La sociedad civil alerta en Madrid del riesgo de la desinformación y reclama reforzar el papel de los medios como garantes democráticos

La Plaza I+C presentó en el Círculo de Bellas Artes 12 medidas para combatir los bulos, la polarización y la pérdida de confianza institucional en España

Presentación Desinformación La Plaza del Círculo
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La desinformación ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en un problema estructural que impacta directamente en la calidad democrática. No solo distorsiona la percepción de la realidad, sino que erosiona la confianza en las instituciones, alimenta la polarización política y debilita el papel de los medios de comunicación como contrapeso del poder.

Con este diagnóstico de fondo, el foro de sociedad civil La Plaza I+C presentó este miércoles en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un conjunto de 12 medidas para combatir la desinformación, resultado de varios meses de trabajo entre profesionales de distintos ámbitos.

El acto, celebrado en la sala Valle-Inclán, reunió a periodistas, juristas, académicos y ciudadanos en una sesión abierta que buscó no solo exponer propuestas, sino también abrir el debate sobre uno de los grandes desafíos contemporáneos: la manipulación informativa en la era digital.

Un problema que trasciende los bulos: desinformación, poder y polarización

Uno de los ejes centrales del encuentro fue la constatación de que la desinformación no puede entenderse únicamente como la difusión de noticias falsas en redes sociales. Su alcance es más amplio y complejo.

Durante el debate se puso sobre la mesa cómo la desinformación se ha convertido en una herramienta que, en determinados contextos, también puede ser utilizada desde el ámbito político e institucional, contribuyendo a intensificar la polarización y a deteriorar el debate público.

En este sentido, algunas intervenciones fueron especialmente críticas con el actual Ejecutivo, al que se llegó a señalar como una “fábrica de bulos”, reflejando una percepción creciente en ciertos sectores de la sociedad civil sobre el uso estratégico de la comunicación política.

Más allá de posiciones concretas, el mensaje compartido fue claro: cuando la desinformación se normaliza —venga de donde venga—, el sistema democrático pierde calidad.

Reforzar a los medios sin caer en la censura

Frente a este escenario, una de las principales conclusiones del grupo de trabajo es la necesidad de fortalecer el papel de los medios de comunicación, no de restringirlos.

La jurista Laura Dominici subrayó durante el acto que el objetivo no es aumentar el control sobre los medios, sino garantizar su independencia, transparencia y capacidad para ejercer el escrutinio al poder.

Las propuestas en este ámbito incluyen aplicar y reforzar el Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación (EMFA), impulsar mecanismos de autorregulación y códigos deontológicos efectivos, aumentar la transparencia en la publicidad institucional, evitando dependencias económicas y establecer incentivos fiscales y ayudas para medios que acrediten buenas prácticas frente a la desinformación

Según el documento del grupo de trabajo, el objetivo es construir un ecosistema mediático robusto que refuerce la confianza ciudadana sin cruzar la línea de la intervención política.

Algoritmos, inteligencia artificial y la velocidad de la mentira

Otro de los focos del debate fue el papel de la tecnología en la propagación de la desinformación.

La periodista e investigadora Casandra López resumió el desafío con una idea contundente:

“La mentira se propaga a la velocidad de la máquina, mientras que la verdad va a la velocidad humana”.

En un entorno dominado por algoritmos, redes sociales e inteligencia artificial, los contenidos falsos pueden amplificarse de forma masiva antes de ser verificados.

Ante esta realidad, La Plaza plantea medidas como auditorías algorítmicas independientes, etiquetado obligatorio de contenidos generados con IA, alaboración entre plataformas digitales y verificadores y desarrollo de herramientas de IA para detectar desinformación.

Estas propuestas buscan introducir mecanismos de control sin limitar la libertad de expresión, una línea que los participantes insistieron en no traspasar.

Regulación: aplicar lo existente antes de crear nuevas normas

Lejos de proponer una sobrerregulación, el grupo de trabajo defendió que muchas de las herramientas necesarias ya existen a nivel europeo, pero no se están aplicando plenamente.

Entre ellas destacan la Ley de Servicios Digitales (DSA), el Plan de Acción contra la Desinformación, el reglamento sobre transparencia en la publicidad política y el futuro Escudo Europeo de la Democracia.

La prioridad, según se expuso, debe ser implementar y adaptar estas normativas al contexto nacional, en lugar de generar nuevas capas legislativas que puedan resultar ineficaces o redundantes.

Educación y pensamiento crítico: la clave a largo plazo

Más allá de la regulación y la tecnología, el consenso más amplio del encuentro giró en torno a la educación.

La alfabetización mediática se planteó como una herramienta esencial para combatir la desinformación desde la base.

Entre las medidas propuestas:

  • Introducir en el sistema educativo competencias de pensamiento crítico, verificación de información y uso responsable de redes sociales
  • Impulsar campañas institucionales para alertar sobre los riesgos de la desinformación
  • Fomentar espacios de debate y formación para adultos

La referencia a modelos como el de Finlandia evidenció que este enfoque no es teórico, sino aplicable y efectivo.

El objetivo, en palabras de los participantes, es dotar a la ciudadanía de herramientas para discernir por sí misma, sin depender de filtros externos.

El riesgo de fondo: una democracia más vulnerable

El acto concluyó con una reflexión compartida: la desinformación no es solo un problema informativo, sino un factor que puede debilitar los pilares del sistema democrático.

Cuando los ciudadanos no pueden distinguir entre información veraz y manipulada se deteriora el debate público, se debilita la rendición de cuentas y se facilita la manipulación política.

En ese contexto, el papel de los medios, de las instituciones y de la propia ciudadanía se vuelve decisivo.

La propuesta de La Plaza I+C no pasa por soluciones simplistas, sino por un enfoque integral: más transparencia, más responsabilidad, más educación y menos instrumentalización de la información.

Porque, como quedó patente en el Círculo de Bellas Artes, la lucha contra la desinformación no es solo una cuestión tecnológica o normativa, sino un desafío que afecta directamente a la calidad de la democracia.