Economista de la Escuela Austríaca

Milei consolida la recuperación con libertad económica

Mientras Europa permanece atrapada en el estancamiento, el endeudamiento crónico y debates interminables sobre cómo crecer sin aumentar aún más el gasto público, Argentina se ha convertido en un inesperado contrapunto. Bajo el liderazgo de Javier Milei, el país no solo ha evitado el colapso que muchos vaticinaban, sino que empieza a consolidar una recuperación histórica que rompe con décadas de intervencionismo y populismo económico.

El punto de partida no era menor. Milei heredó una inflación superior al 200%, niveles de pobreza cercanos al 50% y un Banco Central sin reservas. Dos años después, los resultados comienzan a hablar con claridad. Tras la contracción de 2024, la economía argentina mostró una recuperación sólida en 2025, y los organismos internacionales proyectan para 2026 un crecimiento cercano al 4%, uno de los más altos del G20 y muy por encima de la media regional.

La inflación, símbolo del deterioro estructural argentino, también ha cambiado de tendencia. De picos mensuales cercanos al 25% al inicio del mandato, el índice anual cerró 2025 en torno al 31,5%, el nivel más bajo en ocho años. Las previsiones oficiales y del mercado anticipan una desaceleración adicional hacia el 20% o menos en 2026. El fin de la emisión monetaria para financiar el déficit ha sido decisivo.

El dato más contundente es fiscal. Por segundo año consecutivo, Argentina logró superávit primario y financiero, algo inédito en décadas. El ajuste se basó en una drástica reducción del gasto público, la eliminación de ministerios y programas clientelares y una señal inequívoca: el equilibrio se alcanza sin subir impuestos. Esta disciplina ha devuelto credibilidad a los mercados y al sector privado.

El eje estructural de la transformación es la Ley de Bases y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). La reforma laboral busca reducir la informalidad, que superaba el 50%, facilitando la contratación y eliminando trabas burocráticas, especialmente para pymes. El RIGI, con estabilidad jurídica a largo plazo y beneficios fiscales, ya ha aprobado proyectos por más de 25.000 millones de dólares en sectores clave como energía, minería, litio e infraestructuras, con nuevas inversiones en evaluación.

Las privatizaciones forman parte del mismo enfoque. No se trata de ventas ideológicas, sino de liberar recursos hoy destinados a empresas deficitarias para reforzar áreas esenciales como sanidad, educación o seguridad, trasladando la gestión a manos más eficientes.

En el plano monetario, el Gobierno mantiene su hoja de ruta hacia la competencia de monedas y la libertad cambiaria. El ajuste fiscal, la recomposición de reservas y un esquema cambiario más flexible han reducido la brecha y reconstruido la confianza sin recurrir a shocks desordenados.

En esencia, Argentina ofrece una lección clásica: menos Estado, más reglas claras y respeto por la propiedad privada. Los resultados empiezan a validar aquello que durante años se ignoró. Para Europa y para España, inmersas en una espiral de regulación, gasto y subsidios, el caso argentino es una advertencia incómoda pero elocuente: la libertad económica, cuando se aplica con rigor, también puede ser la salida.