Cuando Cayetano Carbajo entró en Telefónica en 1995, el 2G comenzaba a desplegarse en España y el teléfono móvil seguía siendo un dispositivo reservado para una minoría. Tres décadas después, el sector se prepara para una nueva transición tecnológica que promete transformar de nuevo la forma en que las personas, las empresas y las máquinas se conectan entre sí.
Pocos profesionales pueden observar esa evolución con una perspectiva tan privilegiada. Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid, Carbajo ha desarrollado toda su carrera en el Grupo Telefónica, ocupando responsabilidades técnicas y ejecutivas en España, Marruecos, México y Alemania. Participó en la expansión internacional de la compañía, lideró la primera migración mundial de una red CDMA a GSM en Telefónica Móviles México, fue director de Tecnología de Telefónica S.A., encabezó la integración de las redes de O2 y E-Plus en Alemania y actualmente dirige áreas estratégicas relacionadas con el core de red, transporte, seguridad y estandarización.
Reconocido como Ingeniero del Año por el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación en 2015, forma parte además de los equipos que trabajan en la evolución tecnológica que desembocará en el futuro 6G.
Mientras organismos internacionales, fabricantes, operadores y centros de investigación comienzan a definir los requisitos de la próxima generación móvil, Carbajo introduce una reflexión que atraviesa toda esta conversación: la tecnología ya no puede justificarse únicamente por sus prestaciones técnicas. La gran pregunta es si será capaz de aportar valor real a la sociedad.
Lo importante no es que los ingenieros pensemos que estamos ante una revolución tecnológica”, afirma. “Lo importante es que los usuarios perciban que esa revolución mejora realmente sus vidas.
"Europa lideraba claramente el 2G; con el 3G empezó la debacle"
Usted ha vivido toda la evolución de las redes móviles desde el 2G. Antes de hablar del 6G, ¿qué diagnóstico hace del momento que atraviesa Europa en el ámbito de las telecomunicaciones?
El caso de las generaciones móviles ha sido un triste devenir para la industria europea. Europa estaba claramente a la cabeza del mundo con el 2G. Fue el sistema digital más ampliamente utilizado y acabó extendiéndose al resto del planeta.
Sin embargo, con el 3G empezó una cierta debacle. Probablemente influyeron mucho los precios absolutamente desproporcionados que alcanzaron las licencias de espectro, que dañaron la rentabilidad de los operadores y de toda la industria.
A partir de ahí, Europa fue perdiendo protagonismo. En 4G perdimos posición y en 5G todavía más. Hoy países como China, Corea del Sur o Japón están claramente por delante de nosotros tanto en despliegues como en adopción de 5G Standalone.
¿Por qué se ha producido esa pérdida de liderazgo?
Hay varios factores, pero uno de los más importantes es la falta de escala. La industria europea de telecomunicaciones está muy fragmentada. Tenemos muchos operadores compitiendo en numerosos mercados nacionales y eso genera una presión enorme sobre los precios.
La consecuencia es evidente: cuando los márgenes se reducen, la capacidad para invertir en innovación también se reduce. Las inversiones tecnológicas son mucho más sostenibles cuando se realizan sobre una base de clientes mayor. Por eso creo que Europa necesita ganar escala, racionalizar determinados mercados y facilitar que los operadores puedan seguir invirtiendo.
¿Sería suficiente una regulación más exigente que acelerara los despliegues del 6G?
No necesariamente. Podemos obligar a desplegar una tecnología, pero si no existe un retorno razonable de la inversión, estaremos comprometiendo la sostenibilidad de toda la industria.
La cuestión no es desplegar más rápido, sino crear las condiciones adecuadas para que la inversión tenga sentido.
Cada generación móvil respondió a una necesidad; el 6G deberá demostrar cuál es la suya
Ha participado en todas las generaciones móviles desde el lanzamiento del 2G. ¿Qué lecciones extrae de esa evolución?
Entré en Telefónica precisamente cuando se estaba lanzando el 2G y eso me ha permitido vivir todas las generaciones. Cada una respondió a una necesidad muy concreta.
El 2G aportó capacidad, seguridad y fiabilidad frente a las redes analógicas. El 3G introdujo los datos móviles. El 4G hizo posible la explosión de Internet móvil tal y como la conocemos hoy.
El 5G nació con una ambición diferente: no solo aumentar la capacidad, sino habilitar nuevos casos de uso, especialmente en el ámbito empresarial.
La principal enseñanza es que una generación tecnológica solo tiene éxito cuando responde a una necesidad real del mercado.
¿Ha ocurrido eso con el 5G?
El 5G ha supuesto mejoras evidentes en rendimiento y capacidad. Eso es indiscutible.
Sin embargo, si analizamos la adopción de determinadas capacidades del 5G Standalone, todavía estamos esperando que aparezca un ecosistema completo de servicios que aproveche plenamente todas esas funcionalidades.
No existen todavía demasiados servicios que requieran latencias extremadamente bajas, ni grandes despliegues masivos de determinados casos de uso industriales o de Internet de las Cosas que justificaban algunas de las capacidades diseñadas para esta tecnología.
¿Ha existido cierta desconexión entre la tecnología y el mercado?
Lo que creo es que la industria ha aprendido una lección importante. Durante años hemos vivido una dinámica competitiva donde muchas veces parecía más importante ser el primero en poner un nuevo logo en el teléfono móvil que demostrar para qué servía realmente esa tecnología. Espero que hayamos aprendido que esa no puede ser la lógica que guíe el despliegue del 6G.
La tecnología debe desplegarse cuando aporta algo realmente diferencial al usuario.
Las velocidades pico son excelentes para el marketing, pero no siempre para el usuario
Uno de los mensajes más repetidos cuando se habla del 6G son las velocidades del orden de terabits por segundo. ¿Es realmente ahí donde está la revolución?
No necesariamente. Las velocidades pico son muy llamativas desde el punto de vista comercial y de marketing, pero no siempre son las que más valor aportan al usuario. Lo verdaderamente importante es la experiencia media que recibe el cliente.
Es mucho más relevante incrementar la velocidad disponible de forma consistente para todos los usuarios, incluyendo aquellos que están en los bordes de cobertura de una célula, que alcanzar picos espectaculares que luego tienen una aplicación práctica limitada.
También se habla mucho de cobertura global mediante satélites.
La integración satelital será una evolución muy interesante. Permitirá ofrecer cobertura en lugares donde no resulta económicamente viable desplegar redes terrestres tradicionales. En mercados con grandes extensiones geográficas, como Brasil, puede aportar mucho valor.
Ahora bien, conviene ser realistas. Las redes satelitales serán complementarias. No van a sustituir a las redes terrestres porque su rendimiento seguirá siendo diferente.
"El verdadero examen del 6G será demostrar que sirve para algo que hoy no puede hacerse"
Si tuviera que definir una única condición para considerar que el 6G ha sido un éxito, ¿cuál sería?
Lo tengo muy claro. El número de servicios diferenciales que sea capaz de generar. Y cuando hablo de servicios diferenciales me refiero a servicios que puedan prestarse gracias al 6G y que no puedan prestarse sobre redes 5G.
Ese debería ser el verdadero KPI del éxito. Porque significaría que la nueva generación aporta algo que no existía antes.
Creo que toda la industria debería tener muy presente esa idea durante el proceso de estandarización que estamos desarrollando ahora.
"La gran transformación vendrá de la inteligencia artificial integrada en la red"
Muchas de las expectativas asociadas al 6G están relacionadas con la inteligencia artificial. ¿Hasta qué punto puede cambiar el papel tradicional de un operador?
Mucho. Creo que el cambio más importante no vendrá del aumento de velocidad, sino de la integración de inteligencia artificial y capacidad de computación dentro de la propia red.
Durante décadas los operadores hemos sido fundamentalmente proveedores de conectividad.
En el futuro podríamos convertirnos también en proveedores de capacidad computacional distribuida.
¿Qué implicaciones tendría eso?
Si somos capaces de integrar computación en nodos Edge y conectar de forma eficiente los dispositivos de los usuarios, los centros de datos y la propia red, podremos ofrecer nuevos servicios que hoy no existen.
Podremos optimizar simultáneamente el rendimiento de la conectividad y el rendimiento de los modelos de inteligencia artificial. Eso abre oportunidades completamente nuevas.
Las redes del futuro tendrán que convertirse en plataformas de confianza
Además de la inteligencia artificial, ¿qué otros ámbitos considera especialmente relevantes?
Hay uno que me parece fundamental: la confianza digital.
La red puede desempeñar un papel muy importante verificando identidades, asegurando comunicaciones y garantizando que personas, dispositivos o agentes inteligentes son realmente quienes dicen ser. Ese concepto de confianza va mucho más allá de la ciberseguridad. Incluye privacidad, fiabilidad, autenticación y protección de la información.
Las redes del futuro pueden convertirse en una especie de infraestructura de confianza para la economía digital. Esta visión encaja con la estrategia de Telefónica y nuestro propósito de convertirnos en la vía de acceso de las personas, las empresas y las administraciones públicas a las tecnologías digitales.
La soberanía tecnológica no puede convertirse en autarquía
El debate sobre Huawei y los proveedores considerados de alto riesgo ha marcado buena parte de la agenda tecnológica europea durante los últimos años. ¿Cómo ve esta cuestión?
Creo que aquí conviene separar dos debates.
Por un lado está la soberanía tecnológica europea. Por otro, las decisiones regulatorias relacionadas con determinados proveedores. Europa tiene dependencias importantes en muchos ámbitos tecnológicos: cloud, semiconductores, servidores, equipamiento IP y otros muchos sectores. Reducir algunas de esas dependencias es razonable. Pero la soberanía tecnológica no puede confundirse con la autarquía.
Lo importante es disponer de capacidades propias, diversificar riesgos y evitar dependencias excesivas, no aislarse tecnológicamente del resto del mundo.
¿Cómo deberían abordarse las futuras regulaciones?
Escuchando a la industria. Los operadores cumpliremos cualquier regulación que finalmente se apruebe. Eso no está en cuestión.
Pero sería deseable que esas decisiones se construyeran teniendo en cuenta las implicaciones técnicas, económicas y operativas que tienen para quienes gestionamos las redes.
La colaboración público-privada debe acelerar el paso de la innovación al mercado
¿Qué papel jugarán sectores como la sanidad, la industria o las infraestructuras críticas?
Ya lo están jugando. Muchas veces hablamos del 6G como si todo empezara con él, pero la realidad es que ya existen proyectos muy relevantes utilizando capacidades avanzadas de las redes actuales.
Estamos trabajando con redes privadas industriales, con servicios de comunicaciones críticas, con sistemas para emergencias y con numerosos proyectos empresariales. El 6G ampliará esas posibilidades, pero la transformación ya ha comenzado.
¿Dónde cree que existe más margen de mejora?
En acelerar la transferencia entre innovación y despliegue real. Europa desarrolla mucha innovación, pero a veces tarda demasiado tiempo en llegar a las redes comerciales.
También debemos reforzar la presencia europea en los organismos internacionales de estandarización. En telecomunicaciones, la innovación y la estandarización están profundamente conectadas.
El mejor consejo para un ingeniero es prepararse para aprender toda la vida
Usted fue reconocido como Ingeniero del Año en 2015. ¿Qué les diría a los estudiantes que hoy comienzan una carrera de telecomunicaciones?
Lo primero que diría es que no comparto la idea de que la profesión haya perdido atractivo.
Seguimos teniendo dificultades para incorporar ingenieros porque la demanda continúa siendo muy alta.
España cuenta con magníficas escuelas de telecomunicación que siguen formando profesionales extraordinarios.
¿Cuál es la competencia más importante para afrontar el futuro?
La capacidad de aprender constantemente. La historia reciente de nuestro sector está llena de cambios que prácticamente nadie anticipó.
La irrupción del iPhone cambió la industria. Más recientemente, la explosión de la inteligencia artificial ha transformado completamente el panorama tecnológico. Hace apenas unos años muy pocos imaginaban la velocidad con la que iba a evolucionar todo esto.
Por eso el mejor consejo que puedo dar a cualquier ingeniero es que nunca deje de aprender. Esta profesión exige una actualización permanente. Pero precisamente ahí reside también gran parte de su atractivo.
Lo importante es que los usuarios perciban que la tecnología mejora realmente sus vidas
Después de haber vivido todas las generaciones móviles desde el 2G hasta hoy, ¿qué reflexión le deja este momento de transición hacia el 6G?
Los ingenieros tendemos a pensar que siempre estamos viviendo el momento más apasionante de la evolución tecnológica. Seguramente también pensábamos eso cuando llegó el 4G o cuando apareció el 5G.
Ahora vivimos un momento especialmente interesante por la convergencia entre inteligencia artificial, nuevas capacidades de red y futuros servicios digitales. Pero hay algo que no debemos olvidar.
Lo importante no es que los ingenieros pensemos que estamos ante una revolución tecnológica. Lo verdaderamente importante es que los usuarios perciban que esa revolución mejora realmente sus vidas. Si conseguimos eso, entonces el 6G habrá merecido la pena.