Durante años, la vicepresidencia en Colombia fue vista como una figura de reserva: un seguro institucional, una presencia discreta, casi protocolaria. Pero, eso era antes. Ahora, algo está cambiando. Y esta campaña lo confirma.
Los más recientes datos del Centro Nacional de Consultoría no solo miden la intención de voto presidencial; revelan un fenómeno más profundo: el ascenso político de las fórmulas vicepresidenciales como actores con voz propia, peso electoral y narrativa.
Aída Quilcué, con un 26.8% de respaldo; Juan Daniel Oviedo, con 25.8%; y José Manuel Restrepo, con 15.4%, no son simples acompañantes. Son piezas activas en el ajedrez político. Y cada uno representa una manera distinta de entender el país.
En la fórmula de Iván Cepeda, Aída Quilcué simboliza una Colombia históricamente invisibilizada que hoy reclama espacio. Lideresa indígena, defensora de derechos colectivos, su fortaleza está en la legitimidad social y en la representación de territorios olvidados. Su discurso conecta con las demandas de inclusión y transformación.
Sin embargo, su principal desafío es traducir esa legitimidad en gobernabilidad: pasar del liderazgo comunitario al ejercicio del poder nacional, donde las tensiones son más complejas y las decisiones, más exigentes.
En la orilla de Paloma Valencia, Juan Daniel Oviedo introduce una ruptura interesante. Técnico, urbano, con lenguaje directo, ha decidido no ser un candidato silencioso. Habla, propone, controvierte. Su fortaleza radica en la capacidad de conectar con sectores jóvenes y urbanos que buscan eficiencia y modernización del Estado.
Pero esa misma exposición es también su riesgo: su independencia discursiva puede generar tensiones dentro de una coalición que representa sectores más tradicionales. Su reto será equilibrar frescura con cohesión política.
En la fórmula de Abelardo de la Espriella, José Manuel Restrepo encarna la experiencia institucional. Exministro, académico, hombre de cifras y de Estado, su perfil transmite estabilidad y conocimiento de lo público. En tiempos de incertidumbre económica, su presencia puede ser leída como garantía.
No obstante, su debilidad puede estar en la percepción: representar la continuidad en un momento en que amplios sectores del país demandan cambio. Su desafío es demostrar que la experiencia no es sinónimo de inmovilidad, sino de efectividad responsable.
Más allá de las diferencias, hay un punto en común: los tres están haciendo algo que antes no era habitual. Están en campaña. Están opinando. Están disputando espacio. Están, en suma, ejerciendo poder político.
Esto ocurre, paradójicamente, en un marco constitucional que no les asigna funciones específicas. El artículo 202 de la Constitución de 1991 los define la vicepresidencia como reemplazo eventual del presidente y deja en manos del mandatario la posibilidad de delegarles tareas.
Pero la realidad ha superado la norma. Hoy, las fórmulas vicepresidenciales no solo completan un tarjetón: amplían el mensaje, equilibran las coaliciones y, en muchos casos, atraen votantes que el candidato principal no alcanza.
Como lo ha señalado el politólogo Joel K. Goldstein, la vicepresidencia ha dejado de ser un “cargo de espera” para convertirse en un instrumento estratégico de gobierno y de campaña. Colombia parece estar entrando, finalmente, en esa lógica.
Al mirar otros países, la tendencia se confirma. En Estados Unidos, el vicepresidente tiene funciones concretas en el Senado y un papel activo en la agenda gubernamental. En Ecuador y Venezuela, su rol ha sido determinante en momentos de transición o crisis.
Aquí, en cambio, la figura sigue en construcción. Pero ya no es invisible. Esta campaña lo deja claro: los vicepresidentes ya no esperan. Actúan.
Y en esa acción se juega algo más que una elección. Se juega la posibilidad de redefinir el equilibrio del poder, de enriquecer el debate público y de acercar la política a nuevas voces.
Tal vez, sin que la Constitución lo haya previsto del todo, Colombia está descubriendo que el segundo en la fórmula… puede ser, también, protagonista del cambio. Comentarios a jorsanvar@yahoo.com