Ante el giro estratégico de Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico y el aumento de la capacidad de fuego de actores como Irán y Rusia, Bruselas considera una "emergencia" que Europa deje de depender de suministros externos. La amenaza de misiles con alcances de hasta 3.000 kilómetros sitúa a la autonomía militar en el centro de la agenda de supervivencia de la Unión.
Durante su intervención en el Fórum Europa en Bruselas, Kubilius subrayó que el panorama geoestratégico actual impide afrontar los desafíos del presente con soluciones del pasado. La posibilidad de una agresión convencional en suelo europeo ya no es una hipótesis lejana, especialmente ante el despliegue de millones de drones por parte del Kremlin y la inestabilidad en el Golfo. El comisario alertó de que Irán posee misiles balísticos capaces de alcanzar territorio comunitario, lo que, sumado a la escasez global de misiles interceptores como los Patriot, deja a los países europeos en una posición de riesgo si no logran acelerar su propia capacidad industrial.
La principal barrera para este "escudo europeo" no es solo tecnológica, sino estructural. El comisario incidió en la fragmentación de la industria de defensa continental como el mayor obstáculo para la producción masiva de armamento. Mientras Rusia escala su producción de drones hacia los 10 millones de unidades anuales, la respuesta europea sigue lastrada por la falta de proyectos de interés común. Para Kubilius, la soberanía aérea pasa por fabricar misiles en suelo europeo, evitando que el déficit de suministros que ya sufren zonas de conflicto como Ucrania se traslade al corazón de la UE.
La asimetría económica de la defensa moderna
Uno de los puntos más críticos señalados en Bruselas es la falta de rentabilidad de los sistemas actuales frente a las nuevas tácticas de ataque. Kubilius advirtió que no es sostenible derribar drones de bajo coste (aprox. 50.000 euros) con misiles que superan los dos millones de euros por unidad. Esta desproporción agota las reservas estratégicas y los presupuestos nacionales. Por ello, la UE busca incentivar tecnologías que permitan combatir las oleadas de drones y misiles balísticos sin comprometer la viabilidad económica de los Estados miembros, una tarea que requiere una coordinación industrial sin precedentes.