Ciberseguridad

Fernando Mairata: “No podemos delegar la educación digital de nuestros hijos en las pantallas”

El presidente del Grupo Armora y PETEC advierte en Madrid sobre los riesgos de la sobreexposición digital, la falta de educación tecnológica en el hogar y el impacto de la inteligencia artificial en menores.

De izquierda a derecha: Nicolás Marchal, director del grado de criminología de la Universidad Nebrija; Fernando Mairata, presidente del Grupo Armora y PETEC y CEO de DLTCode; Francisco Almansa Aguilar, general de Brigada de la Guardia Civil, jefatura de Transformación Digital y Ciberseguridad
photo_camera De izquierda a derecha: Nicolás Marchal, director del grado de criminología de la Universidad Nebrija; Fernando Mairata, presidente del Grupo Armora y PETEC y CEO de DLTCode; Francisco Almansa Aguilar, general de Brigada de la Guardia Civil, jefatura de Transformación Digital y Ciberseguridad

La tecnología ya no es una herramienta: es el entorno en el que vivimos. El primer gesto del día no es encender la luz, sino mirar el móvil. En ese contexto, hablar de ciberseguridad en familia deja de ser una cuestión técnica para convertirse en una urgencia educativa.

Así lo defiende Fernando Mairata, presidente del Grupo Armora y PETEC y CEO de DLTCode, durante la presentación en Madrid de su nuevo libro, una obra centrada en trasladar la cultura de la seguridad digital al hogar, el verdadero punto de inicio de cualquier brecha.

Todos los beneficios del libro se destinan íntegramente a la Asociación Pro Huérfanos de la Guardia Civil. Pero más allá de su dimensión solidaria, el mensaje es claro: la seguridad digital empieza en casa.

“Podemos blindar la empresa, pero fallar en el salón”

La preocupación de Mairata no nace de la teoría, sino de la práctica profesional.

En el ámbito corporativo, la ciberseguridad se ha convertido en prioridad estratégica. Firewalls, auditorías, compliance, protocolos. Sin embargo, esa misma conciencia no se traslada al entorno doméstico.

“Podemos estar muy seguros en la oficina, pero si llegamos a casa y descuidamos los dispositivos de nuestros hijos, ya tenemos una brecha abierta.”

El libro aborda precisamente ese vacío: padres que entregan un smartphone sin formación previa; menores con acceso total a redes sociales sin acompañamiento; familias que desconocen las implicaciones reales de lo que comparten en internet.

No se trata de alarmismo. Se trata de responsabilidad.

De nativos digitales a “huérfanos digitales”

Uno de los conceptos más potentes que introduce es el de los “huérfanos digitales”.

Durante años se ha repetido que los menores son “nativos digitales”. Pero Mairata matiza esa idea:

“Pensamos que porque hayan nacido con la tecnología la dominan. Y no es así. Les damos acceso a todo sin formarles ni acompañarles.”

El resultado es paradójico: jóvenes hiperconectados pero sin cultura de seguridad, sin criterio sobre privacidad, reputación digital o exposición pública.

El problema no es el acceso, sino la ausencia de guía.

2020: el punto de inflexión que nos desbordó

Si hay un año que marca un antes y un después en esta transformación es 2020. La pandemia obligó a digitalizarlo todo de forma acelerada: trabajo, educación, ocio y relaciones familiares.

Pero aquella transformación no fue planificada. Muchas empresas implantaron el llamado “teletrabajo” de forma improvisada, utilizando accesos remotos y, en algunos casos, software gratuito no testado desde el punto de vista de la seguridad. No era un cambio estructural; era una solución de urgencia.

Las familias vivieron el mismo fenómeno: menores con dispositivos propios antes de lo previsto, clases online, exposición constante a pantallas.

La consecuencia, según Mairata, es que seguimos arrastrando esa aceleración sin haber consolidado una educación digital sólida.

Redes sociales, menores y la falsa solución de prohibir

El debate sobre la edad mínima para acceder a redes sociales vuelve periódicamente a la agenda pública. Actualmente, la normativa establece los 14 años como referencia. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

“¿Cuántos niños de 9 o 10 años vemos con móvil y acceso total sin supervisión?”

Para Mairata, la solución no puede limitarse a la prohibición legislativa.

“No podemos delegar la educación de nuestros hijos en las pantallas. Ni su seguridad en otros. La responsabilidad es nuestra.”

La comparación que utiliza es sencilla y contundente: está prohibido cruzar con el semáforo en rojo, pero si los padres lo hacen delante de sus hijos, el mensaje normativo pierde valor. La coherencia es la base.

Sobreexposición digital e inteligencia artificial: un riesgo real

Uno de los aspectos más delicados que aborda es la sobreexposición en redes sociales, especialmente en lo relativo a menores.

Subir una fotografía puede parecer inocente. Pero el avance de la inteligencia artificial ha multiplicado los riesgos. Existen ya casos documentados de manipulación de imágenes de menores para generar contenido vejatorio que después circula en entornos escolares. Basta con un rostro.

A esto se suma la dimensión reputacional. Internet no olvida. Una publicación impulsiva puede condicionar una futura entrevista de trabajo. Las empresas analizan perfiles digitales antes de contratar.

“Si nosotros, como adultos, no gestionamos bien nuestra propia exposición, ¿qué ejemplo estamos dando?”

Las redes sociales pueden ser una herramienta profesional extraordinaria si se utilizan estratégicamente. Pero sin criterio, se convierten en un archivo permanente de imprudencias.

El papel de los abuelos y la brecha intergeneracional

La transformación digital no solo afecta a menores. Los mayores —especialmente los abuelos que forman parte activa del cuidado familiar— viven muchas veces al otro lado de una brecha tecnológica que genera inseguridad.

La pandemia aceleró su digitalización, pero no su formación estructurada.

Mairata propone un enfoque integrador: que los nietos ayuden a formar a los abuelos, que el aprendizaje sea bidireccional y que la familia funcione como ecosistema educativo.

La tecnología no es el enemigo. El desconocimiento, sí.

Educación frente a miedo

El mensaje central del libro no es prohibir ni alarmar. Es educar.

Perder el miedo a la ciberseguridad y entender que forma parte de la vida cotidiana. Igual que enseñamos normas de convivencia o educación vial, debemos enseñar normas digitales.

La tecnología tiene ventajas extraordinarias. Pero mal utilizada puede generar acoso, pérdida de privacidad, daños reputacionales y vulnerabilidades familiares.

“Tenemos que ser el faro que les guíe. No podemos decirles una cosa y hacer la contraria.”

Un libro con propósito: cuidar de quienes nos cuidan

La dimensión solidaria refuerza el proyecto. Todos los derechos de autor han sido donados a la Asociación Pro Huérfanos de la Guardia Civil.

“El objetivo es cuidar de los que nos cuidan”, resume Mairata.

En un momento en el que la sociedad debate sobre redes sociales, inteligencia artificial y protección de menores, la propuesta del presidente del Grupo Armora y PETEC sitúa el foco donde pocas veces se coloca: el hogar.

Porque la ciberseguridad no empieza en el servidor de una empresa. Empieza en la mesa del comedor.