El reciente accidente ferroviario en Adamuz, que ha sacudido España y ha obligado a declarar varios días de luto, ha dejado una huella evidente en la apertura de la feria, donde numerosas instituciones y empresas han optado por reducir actos o cancelar presentaciones como muestra de respeto a las víctimas y sus familias. Es el caso, por ejemplo, de los puestos de Renfe, Adif o el Ministerio de Transportes.
La agenda oficial también se ha visto condicionada. La visita de los monarcas coincide con el último día de duelo decretado por el Gobierno, lo que ha introducido cambios en la organización y en el tono general del evento.
Aun así, FITUR mantiene su actividad principal: exhibiciones, reuniones profesionales y la presencia de delegaciones de numerosos países, que han adaptado su participación a las circunstancias.
Además, el hecho de que esté suspendida la conexión de la línea de alta velocidad entre Madrid y Andalucía va a dificultar el traslado de muchos de los profesionales y turistas que tenían previsto acudir a FITUR, a pesar de que Renfe ha programado un plan alternativo de transporte y de que Iberia ha ampliado su oferta y limitado el precio de los billetes a 99 euros por trayecto.
Antes del accidente, la previsión era que fuera de nuevo un año récord, en línea con los máximos históricos en los que se vienen moviendo las estadísticas de los últimos cinco años de llegadas e ingresos del turismo español.
La feria, que sigue siendo un punto de referencia internacional para el sector, afronta esta edición con un perfil más sobrio, pero sin renunciar a su papel como espacio clave para la promoción turística.