El Ayuntamiento de Ámsterdam ha dado luz verde a una modificación de sus ordenanzas locales para prohibir anuncios que promuevan productos cárnicos y bienes o servicios vinculados a combustibles fósiles en los espacios públicos de la ciudad, incluyendo vallas publicitarias, paradas de autobús y pantallas urbanas. La medida, que se prevé entre en vigor a partir de medio año de 2026, busca reducir la normalización de patrones de consumo que impulsan las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos ambientales asociados.
Con esta decisión, Ámsterdam se sitúa a la vanguardia de las políticas locales que vinculan la regulación de la publicidad con los objetivos climáticos y de salud pública. Además de los combustibles fósiles —como gasolina, diésel, automóviles de combustión y viajes en avión—, la prohibición incorpora por primera vez la categoría de los productos cárnicos, un sector cuya producción y consumo están asociados a altas emisiones de gases de efecto invernadero, el uso intensivo de recursos naturales y retos ambientales que van más allá de la mera producción alimentaria.
La propuesta, impulsada desde hace años por grupos ecologistas y por formaciones políticas progresistas del consistorio, pretende transmitir un mensaje claro sobre la necesidad de alinear la política urbana con los compromisos climáticos internacionales y de promover estilos de vida más sostenibles entre residentes y visitantes. En el debate municipal se subrayó que la promoción de productos que contribuyen significativamente al cambio climático y a problemas de salud pública no debería encontrar eco en el espacio público urbano.
Aunque la publicidad de ciertos productos seguirá estando permitida en ámbitos privados y comerciales, la prohibición afecta de forma directa a los canales y soportes gestionados por las autoridades locales, lo que representa una innovación normativa en el ámbito global y un desafío para los modelos tradicionales de regulación publicitaria.
La medida ha generado atención internacional, en medio de un contexto en el que otras ciudades de los Países Bajos y de Europa han debatido o aprobado restricciones parciales a la publicidad de combustibles fósiles o productos asociados a altas emisiones, aunque nunca con el alcance global que ahora adopta Ámsterdam.