El envejecimiento de la población española influye de forma directa en el consumo, la distribución de los recursos y el peso económico de los hogares. Así lo concluye el informe Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género, presentado por Fundación Mapfre y Fundación de Estudios de Economía Aplicada, que cuantifica por primera vez cuánto ingresa, consume, aporta y recibe del Estado cada persona en función de su edad y género.
El estudio, promovido por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre y FEDEA, analiza la distribución de los recursos económicos a lo largo del ciclo vital y ofrece una radiografía detallada del impacto económico de la longevidad en España.
España afronta un profundo cambio demográfico marcado por el aumento de la esperanza de vida y la caída de la natalidad. En este contexto, el informe identifica tres grandes segmentos: jóvenes con alta dependencia económica; adultos de 30 a 54 años como principal motor productivo y fiscal; y mayores de 55 años, el grupo con mayor ahorro medio.
Radiografía de los recursos
Los recursos totales de los hogares españoles ascendieron a 1,53 billones de euros, equivalentes al 111% del PIB. De media, cada persona gestionó 32.391 euros anuales procedentes del trabajo, el capital, las prestaciones públicas y los servicios públicos.
Casi dos tercios de estos recursos proceden de rentas del trabajo (959.001 millones), mientras que algo más de un tercio corresponde a prestaciones públicas. Del total, el 44% se destina al consumo privado, el 23% al consumo público (principalmente sanidad y educación), el 26% al pago de impuestos y cotizaciones y el 7% se convierte en ahorro.
Quién financia y quién recibe
Durante la infancia y juventud (hasta los 29 años), los ingresos laborales son reducidos y el consumo se financia mayoritariamente mediante transferencias familiares y gasto público. Este grupo concentra el 21,6% de los recursos totales (330.983 millones), reflejando una etapa de dependencia económica.
Entre los 30 y 54 años se concentra la mayor capacidad de generación de ingresos. Este tramo moviliza 606.852 millones de euros, aporta más de la mitad de los impuestos y cotizaciones y actúa como principal contribuyente neto del sistema, financiando buena parte del gasto destinado a jóvenes y mayores.
A partir de los 55 años, el patrón cambia. Este grupo —16,1 millones de personas, el 34% de la población— concentra 592.719 millones de euros en recursos y genera el 32,8% del PIB. Recibe 183.070 millones en prestaciones monetarias (principalmente pensiones) y aporta 138.173 millones en impuestos y cotizaciones, el 34,5% del total. Además, acumula el 68% del ahorro de los hogares (73.578 millones), consolidándose como un actor económico clave.
La familia como red de redistribución
Más allá del sector público, el estudio cifra en 130.000 millones de euros anuales las transferencias internas dentro de los hogares. De esta cantidad, 103.000 millones proceden del grupo de 30 a 54 años y cerca de 27.000 millones del colectivo de 55 o más. Estos flujos, dirigidos principalmente a financiar el consumo de niños y jóvenes, refuerzan el papel de la familia como pilar complementario del Estado del bienestar.
Brecha de género
El análisis detecta diferencias significativas por género. Los hombres concentran mayores rentas del trabajo (462.461 millones frente a 326.686 millones en mujeres) y mayores niveles de ahorro (73.277 millones frente a 34.897 millones). Las distintas trayectorias laborales y el acceso desigual a pensiones influyen en la autonomía económica en edades avanzadas.
El consumo en la última etapa de la vida
El consumo por persona se mantiene estable hasta los 50 años y aumenta después. El consumo privado medio anual es de 12.088 euros por persona, cifra que asciende a 13.511 euros en mayores de 55 años. El gasto sanitario y el peso de la vivienda explican parte de este incremento.
En conjunto, la generación sénior no solo recibe prestaciones, sino que actúa como ahorradora, consumidora activa y sostén financiero de redes familiares. Según destacó Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, comprender su comportamiento económico es clave para diseñar políticas públicas y estrategias empresariales adaptadas a la nueva realidad demográfica.
Por su parte, Ángel de la Fuente, director ejecutivo de FEDEA, subrayó que el análisis permite observar con mayor precisión los flujos redistributivos a lo largo del ciclo vital, ofreciendo una imagen más completa de cómo se generan y utilizan los recursos en España.