la falta de tratamientos eficaces, sino a factores estructurales como la pobreza, el estigma social, las carencias en los sistemas sanitarios y las dificultades de acceso a los servicios de salud. Estas desigualdades explican por qué la enfermedad sigue activa en determinadas regiones, especialmente en zonas con recursos limitados.
La lepra puede provocar lesiones cutáneas, daños neurológicos y discapacidades permanentes si no se diagnostica de forma precoz. Sin embargo, con un tratamiento adecuado, es posible curarla y evitar secuelas. A pesar de ello, los farmacéuticos insisten en que muchas personas llegan tarde al sistema sanitario, lo que incrementa el impacto personal y social de la enfermedad.
Los profesionales reclaman una mayor concienciación, así como el refuerzo de los programas de detección, seguimiento y acceso universal a los tratamientos. También destacan la importancia de combatir el estigma que todavía rodea a la lepra, un factor que sigue dificultando que las personas afectadas busquen atención médica.
La advertencia se produce en un contexto de sensibilización internacional que busca visibilizar las enfermedades desatendidas y recordar que su erradicación no depende únicamente de avances médicos, sino de políticas públicas orientadas a reducir las desigualdades sociales y sanitarias.