La Pascua Militar volvió a celebrarse este martes en el Palacio Real de Madrid como uno de los principales actos institucionales del inicio del año, en un contexto internacional marcado por la inestabilidad y la incertidumbre. Presidida por Felipe VI, la ceremonia reunió a la Familia Real y a la cúpula civil y militar del Estado, proyectando una imagen de continuidad institucional y de respaldo a las Fuerzas Armadas en un momento especialmente complejo para la seguridad europea.
El Rey estuvo acompañado por la Letizia y por la Leonor, que asistió por tercer año consecutivo a este acto castrense. La presencia de la heredera de la Corona, actualmente en plena formación militar, volvió a adquirir un marcado valor simbólico en una ceremonia profundamente ligada a la tradición constitucional de la Jefatura del Estado.
Durante su discurso, Felipe VI advirtió de la “sensación creciente de amenaza” que ha dejado el último año y que, según subrayó, “llega al corazón de Europa”. Una realidad que, a su juicio, pone de relieve la importancia de disponer de unas Fuerzas Armadas “con un alto grado de formación y adiestramiento”, dotadas de capacidad de adaptación y adecuadamente equipadas para responder a los desafíos actuales.
Un contexto internacional cada vez más exigente
Ante las principales autoridades militares del país, el monarca hizo referencia al complejo panorama geoestratégico derivado de los conflictos bélicos, las crisis internacionales y las tragedias humanitarias que han marcado el escenario global. En este marco, insistió en el valor de la preparación, la profesionalidad y la modernización de los Ejércitos como elementos esenciales para garantizar la seguridad colectiva.
Felipe VI destacó también la necesidad de mantener el esfuerzo compartido con los aliados, subrayando el papel estratégico que desempeña la industria de defensa y el impacto transformador de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial o los sistemas no tripulados en la evolución de las capacidades militares.
La Princesa de Asturias y la continuidad institucional
El Rey dedicó unas palabras especialmente significativas a la Princesa de Asturias, que actualmente completa su formación como alférez alumna en la Academia General del Aire y del Espacio. Felipe VI señaló que esta etapa castrense será determinante para su futuro desempeño como heredera de la Corona y, llegado el momento, como Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, reforzando así un vínculo histórico entre la institución monárquica y la defensa nacional.
La imagen de padre e hija luciendo ambos el uniforme del Ejército del Aire y del Espacio aportó uno de los momentos más simbólicos de la jornada, en una ceremonia cargada de solemnidad y continuidad histórica.
Reconocimiento a las misiones en el exterior y a la labor en España
Como es habitual en esta cita, el jefe del Estado tuvo un recuerdo expreso para los militares españoles desplegados en misiones internacionales, tanto en tierra como en el ámbito naval, bajo bandera de la ONU, la Unión Europea y la OTAN. A todos ellos agradeció su contribución a la paz y la estabilidad en un entorno geoestratégico “tan complejo como exigente”.
El discurso incluyó también una mención especial a las actuaciones de las Fuerzas Armadas en emergencias dentro del territorio nacional, como la reconstrucción tras la dana en Valencia o la respuesta ante los graves incendios forestales del pasado verano. En este punto, el Rey resaltó el papel de la Unidad Militar de Emergencias, que recientemente cumplió 20 años de servicio, una trayectoria que —afirmó— ha merecido el reconocimiento y el aprecio de la sociedad española.
Solemnidad, tradición y una ausencia inédita
La jornada comenzó con la llegada de los Reyes y de la Princesa de Asturias al Palacio Real de Madrid, donde fueron recibidos con honores militares, el himno nacional y la tradicional salva de 21 cañonazos. Felipe VI pasó revista al grupo de honores de la Guardia Real antes de acceder al interior del Palacio para la recepción oficial.
La Pascua Militar de este año estuvo marcada por una circunstancia poco habitual: la ausencia del presidente del Gobierno, la primera en mucho tiempo en este acto, debido a un compromiso internacional previamente adquirido. El desarrollo de la ceremonia, no obstante, mantuvo su carácter estrictamente institucional y su tono de normalidad constitucional.
Un acto con más de dos siglos de historia
La Pascua Militar tiene su origen en el reinado de Carlos III, cuando se instauró en 1782 para conmemorar la recuperación de Mahón. Desde entonces, se ha consolidado como un acto de balance, reconocimiento y proyección de futuro para las Fuerzas Armadas españolas.
En la Saleta Gasparini, tras la imposición de condecoraciones y el saludo a los cerca de 200 invitados, Felipe VI cerró su intervención rindiendo homenaje a los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Civil y del Centro Nacional de Inteligencia que han dado su vida en acto de servicio. Un reconocimiento solemne que puso el broche final a una ceremonia en la que la Corona volvió a situar la defensa, la seguridad y el compromiso institucional en el centro del mensaje.