Medio ambiente

Una plataforma del CSIC anticipa cómo el cambio climático reducirá la capacidad agrícola en España y el resto del mundo

Investigadores del CSIC desarrollan la plataforma CADI, que proyecta hasta finales de siglo el impacto del cambio climático sobre la productividad agrícola y alerta de pérdidas en buena parte del interior de España.
Europa en la plataforma CADI
photo_camera Europa en la plataforma CADI

Una nueva plataforma desarrollada por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) permitirá anticipar cómo evolucionará la capacidad del planeta para producir alimentos hasta finales de siglo. La herramienta, denominada CADI (Climate-Driven Agricultural Decline Index), muestra que el cambio climático ya está reduciendo el potencial agrícola en numerosas regiones del mundo y prevé un deterioro especialmente acusado en amplias zonas del interior de la península ibérica.

Una herramienta para prever el impacto del cambio climático en la agricultura

El proyecto ha sido desarrollado por investigadores del Instituto de Análisis Económico (IAE-CSIC), en colaboración con la Barcelona School of Economics, el Centre for Economic Policy Research (CEPR), la Foreign, Commonwealth & Development Office del Reino Unido y la iniciativa CEPR-ReCIPE.

La plataforma ofrece mapas con una resolución aproximada de 10 por 10 kilómetros y calcula cómo variará la productividad agrícola potencial bajo distintos escenarios climáticos definidos por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Para ello compara los rendimientos agrícolas históricos con las proyecciones futuras, manteniendo constantes los cultivos y las prácticas agrícolas actuales para aislar únicamente el efecto del clima.

Según los investigadores, esta información facilitará la planificación de políticas públicas y el diseño de estrategias de adaptación frente al calentamiento global.

El norte de España ganará potencial agrícola frente al interior peninsular

Las proyecciones muestran importantes diferencias territoriales. En Europa, las regiones del norte y las zonas de mayor altitud podrían beneficiarse de unas condiciones climáticas más favorables para determinados cultivos, mientras que el sur del continente experimentará una pérdida progresiva de productividad.

En el caso de España, el estudio identifica un patrón muy definido. Galicia, la cornisa cantábrica y los Pirineos presentan una evolución positiva del potencial agrícola, mientras que buena parte del interior y del centro-este peninsular registrarán descensos, con áreas donde las pérdidas serán especialmente severas.

Los investigadores recuerdan, no obstante, que algunas de las mayores ganancias previstas en regiones del norte parten de niveles productivos muy bajos, por lo que su impacto real sobre la producción mundial resulta más limitado de lo que reflejan los porcentajes.

Uno de cada seis terrenos agrícolas ya ha perdido más del 10% de su capacidad

El análisis concluye que el cambio climático ya está afectando de forma significativa a la producción de alimentos. Entre los periodos 1981-2000 y 2001-2020, alrededor del 16% de las tierras de cultivo del planeta perdió más de un 10 % de su productividad potencial.

Actualmente, cerca del 15% de la población mundial vive en zonas donde la capacidad agrícola se ha reducido al menos un 5%. Si se mantiene un escenario de calentamiento medio-alto, los investigadores estiman que entre 2041 y 2060 casi la mitad de la población mundial residirá en regiones con un potencial agrícola inferior al actual.

El estudio también advierte de que las pérdidas se concentrarán especialmente en las regiones tropicales y en países que históricamente han contribuido menos a las emisiones de dióxido de carbono, lo que agrava las desigualdades derivadas del cambio climático.

La adaptación será clave para garantizar la seguridad alimentaria

Los responsables del proyecto consideran que CADI permitirá identificar con antelación las zonas más vulnerables y orientar mejor las inversiones en adaptación agrícola.

Entre las medidas que consideran necesarias figuran el desarrollo de nuevas tecnologías, la implantación de cultivos más resistentes al calor, una mejor gestión del agua y la reubicación de determinadas producciones hacia áreas con mejores condiciones climáticas.

El equipo investigador advierte de que la capacidad de adaptación será muy desigual entre territorios, lo que incrementará el riesgo para pequeños agricultores y regiones con menor disponibilidad de recursos. Además, la redistribución de la producción agrícola podría generar tensiones económicas y sociales tanto entre países como dentro de un mismo Estado.