La mirada global

Abajo la Cultura, ¡vivan las caenas!

Las crisis económicas siempre traen consigo una reducción del poder adquisitivo de buena parte de la sociedad y además afectan a diversos sectores de vital importancia para un país. En el caso de España existe un entorno que siempre se ve afectado, ya no solo por las crisis, que también, sino especialmente por la desidia de la clase dirigente, sobre todo la conservadora, y la indiferencia de la gente. Se trata del sector cultural, una industria imprescindible en cualquier Democracia moderna y que aquí degradamos desde tiempos inmemoriales.

Con el mantra creado por la derecha de que la industria cultural se aprovecha de cuantiosas subvenciones estatales, algo falso, solo hay que comparar las cantidades enormes que reciben países como Francia e incluso el tan liberal EEUU, se ha instalado la idea entre la población de que la Cultura no es importante y de que en nuestro país la forman personas interesadas que solo quieren lucrarse. Si bien es cierto que quizá este área, como otros ámbitos sociales, se ha podido alejar del ciudadano de a pie, generando esnobismos reprochables, igual de cierto es que la mayoría de sus integrantes son ciudadanos con numerosos problemas para llegar a fin de mes que además son masacrados por políticas injustas creadas ex profeso para hundir al sector en favor de otros como el financiero, rescatado sin consecuencias tras la burbuja.

Pero el problema es muy profundo, y no solo se reduce a la indiferencia social o a la mala política de algunos de nuestros gobernantes sino también a un ecosistema lleno de claroscuros. La piratería por ejemplo es una lacra que pone en peligro la propiedad intelectual y el desarrollo del sector pero a la vez es consecuencia en parte de las malas prácticas de discográficas y otras empresas del gremio cultural que, pensando solo en el beneficio, han ignorado nuevas formas de comercialización de productos musicales y de cine favoreciendo los intolerables portales ilegales que ofrecen contenido gratuito sin pensar en el daño causado a los autores. Si a la desidia de algunos componentes del sector sumamos el maltrato fiscal de algunos gobiernos populares, el caso Montoro es flagrante, así como declaraciones ofensivas contra la esfera cultural de burbujas político-mediáticas ultraconservadoras, nos encontramos con un panorama desolador como país.

La Cultura sigue palideciendo ante una situación insoportable. Cines y teatros que cierran para convertirse en monótonas tiendas de consumo masivo, películas que no llegan a estrenarse, libros que no se venden, altas  tasas de desempleo y un largo etc. Una realidad que no solo afecta a los que se dedican al sector sino también a toda la sociedad. Un país que no invierte en Cultura es un país fracasado formado por ciudadanos fácilmente manipulables por el poder. No debemos olvidar que leer, ver cine o teatro, visitar museos o escribir son deleites humanos que nos permiten convertirnos en seres más cultivados, curiosos, críticos y abiertos de mente.

La sociedad no ha de tolerar que desde las altas instancias se intente cercar a la Cultura, ya que así sólo conseguimos legitimar las palabras y acciones de aquellos que, orgullosos de su simpleza, codicia y autoritarismo, pretenden someter a la ciudadanía. No nos quedemos solo con la vertiente privilegiada y clasista que nos intenta endosar la derecha, veamos en la Cultura una gran aliada de la sociedad en su conjunto. Sin ella, no somos nada.