El escritor y columnista Juan Soto Ivars protagonizó una de las intervenciones más comentadas del Madrid Economic Forum, celebrado en el Palacio Vistalegre de Madrid, donde ofreció una reflexión crítica sobre la evolución del discurso público en torno al feminismo, la violencia de género y el papel del Estado en la regulación de las relaciones entre hombres y mujeres.
Ante un auditorio que llenaba el recinto y que respondió con frecuentes aplausos, el autor planteó un análisis sobre cómo, en su opinión, el debate sobre la igualdad y la violencia machista ha derivado en una creciente tensión entre la experiencia cotidiana de los ciudadanos y el relato institucional que domina el espacio público.
“En los últimos años se ha establecido una gran tensión entre lo que uno experimenta y lo que se supone que uno está experimentando”, afirmó al inicio de su intervención.
De la conciencia social al debate político
Soto Ivars situó parte del origen del debate actual en el cambio de paradigma social que vivió España a finales de los años noventa y principios de los 2000, cuando casos como el asesinato de Ana Orantes, tras denunciar décadas de maltrato en televisión, provocaron una conmoción nacional.
A partir de entonces, explicó, la sociedad española tomó conciencia de que la violencia dentro del hogar no podía seguir considerándose un asunto privado.
“España tomó conciencia de que dentro de algunas casas estaba pasando algo absolutamente intolerable”, recordó.
La respuesta política a ese cambio de conciencia social fue la aprobación en 2004 de la Ley Integral de Violencia de Género, impulsada durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con el objetivo de combatir la violencia contra las mujeres en el ámbito de la pareja.
El escritor reconoció que aquella reacción respondía a una necesidad social real.
“Había situaciones en las que un pequeño tirano doméstico tenía sometida a una mujer durante años sin posibilidad de escapar”, señaló.
Sin embargo, defendió que el desarrollo posterior de ese marco legal ha generado también efectos secundarios que, a su juicio, no han sido abordados con suficiente transparencia.
El debate sobre las denuncias falsas
Uno de los puntos centrales de su intervención fue el debate en torno a las denuncias falsas en violencia de género, una cuestión que considera insuficientemente discutida en el espacio público.
El columnista cuestionó las estadísticas oficiales que sitúan el porcentaje de denuncias falsas en niveles mínimos y criticó lo que describió como una narrativa institucional que evita abordar posibles abusos del sistema.
“Durante años se ha repetido que las denuncias falsas no existen o que son un 0,001%. Pero en los juzgados, abogados, jueces y policías hablan de otra realidad”, sostuvo.
Según explicó, su interés por este tema surgió tras conversar con profesionales del ámbito judicial y con personas que aseguran haber sufrido procesos derivados de denuncias instrumentales.
El escritor defendió que reconocer la existencia de estos casos no implica negar la gravedad de la violencia machista ni la necesidad de proteger a las víctimas reales.
“¿Por qué parece que hay que elegir entre proteger a las víctimas reales y reconocer que también puede haber abusos del sistema?”, planteó.
Una brecha generacional en el debate sobre igualdad
Otro de los aspectos que abordó Soto Ivars fue la creciente brecha generacional en torno al feminismo, un fenómeno reflejado en distintas encuestas recientes.
Durante su intervención mencionó datos que apuntan a que una parte significativa de los jóvenes afirma rechazar el feminismo contemporáneo, aunque al mismo tiempo se declara claramente favorable a la igualdad entre hombres y mujeres.
Para el escritor, esta aparente contradicción refleja un malestar con determinados discursos ideológicos más que con el principio de igualdad.
“Los jóvenes pueden rechazar el feminismo y estar a favor de la igualdad. No hay contradicción en eso”, afirmó.
A su juicio, el problema de fondo es la creciente desconfianza que se está generando entre chicos y chicas, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
“Las chicas temen sufrir agresiones o abusos y muchos chicos temen que un error pueda arruinarles la vida”, explicó.
Este clima de sospecha mutua, añadió, está provocando una creciente tensión en las relaciones personales.
Crítica a la polarización entre hombres y mujeres
A lo largo de su intervención, Soto Ivars insistió en que el debate público sobre género se ha convertido en un terreno de confrontación ideológica que dificulta abordar los problemas reales.
En su opinión, durante los últimos años se ha producido una “polarización sexual” que ha deteriorado la convivencia entre hombres y mujeres.
“Las relaciones entre hombres y mujeres nunca han sido más conflictivas que ahora”, afirmó.
El escritor defendió que esa tensión no puede resolverse mediante una dinámica de confrontación o revancha entre sexos.
“Hay dos caminos: dejar que el péndulo siga y que ahora llegue la venganza, o intentar reconstruir la confianza entre hombres y mujeres”, señaló.
Una llamada a recuperar la convivencia
En la parte final de su intervención, Soto Ivars apeló a recuperar una mirada más cercana a las relaciones humanas cotidianas frente a lo que considera discursos políticos que alimentan el enfrentamiento.
“Los hombres y las mujeres llevamos miles de años viviendo juntos. No es un conflicto nuevo ni se va a resolver desde la radio o desde un ministerio”, afirmó.
El escritor concluyó su intervención defendiendo la necesidad de abordar el debate con mayor libertad intelectual y menos miedo a cuestionar determinadas narrativas dominantes.
“No pasa nada por decir la verdad”, concluyó.
Su discurso fue recibido con aplausos por parte del público del Madrid Economic Forum, un foro que reúne en Madrid a analistas, empresarios, académicos y figuras del debate público para reflexionar sobre los retos económicos, sociales y culturales de la sociedad española.
La intervención de Soto Ivars refleja, en cualquier caso, una de las discusiones más presentes en el debate público actual: cómo abordar la lucha contra la violencia machista sin renunciar a un debate plural sobre las políticas de igualdad y sus efectos en la sociedad.