Vidrala compra Cristalerías Toro y apuesta por el liderazgo mundial del vino chileno

Vidrala adquiere Cristalerías Toro por 77 millones y consolida su presencia en Chile, gran exportador mundial de vino, en un clima político de creciente confianza.

Sede de Vidrala
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La multinacional española Vidrala, uno de los principales fabricantes europeos de envases de vidrio, ha anunciado la adquisición del 100 % de la compañía chilena Cristalerías Toro, valorada en unos 77 millones de euros, según la información remitida a la CNMV. La operación incluye deuda financiera y contempla un pago diferido que se completará tras un proceso de ajuste y reorganización interna previsto para comienzos de 2026.

La planta chilena —ubicada en el área metropolitana de Santiago— cuenta con una capacidad productiva cercana a las 145.000 toneladas anuales y prevé cerrar el ejercicio 2025 con unas ventas equivalentes a 70 millones de euros y un Ebitda ajustado de unos 12 millones. La compañía, de origen familiar, es un actor consolidado en la fabricación de envases para vinos, bebidas alcohólicas, refrescos y alimentos.

Para Vidrala, no se trata de una compra aislada, sino de una pieza clave en una estrategia industrial más amplia: acercarse a los mercados donde el consumo crece, donde la industria agroalimentaria se expande y donde la proximidad al cliente es una ventaja competitiva esencial.

Chile, un socio natural

La adquisición se apoya en una realidad incontestable: Chile es uno de los mayores exportadores mundiales de vino. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el país se sitúa entre los cuatro primeros del mundo en volumen exportado, con un sector altamente competitivo, innovador y orientado a los mercados internacionales.

Sus principales destinos —Reino Unido, Estados Unidos, China, Japón y Brasil— exigen estándares de calidad, sostenibilidad y presentación que dependen en buena medida del envase. En ese contexto, contar con un proveedor de nivel internacional como Vidrala, con décadas de experiencia en los mercados europeo y británico, supone reforzar la cadena de valor del vino chileno en un momento en el que la competencia global es cada vez más sofisticada.

La presencia local de Vidrala permitirá garantizar mayor estabilidad en el suministro de botellas, reducir costes logísticos, impulsar soluciones de vidrio bajo impacto ambiental, y mejorar la adaptación a los requisitos regulatorios europeos.

Un factor decisivo si se tiene en cuenta la presión que están introduciendo las normativas ambientales en Europa y el creciente interés de los consumidores por envases reciclables y de bajo impacto.

Una inversión que no tensiona el balance de Vidrala

La operación se produce con Vidrala en una posición financiera cómoda: la compañía mantiene una deuda neta inferior a 0,5 veces su Ebitda, incluso después de consolidar esta compra. Es un dato relevante en un sector intensivo en capital, donde la capacidad de financiar inversiones a largo plazo marca diferencias frente a competidores más endeudados.

El múltiplo pagado —algo más de seis veces el Ebitda ajustado— es coherente con operaciones recientes del sector y refleja tanto el potencial del mercado chileno como la solidez de una empresa que ya venía trabajando con asistencia tecnológica de Vidrala.

Latinoamérica, el segundo gran pilar de crecimiento del grupo

Con esta compra, Vidrala afianza el camino iniciado con la adquisición de la brasileña Vidroporto, que marcó su desembarco en Latinoamérica con dos plantas de referencia en Brasil. El grupo español está configurando un auténtico eje industrial iberoamericano, apoyado en mercados de alto consumo, crecimiento poblacional y fuerte presencia de bebidas y alimentos.

Frente a un continente europeo maduro y con consumos estabilizados, Latinoamérica se ha convertido en un espacio natural para la expansión del vidrio ya que los costes logísticos exigen fabricar cerca del cliente, la demanda interna crece por encima de la media europea, y las oportunidades de exportación —especialmente en el caso de Chile— se multiplican.

Un clima político más estable que impulsa la inversión

La apuesta de Vidrala también debe leerse en clave política. Chile ha recuperado en los últimos meses una percepción de estabilidad institucional que los mercados internacionales interpretan como una señal positiva para las inversiones de largo plazo.

El nuevo ciclo económico, sumado a las reformas orientadas a modernizar la tramitación de inversiones y a reforzar el clima empresarial, están devolviendo a Chile un atractivo que había quedado temporalmente erosionado por la incertidumbre constitucional.

La compra de Vidrala funciona así como un indicador adelantado: si un actor industrial europeo, intensivo en capital, decide ampliar operaciones en el país, es porque considera que el horizonte regulatorio y económico es confiable.

Una lectura estratégica para España, Madrid y el eje hispanoamericano

El movimiento también tiene implicaciones macroeconómicas:

España consolida su papel como inversor industrial en el Cono Sur

La operación refuerza la presencia española en sectores industriales de largo recorrido, más allá de la banca, la energía o las telecomunicaciones.

Madrid se afianza como puente económico con Latinoamérica

Buena parte de las estructuras financieras, legales y de servicios que acompañan estas operaciones se articulan desde la capital española, reforzando su posición como hub transatlántico.

Chile y España profundizan en un modelo de cooperación industrial

La presencia de Vidrala contribuye a estrechar la relación en sectores estratégicos como la agroalimentación, la logística y la economía circular.

Una operación que mira al futuro

La adquisición de Cristalerías Toro es más que una operación corporativa: es una apuesta industrial sobre la evolución del consumo global, la sostenibilidad y el potencial agroexportador de Chile. Vidrala se posiciona en un país que combina estabilidad, vocación internacional y un sector vitivinícola con proyección global.

Para Chile, supone reforzar su papel como potencia exportadora de vino con el respaldo tecnológico y operativo de un actor europeo líder. Para Vidrala, representa consolidar un segundo gran pilar de crecimiento en Latinoamérica. Para ambos, es una señal de confianza en un momento en que las cadenas globales de valor buscan socios estables, sostenibles y eficientes.