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Violeta Mangriñán, en el centro de la polémica por una publicación sobre el Ramadán: críticas, disculpas y debate sobre los límites del humor

La influencer elimina el contenido, pide disculpas y denuncia amenazas tras una publicación considerada ofensiva hacia el Ramadán

Violeta Mangriñán durante los últimos premios Ídolo - Atresmedia
photo_camera Violeta Mangriñán durante los últimos premios Ídolo - Atresmedia

La influencer Violeta Mangriñán vuelve a situarse en el foco mediático tras una fuerte controversia generada por una publicación en TikTok en la que “felicitaba” el Ramadán con la imagen de un plato de jamón acompañado de cervezas, alimentos prohibidos en el islam. El contenido, que se viralizó rápidamente, provocó una ola de críticas en redes sociales, acusaciones de falta de sensibilidad cultural y un intenso debate sobre responsabilidad, humor y exposición pública.

Una publicación que desató la indignación

El gesto fue interpretado por muchos usuarios como una burla hacia la comunidad musulmana, especialmente por coincidir con el inicio del mes sagrado, un periodo de ayuno, reflexión espiritual y abstinencia de alcohol y carne de cerdo.

Las reacciones fueron inmediatas. En X (antes Twitter) y otras plataformas, numerosos usuarios señalaron la falta de respeto hacia las creencias religiosas, mientras otros recordaron el impacto que pueden tener este tipo de contenidos cuando se cuenta con una audiencia de millones de seguidores.

Además, creadores de contenido y perfiles influyentes amplificaron la polémica, lo que contribuyó a que el asunto trascendiera el entorno habitual de la influencer y se convirtiera en tema de debate público.

La respuesta de Violeta Mangriñán

Ante la presión, Mangriñán eliminó la publicación y emitió un comunicado en el que aseguró que “no tiene nada en contra de los musulmanes ni de ninguna religión” y que su intención no era ofender a nadie. También explicó que había pedido disculpas por privado a quienes le escribieron de forma respetuosa.

Horas después, la influencer volvió a pronunciarse a través de stories de Instagram, denunciando que la situación había escalado más allá de la crítica legítima. Según relató, ha recibido amenazas de muerte, ataques a su familia y a sus hijas, así como una oleada de malas reseñas contra su empresa y advertencias sobre posibles actos vandálicos en sus locales, hechos que ya ha puesto en conocimiento de la policía.

Críticas que no cesan y debate sobre responsabilidad

Pese a las disculpas, parte de la conversación en redes ha continuado. Algunos usuarios consideran que el episodio refleja falta de sensibilidad cultural, mientras otros sostienen que las consecuencias forman parte de la responsabilidad asociada a la influencia digital.

También se ha cuestionado la gestión de la crisis, ya que el primer comunicado se publicó únicamente en TikTok y no en Instagram, donde la creadora también cuenta con una gran comunidad.

El caso ha reavivado un debate recurrente sobre los límites del humor en redes sociales, la rapidez con la que se generan campañas de señalamiento y el equilibrio entre crítica, cancelación y acoso.

El apoyo de otros creadores: la postura de Ahorra con Marta

En paralelo, algunos creadores han salido en defensa de la influencer. La divulgadora Ahorra con Marta criticó el tratamiento mediático y la amplificación del caso, señalando que una publicación humorística no debería derivar en amenazas ni en ataques a la familia o al negocio.

Su intervención introduce otro ángulo en la polémica: el cuestionamiento de un posible doble rasero en el humor religioso y la reflexión sobre el clima de confrontación en redes. Para esta creadora, el problema principal no es el contenido en sí, sino el nivel de hostilidad que puede generarse cuando una figura pública es señalada masivamente.

Un nuevo episodio en una trayectoria marcada por la exposición

No es la primera vez que Mangriñán se enfrenta a una controversia, lo que evidencia el nivel de escrutinio constante al que están sometidos los perfiles con gran visibilidad. El episodio vuelve a poner sobre la mesa una realidad del ecosistema digital: cualquier publicación puede convertirse en viral en cuestión de horas y desencadenar consecuencias reputacionales, económicas y personales.

El caso refleja así tres dimensiones del fenómeno: la importancia de la sensibilidad cultural, el impacto de la presión social online y el creciente debate sobre hasta dónde llega la crítica y cuándo se convierte en acoso en la era de las redes sociales.