Existen palabras que parecen llevar en el bolsillo una historia más corta de lo que aparentan y “guita” es una de ellas. Se trata de un término utilizado en el habla castiza madrileña para referirse al dinero, presente en expresiones como “tener guita”, “pedir guita”, “faltar guita” o “sacar la guita”. Ahora bien, antes de acabar representando monedas y billetes, esta palabra nombraba algo mucho más humilde y material: una cuerda.
La voz “guita” en los diccionarios
Según Joan Corominas (Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana), la palabra “guita”, atestiguada ya en 1527, remite en su significado originario a una cuerda delgada de cáñamo. Antes de servir para hablar de lo que uno tiene —o no tiene— en el bolsillo, la guita era, literalmente, algo que se ataba, se enrollaba o se usaba para sujetar, a modo de bramante.
Ese es el significado que han recogido como primera acepción la mayor parte de los diccionarios de español. Ahora bien, a finales del XIX es cuando aparece por primera vez testimoniado lexicográficamente el significado que a día de hoy nos resulta más familiar. Elías Zerolo recogió en su Diccionario enciclopédico de la lengua castellana (1895) la acepción de ‘dinero’ para la voz “guita”, atribuyéndole al término un origen árabe, haita (‘cordel’), la misma etimología que aparecía en la edición de 1884 del diccionario de la Real Academia Española, aunque más tarde, en la edición de 1914, la RAE se corrigió y se atribuyó al latín vitta (‘faja, cinta’). El origen incierto hizo que, más tarde, en la edición de 1970, el diccionario académico llegara incluso a distinguir dos palabras diferentes: una “guita” procedente de vitta, con el significado de ‘cuerda’, y otra “guita” que provenía del término dita (de origen discutido) que significa ‘dinero contante y caudal’.
Ahora bien, ¿cómo pasó una cuerda a convertirse en dinero? Aunque no está documentada, la explicación podría encontrarse en la cuerda que se utilizaba antaño para cerrar la bolsa donde se guardaba el dinero. Así pues, ‘aflojar la guita’ significaría soltar la cuerda para sacar el dinero. Con el tiempo, como tantas veces ocurre en la evolución de las lenguas, el nombre del utensilio que cerraba la bolsa acabó designando lo que la bolsa contenía.
La voz “guita” en la literatura ambientada en Madrid
En el habla madrileña (como en el de Andalucía o en el lunfardo argentino) “guita” encontró terreno fértil donde arraigar, apareciendo con cierta asiduidad en los diálogos de las obras literarias ambientadas en Madrid. Uno de los primeros testimonios del término aparece en la obra La familia de León Roch (1878) de Benito Pérez Galdós, cuando Federico le dice a León: “Es temprano, León, sube a tu cuarto y trae guita”. También la utilizaron los personajes de Jacinto Octavio Picón, por ejemplo, en la obra La honrada (1890) cuando pone en boca de uno de sus personajes la frase “Aquí no hay más ofensa que el sacarte la guita”.
Madrid hizo suya la “guita” porque decía mucho con muy poco. Breve, castiza, callejera y directa, pasó de las tabernas y los corrillos al habla cotidiana hasta convertirse en una de esas voces que identifican el Madrid popular. No es el dinero de los banqueros ni el capital de los comerciantes, sino la guita del vecino, del chulapo, del buscavidas. Y así sigue sonando todavía, entre la necesidad, la picaresca, lo habitual y el disfrute. No obstante, aunque es cierto que para disfrutar no está de más tener algo de guita, no siempre es imprescindible.