Un gallego en la galaxia

A los duros y a los maduros

Se presentaron ante las cámaras como los héroes del momento. Estaban orgullosos de la operación llevada a cabo con precisión y competencia por las fuerzas armadas más poderosas del mundo. Todo un éxito y una demostración de fuerza esgrimida como aviso a navegantes. El asalto había sido espectacular. Habían provocado un apagón y neutralizado las defensas. A pesar del estruendo de las bombas, consiguieron sorprender al objetivo antes de que éste tuviese tiempo de guarecerse en un recinto blindado. Lo apresaron a él y a su esposa y se los llevaron volando al portaviones. La ejecución había sido tan profesional que no habían perdido ningún dispositivo y ni un solo hombre en el asalto. En menos de nada, los apresados ya estaban en territorio estadounidense, donde tenían cita previa en el banquillo de un juzgado de Nueva York acusados, entre otros cargos, de dirigir El Cartel de los Soles, una organización de narcotráfico imaginaria. Tanto el presidente como los secretarios de guerra y de estado se congratulaban por la extracción de los Maduro en la noche artificialmente estrellada de Caracas. Afirmaban que no se trataba ni de un acto de guerra ni del secuestro del dirigente de un país soberano sino de un arresto domiciliario ejecutado por las fuerzas del orden. Y ahí me las den todas.

Trump declaró sin rodeos que van a gobernar el país, pues no se pueden arriesgar a que otros rijan su destino. Acto seguido explicó que el petróleo venezolano les pertenecía y que iban a poner la explotación de las reservas de oro negro más grandes del mundo en manos de las petroleras estadounidenses para producir riqueza y proteger la seguridad energética de los EUA, cuyas ganancias serían controladas por el propio Trump. Todo lo cual dependería de que la administración bolivariana remanente cumpliera todo lo que se le exigía, cosa inevitable ya que se enfrentan a un embargo petrolífero y un bloqueo absoluto por parte de la nueva armada invencible. O sea que no tenían más opción que cooperar si querían recobrar su independencia, seguridad y riqueza. En su acostumbrado estilo hiperbólico, Trump proclamaba que habían superado con creces los principios de la Doctrina Monroe, por lo que debería denominarse Doctrina Donroe. Habían establecido su dominio incontestable sobre el continente, rechazado toda intervención de sus rivales políticos y económicos, tanto domésticos como foráneos, y consolidado un poder absoluto en la consecución de los fines prioritarios de defensa, comercio y territorialidad inscritos en su Estrategia de Seguridad Nacional.

Lo que dejaron claro es que para ellos sólo existe la ley del más fuerte. Así que advirtieron que van a someter a los contestatarios y rebeldes de Cuba, Colombia y México al mismo tratamiento que a la Pequeña Venecia del Orinoco, es decir decapitar sus gobiernos y someterlos al águila imperial. Lo que confirma que lo único que ha cambiado en su política es el grado insoportable de prepotencia, ignorancia y vulgaridad. Materialismo, capitalismo y militarismo puros y duros. Esos son los principios de la larga historia de abuso y explotación yanquis en Lationoamérica desde 1898. La versión actual, implementada por una banda de fanáticos y corruptos ultraderechistas, confirma el retorno de la bestialidad y la barbarie y el fin del orden internacional. Y no se contentan con vapulear a sus vecinos enclenques para robarles el cobre, los plátanos y el alquitrán, sino que van a apropiarse de lo que les dé la gana, donde y cuando les apetezca, empezando por la anexión de Groenlandia y el bombardeo de Irán, pasando por la Riviera de Gaza y culminando en la ocupación de la vetusta y obsequiosa Europa.

Y ahí está Donroe Trump, demente y senil, vistiendo una toga y una corona de laurel, desvariando en el Coliseo sobre las mil y una noches con las seis miss universo de Maracaibo, la gran república bananera de su empresa dictatorial y el último Premio Nobel de la Paz…