Mercado laboral

Un estudio concluye que la reforma laboral redujo la temporalidad juvenil, pero apenas mejoró la estabilidad del empleo

La reforma laboral aprobada a finales de 2021 ha logrado uno de sus principales objetivos: reducir de forma drástica el uso de contratos temporales entre los jóvenes que acceden por primera vez al mercado de trabajo. Sin embargo, un estudio elaborado por investigadores de FEDEA y varias universidades españolas concluye que el aumento de los contratos indefinidos no se ha traducido con la misma intensidad en una mejora de la estabilidad laboral ni de los ingresos de los nuevos trabajadores.

Economía global Freepik
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La investigación analiza más de 177.000 jóvenes menores de 30 años que se incorporaron al mercado laboral entre 2014 y 2023 utilizando registros administrativos de la Seguridad Social. Los autores destacan que la reforma de 2021 introdujo restricciones sin precedentes al uso de contratos temporales, limitando significativamente las posibilidades de contratación eventual por parte de las empresas.

Como consecuencia, la proporción de jóvenes que iniciaron su carrera profesional con un contrato indefinido aumentó de forma notable. El estudio estima que la reforma elevó en más de seis puntos porcentuales la probabilidad de acceder a un contrato indefinido en aquellas provincias donde antes de la reforma existía un uso especialmente intensivo de la temporalidad.

Según los investigadores, este cambio permitió cerrar gran parte de las diferencias territoriales que existían en el acceso a empleos estables antes de la entrada en vigor de la nueva normativa.

Mejora moderada en la duración del empleo y los salarios

Pese al avance en la contratación indefinida, los efectos sobre otros indicadores laborales fueron mucho más limitados. El estudio detecta un aumento de la duración de los primeros empleos y una mejora de los ingresos acumulados durante el primer año de trabajo, pero la magnitud de estos cambios resulta considerablemente menor que la observada en la transformación de los contratos.

En concreto, la duración media de los primeros empleos aumentó ligeramente y también se incrementó la probabilidad de mantener un puesto de trabajo durante más de seis meses. Asimismo, los ingresos de los jóvenes mejoraron gracias a un mayor número de días trabajados, aunque no se observaron incrementos significativos en los salarios diarios.

Los autores señalan que estas mejoras, aunque positivas, solo reducen parcialmente las diferencias existentes antes de la reforma entre las provincias con mayores y menores niveles de temporalidad.

Los contratos indefinidos son ahora más cortos

Una de las principales conclusiones del informe es que los nuevos contratos indefinidos tienen una duración menor que antes de la reforma. El trabajo detecta una caída aproximada de cien días en la duración media de estos contratos respecto a los niveles previos.

Los investigadores explican que este fenómeno puede considerarse una consecuencia lógica de la nueva regulación. Al limitar el uso de contratos temporales, muchas actividades que anteriormente se cubrían con contratación eventual pasan ahora a formalizarse mediante contratos indefinidos, aunque continúen siendo empleos con una estabilidad reducida.

Además, la reforma amplió el uso de figuras como el contrato fijo discontinuo, diseñado para actividades de carácter intermitente, lo que también contribuye a modificar la duración media de los contratos permanentes.

Un cambio profundo en la contratación, pero con retos pendientes

El estudio concluye que la reforma laboral ha supuesto una transformación profunda de los patrones de contratación de los jóvenes españoles y ha logrado reducir de forma efectiva la dualidad entre empleo temporal e indefinido.

No obstante, los autores advierten de que la reducción de la temporalidad no garantiza por sí sola una mejora equivalente en la estabilidad real del empleo. Aunque los jóvenes acceden ahora con mayor frecuencia a contratos indefinidos, la duración efectiva de muchos de estos empleos sigue siendo limitada.

Por ello, consideran necesario seguir evaluando los efectos de la reforma a medio y largo plazo para comprobar si los cambios observados terminan consolidándose en trayectorias laborales más estables y en una mejora sostenida de las oportunidades profesionales de las nuevas generaciones.