Hoy vuelvo a escribir para contar una experiencia personal que estaré viviendo en los próximos días.
Esta semana junto a un grupo de estudiantes de la Universidad Alfonso X El Sabio emprendimos viaje hacia Honduras para vivir una experiencia de voluntariado internacional que seguramente marcará un antes y un después en nuestras vidas.
La Oficina de Voluntariado y Cooperación al Desarrollo de la Fundación UAX, de la que soy responsable hace poco más de un año nació con un propósito claro: complementar la formación académica con una educación basada en valores. Es un espacio donde estudiantes, alumni y empleados podemos implicarnos en proyectos que generan un impacto positivo en la sociedad y nos ayuden a crecer como personas.
Este verano inicia entonces el 1º viaje internacional de voluntariado. El destino son zonas urbanas y rurales de Tegucigalpa, donde trabajaremos junto a la Fundación ACOES, una organización humanitaria que desde hace más de tres décadas impulsa la inclusión educativa de miles de niños y jóvenes en Honduras.
¿Por qué Honduras?
Porque es un país que enfrenta enormes desafíos sociales. La violencia y la pobreza afectan a gran parte de la población, muchas familias viven en condiciones de extrema vulnerabilidad y numerosos jóvenes se enfrentan cada día a contextos marcados por la violencia y la falta de oportunidades. Sin embargo, también es una tierra de personas resilientes, trabajadoras y profundamente solidarias.
En este viaje se nos presentan múltiples desafíos: aprender, comprender, acompañar, servir y dejarnos transformar. Porque las experiencias de voluntariado tienen algo especial: uno nunca regresa siendo la misma persona que era antes de partir.
Nos vamos con ilusión, con vocación de servicio y también con incertidumbre. Sabemos que veremos realidades duras y que tendremos que enfrentarnos a preguntas incómodas sobre las desigualdades del mundo. Pero también sabemos que en los lugares más difíciles suelen encontrarse las lecciones más profundas sobre la condición humana.
Porque allí donde existen carencias también florecen la generosidad, la empatía y la esperanza. Con poco o con mucho, siempre hay algo que ofrecer. Como recordaba el papa Francisco, todos valemos y todos tenemos algo para dar. Y muchas veces lo más valioso no es el dinero, sino el tiempo, la escucha y la presencia.
Seis valientes estudiantes de la UAX, junto con una séptima voluntaria que se unió a nuestro grupo desde otra ciudad de España, emprendemos este viaje convencidas de que recibiremos mucho más de lo que podamos aportar. Nos esperan encuentros, historias y aprendizajes imposibles de encontrar en un aula.
Para mí, además, este viaje tiene un significado especial. He participado anteriormente en misiones humanitarias, pero esta es la primera vez que lo hago acompañando a estudiantes universitarios. Tendré el privilegio de ayudarles a ampliar la mirada mientras colaboramos en un proyecto de salud oral que iré compartiendo en estas crónicas.
Así comienza este viaje. Partimos con las maletas llenas de ilusión, pero sobre todo con el corazón dispuesto a escuchar, aprender y servir.
Acabamos de aterrizar, nos reciben en el aeropuerto: comienza la aventura.