Un poco de harina de maíz y agua, puede convertirse en el más claro de los mensajes a la hora de enarbolar la bandera de la libertad.
Es que Venezuela es mucho más que un país con el mayor volumen de reservas de petróleo del mundo, es un pueblo que ha hecho con sus manos una caricia que viaja a través de cada uno de sus habitantes en donde quiera que estén.
El año 2026 no ha empezado con la paz deseada, ni con la ansiada libertad de un pueblo que ha sufrido uno de los éxodos más grandes de los últimos tiempos, la irrupción del Gobierno de Donald Trump en la captura de Nicolás Maduro dista aún mucho de haber conseguido la ansiada libertad y el llamado al retorno de millones de venezolanos exiliados.
El Petróleo tal vez sea lo más notorio como elemento contundente en la variable, la puja de poderes en el eje geopolítico mundial ya no se oculta.
Pero es lo que fluye en el río silencioso que no surge en los grandes titulares de los diarios o las redes lo que más me preocupa en estos días.
Por un lado conozco la historia íntima de muchos venezolanos que sufrieron cárcel y tortura en estos tiempos del régimen de Maduro, y celebro la caída de un presidente que vulneró la legitimidad en las últimas elecciones, y que ninguna duda hay de quienes sostuvieron su presidencia.
Por otro lado no puedo dejar de ver la invitación al funeral de la ONU como organismo capaz de intervenir en ningún conflicto, su desoída voz en las injusticias permanentes, en los graves abusos que sufren millones de niños y familias, no hacen más que seguir debilitando a un organismo que vino a dar respuesta a la crueldad de la guerra, después de reconocerse que el ser humano escudado en la guerra había mostrado sus miserias más profundas.
También es cierto que se sigue abriendo un campo minado para la Unión Europea, la intervención de Estados Unidos en Venezuela, deja abierto el frente de China y Taiwán, y claro está de Rusia sobre algunos países del este de Europa, amenazando ciertamente la fortaleza de una Europa que aparece dividida en el pensamiento y en muchas resoluciones frente a conflictos – migraciones, sostenimiento económico, armamento, etc.-
Lejos está el mundo del mensaje de Paz propuesto por el Papa León XIV en la noche de Navidad.-
Dice el Evangelio de San Mateo 2, 1-12 sobre los Reyes de Oriente:”… Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino…”
Será tal vez, que debamos encontrar caminos diferentes como hicieron los Reyes Magos, caminos que nos lleven a la verdadera paz y libertad.
Yo, para iniciar ese camino llevaré conmigo unas arepas (400 gramos de harina de maíz, 375 ml de agua, 250 ml de leche, 1 cucharadita de sal, 1 cucharadita de mantequilla derretida), tal vez tú también quieras venir conmigo.-